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domingo, 10 de mayo de 2009

Todos crecen menos Peter

Todos crecen menos Peter, de Silvia Herreros, es el último premio de ensayo Caja Madrid publicado en Lengua de Trapo que recibimos gracias a la siempre atenta Virginia.
Como indica el subtítulo (La creación del mito de Peter Pan por J.M. Barrie) la obra gira en torno a la formación de la imagen de Peter Pan como mito infantil y literario. Ya había visto yo algún documental sobre el tema, y el libro naturalmente sigue en la misma línea: la crítica que ha rodeado a Barrie le ha considerado muchas veces un mal escritor y una persona atormentada -poco menos que un acomplejado pederasta homosexual- que casi sin querer tuvo éxito casual con esta obra. Parece como si al estudiar la vida y obra del escritor los propios críticos sufrieran la frustrada desmitificación que tiene el conocimiento de toda realidad. Si los críticos destacan las ideas edipianas y las frustraciones sexuales por las que Barrie mata a todo padre y toda madre, los mismos críticos parecen disfrutar matando a la ilusión infantil (ilusión como ilusión óptica, como fantasía) como si por leer Peter Pan fuesen a creer que realmente existió y su autor fue persona y artista modélico. Existe un empeño en derribar en el que Silvia Herreros no participa a pesar de que no haya evitado citar, razonar, documentar e integrar todas esas ideas y más que la crítica ha ido vertiendo sobre Peter. Porque la autora no derriba, sino que construye más, muchas más ideas alrededor de la obra.
En Barrie, además de lo que ya hemos comentado, encontramos un autor al que parece sobrepasar su cración. Peter Pan no está a la altura de las demás, se sale, sobresale, vuela solo ya. Además no es una obra, es una sucesión de obras que Barrie reescribió y que conforman por tanto un proceso creativo de lo más interesante. Lo curioso es que ese proceso creativo no terminó con su muerte ni ha terminado aún, teniendo en cuenta que el mito se le fue de las manos y otros muchos autores entraron a participar además de que al tratarse de una obra de teatro, las versiones, las puestas en escena, las adaptaciones han creado y recreado sin fin un Peter que paradójicamente no para de crecer.
Y esto llama mucho la atención, porque efectivamente, la primera deducción que se saca de este libro es esta: Peter Pan constituyó un crecimiento continuo en la vida de Barrie. Un crecimiento que tal vez en ocasiones lo llevó hacia atrás, pero crecimiento al fin y al cabo. Desde las primeras ocurrencias y las primeras historias en las que Barrie se basa en niños reales a los que conoce, el autor desenvuelve su imaginación hasta crear un mito (un metamito -sí, ya sé que es un palabro-) sobre otro que realmente lo sobrepasó.
El ensayo de Herreros aporta ideas muy interesantes para interpretar sincrónica y diacrónicamente la obra. En Peter Pan encontramos varias facetas fundamentales: a) la vida como juego de roles; b) Peter como figuración de la recién descubierta figura del preadolescente; c) Dualidad consustancial de Peter, como el cuerpo y la sombra; d) Mito y lo que yo he denominado "metamito" (sí, disculpas por la cacofonía). La autora exprime estas cuatro premisas en una despliegue profundo de documentación y sobre todo de meticuloso análisis.
Aunque no sea una historia, una narración, el ensayo debe tener también su intriga y Herreros la va desplegando a cada capítulo (tal vez dejando poco para el final). No querría ser yo quien estropeara las sorpresas de este libro, sin embargo, no puedo menos que ponderar su valor destacando ideas valiosas que encontramos en su lectura. Una de ellas es que la auténtica protagonista de la obra y su heroina es Wendy, no Peter. Es más, Peter es un antihéroe. Los Peter Pan son hombres inmaduros incapaces de crecer, sin embargo, como dice Kiley en su libro sobre el síndrome:

"Toda mujer ha conocido alguno, se ha casado con él, lo ha dejado o lo ha superado...pero ninguna mujer puede resistirse a ellos".

Y al final, queda como dice la autora, la fascinación del mito, un mito sin duda cuya complejidad he aprendido a valorar leyendo este libro, que no sólo no lo derriba, ni lo trasfigura, sino que lo hace más grande y más cercano. Peter Pan, el niño que no puede ser tocado, sabe dios por qué, es aquí sometido, sin embargo, a todo tipo de análisis sin que se deshaga la figura fascinante que todos recordamos.

domingo, 29 de marzo de 2009

Tom, piel de escarcha

Es la primera vez que veo un libro tan correctamente publicitado en la contracubierta. Todo lo que leemos en el exterior se cumple en el interior. Leemos que se ha dicho de él que es un libro original, excepcional, inquietante, que une fantasía misterio y valores, que va muy bien para chicos y chicas adolescentes, que se centra en Tom, un miembro que huye de la tribu que lo rechaza y que intenta buscar un lugar sin molestar ni ser molestado en el mundo de los demonios humanos... Y todo se cumple dentro, en el texto, cuando leemos esta novela juvenil efectivamente de un fantasía poco común.
Acostumbrado a leer tonterías en el exterior que no se corresponden con las tonterías del interior, encontrar esta obra de Bambú, un sello de la Editorial Casals, en el que el editor ha sido honrado y certero resulta digno de celebración. Y para celebrar -y mucho- es este título de Sally Prue, que nos trae una literatura juvenil poco común, nada que ver con la psicoliteratura ni con el realismo ni con la alta fantasía o la épica, nada: una novela que vuela airosa y sola en un panorama restante poco original. Lógicamente se encuentran ecos de otras lecturas, de otros géneros, de otros autores, incluidas obras cinematográficas y de animación... pero Tom, piel de escarcha sigue su camino sin que el lector sepa en cada momento exactamente como clasificarla. Al principio pretendemos saber la historia que Sally Prue nos va a contar, nos imaginamos qué pretende, sin embargo, las páginas confirman que cada vez estamos equivocados. Y no porque juegue a la sorpresa barata, al efectismo, no, sino porque el mundo que se crea en la novela consigue explicar el mundo real desde un mundo irreal, y consecuentemente, crear el suyo propio.
La historia, contada por un narrador desde el punto de vista de la tribu, presenta nuestro mundo como un lugar extraño de extrañas costumbres. Se trata de un recurso conocido muy presente en nuestra literatura (Cartas marruecas, Sin noticias de Gurb...) que aquí se actualiza en la más absoluta ficción. De este modo, no sólo resulta extraño el mundo de la tribu, sino el nuestro propio.
Los personajes -típica concesión a los destinatarios juveniles- no aparecen sin embargo cargados en sus detalles adolescentes y se muestran equilibrados con la presencia tanto de masculinos, como de femeninos, y adultos, como ancianos, adolescentes o niños que dibujan un retrato de fondo casi de una vecindad y familia normal.
La fantasía y el simbolismo de la historia con capítulos muy breves y grandes blancos en medio sirven para degustar los significados posibles de esta narración despojada de todo accesorio.
Ojalá hubiera más libros como este.

viernes, 6 de febrero de 2009

Varekai de Cirque du soleil



Varekai es un antiguo espectáculo de Cirque du soleil actualmente de gira por España y al que asistí esta semana en Sevilla. El título es una palabra caló que hace alusión a la vida nómada. El espectáculo parte del mito de Ícaro, muy propio para un circo aéreo como este. El protagonista narrativo cae en un bosque que tiene también madrigueras subterráneas y comienza una lucha por el dominio del aire, de la tierra, el agua y el fuego (la luz). Sin embargo, el hilo narrativo es poco más que un hilo que da cobertura a un espectáculo seriado de impresionante factura.

Cirque du soleil es un circo. Conviene decirlo porque a pesar de sus preciosismos, el espectáculo es completamente circense, aunque haya sido despojado de toda la variedad animal -no hay fieras naturales-: tiene payasos, malabares, acróbatas, contorsionistas, trapecistas... Su preciosismo -siempre rondando lo cursi casi sin tocarlo- impresiona en este espectáculo en el que un bailarín paralítico demuestra la belleza suma de la atrofia muscular dando una lección de movimientos sobre muletas. Definitivamente hay que replantearse qué es bailar bien cuando se ve este tipo de hermosísimas evoluciones que rompen estereotipos.

Para ser históricos diríamos que Cirque du soleil representa el aburguesamiento del circo, limpiado de todo popularismo -salvo las palomitas-. El espectáculo se maquilla de tal forma que tiene su zona vip (tapis rouge), hasta champán en el bar y una tienda de precios insoportables (mochila de plástico 55 €, de cuero 150 €; bufanda, 30 €, bolsa mínima de patatas fritas y aire envasado 2,5 €).

El espectáculo, sin embargo, aun producido para carpa, tiene el lastre de la pared con decorado trasero; en este caso una estructura tubular, con fijación única en el suelo que sirve de mástil para los actores y de soporte para una pasarela que cruza la carpa por el techado hasta el cénit donde se localiza uno de los puntos de aparición. Así los bailarines cuentan con tres puntos de llegada: los propios vomitorios del público, el acceso desde el decorado trasero, y el punto cenital de la carpa, origen de las apariciones más fantásticas y aéreas.

La historia basada en un bosque generador condiciona un vestuario magnífico con pocas concesiones al brillo en formas que recrean volúmenes animales y vegetales y en colores planos enriquecidos con gradientes -nunca faltan en circo y variedades- que a pesar de todo no limitan nunca con lo hortera, evidenciando un exquisito gusto y un conocimiento riguroso del contraste cromático, respetado hasta en las combinaciones más abundantes. Faunos y otros motivos mitológicos dan un aire clásico a un montaje artístico con numerosos motivos vegetales y florales (pétalos, rizomas, nervaduras, ramas, hojas...), que encuentran su contrapunto en modelos mecánicos y neoclásicos que representan la antítesis del blanco y el negro en medio de un verdadero arco iris de vestimenta y maquillaje armonizado con auténtico dominio profesional. Las frecuentes luminarias y claroscuros completaban un derroche de colorido y luz cuyo control absoluto sorprende.

Este control del color, de la complejidad artística visual, sorprende igualmente en otros aspectos: el dominio del tempo, de los medios mecánicos, de la sincronía, del sonido... Es un circo artístico tanto como matemático en el que sin ser mecánicos no se encuentra ningún movimiento dejado al azar, a la espontaneidad. Salvo los mozos ocultos (vestidos de negro en los pasillos o en los andamios), los que actúan de mozos sobre la pista, incluso medio fuera de la vista del público se comportan como parte del espectáculo. Posan como decorados mientras actúan sus compañeros y están al salto de un incidente. Hasta el despliegue de una colchoneta ocurre con su pose artística y danzada. Los errores ni se ven. Apenas un figurante moviéndose con desgana -supongo que después de haber hecho lo mismo varios años-, una luz asimétricamente despistada sobre una simetría total de bailarines y vestuario, un exceso de zonas ciegas para una grada circular...Pocas imperfecciones para un espectáculo que roza la excelencia en su estilo.

La música, con apoyo en directo, sinfónica, melodiosa, étnica, subraya el movimiento y recrea en los cantantes una especie de narradores presentes que unen los visual a lo literario poniendo voz a los movimientos.

¿Se me olvida algo? Claro, he ahí la grandeza y miseria de un espectáculo tan emotivo como técnico: hacerte olvidar que estás en un circo. La "fermosa cobertura" impide a veces valorar la pericia de profesionales del circo que se juegan la integridad y el trabajo en peripecias increibles que ya no sorprenden a nadie pero que siguen siendo valor humano: saltos mortales, rizos de rizos, velocidad, fuerza, cuerpos, tesón, armonía y gracia. Y sobre todo, el dominio del aire en el que Cirque du soleil ha puesto siempre su énfasis, como estas cintas aéreas que podéis ver en el vídeo siguiente y que resumen la estética y la ética de un circo matemáticamente hermoso.

lunes, 22 de septiembre de 2008

Después de dejar al señor Mackenzie

Echad la vista al lado y notad la diferencia entre autores y autoras en los libros que leemos. Los autores ganan por goleada, al menos a la hora de escribir esta crítica, no sé si en el futuro seguirá igual. Con ánimo de cambiar un poco la tónica general traigo hoy un libro sobre una mujer escrito por otra mujer, ¿o debo decir la misma? Efectivamente, el comentario general es que la protagonista -Julia- es un trasunto de Jean Rhys, la autora de Después de dejar al señor Mackenzie. La dejadez, cierta bohemia parisina, el gusto por el alcohol y la vida al límite continuo de la pobreza no son pocas coincidencias entre personaje y autora.
No he podido evitar recordar -inmediatamente- mientras leía esta novela, El extranjero de Camus, algo más de una década posterior al de Rhys (algo cercanos, por tanto). Dejo claro que el parecido no es objetivo, sino una impresión mía de unos personajes que no viven, deambulan, no sienten, se aburren. Esa desazón de no encontrarse cómodos con uno mismo, con el mundo y sus convenciones y ni siquiera rebelarse, son actitudes comunes de estos dos protagonistas.
La novela de Rhys tiene un poder especial. Así como los personajes se parecen, el estilo es completamente distinto a Camus -y que conste que adoro la frase corta de este autor-. Sin duda estamos ante una gran escritora que sabe perfectamente manejar las palabras para transmitir un espíritu decadente, magistralmente abúlico y casi delicioso.
La protagonista es una mujer que ha basado su vida en los hombres, sabedora de sus armas, pero que abandonada finalmente por el señor Mackenzie (el principio de la historia) queda literalmente como un barco a la deriva sin dinero y sin dignidad. A pesar de sus intentos, no logra encontrar nada ni encontrarse a sí misma. Sabe que necesita buscar un sentido, pero no está dispuesta a hacerlo, quisiera encontrárselo, como un regalo, pero no está dispuesta a esforzarse por ello -quizás no valga la pena-.
La autora transmite un retrato más que creíble de aquellos que no tienen una vida, sino que simplemente arrastran su tiempo. Una visión existencialista probablemente escrita desde la propia experiencia.

martes, 22 de julio de 2008

Campos verdes, campos grises

Campos verdes, campos grises es una pequeña colección de cuentos de la laureada narradora Ursula Wölfel.
Aunque el título está extraído de una de las historias como suele ocurrir con los libros de cuentos, revela en general el espíritu de todas las narraciones en las que encontramos la lucha entre opuestos, entre ricos y pobres, blancos y negros, padres e hijos.
A pesar de que muchos hacen sonreir y rezuman encanto infantil, no son narraciones edulcoradas ni amables, sino cuentos reales que plantan cara infantil a las desgracias y sobre todo a las injusticias.
Son asuntos recurrentes las desigualdades sociales vistas desde la mirada atónita de un niño que no entiende el mundo de estricta e injusta separación en el que ha abierto los ojos.
El estilo, sencillo, de frase corta, el párrafo brevísimo -¡viva ese punto ortográfico tan poco frecuente en la literatura!-, el relato ordenado sin experimentos narrativos ni excentricidades efectistas. Al grano, a la imagen justa, y al diálogo diáfano sin dejar por ello de ser una de las lecturas más sugerentes que podemos recomendar no sólo a niños sino a los adultos. Porque precisamente, a pesar de ser un libro infantil, con niños como protagonistas y contado para niños, es sin duda una lectura deliciosa para los mayores.

jueves, 3 de julio de 2008

El pequeño vampiro

El pequeño vampiro es el primer libro de la serie de Angela Sommer-Bodenburg ilustrado por Amelia Glienke.

La serie ha tenido tanto éxito que ha pasado al cine, a la televisión, a la radio, incluso al teatro.

Este primer libro es lógicamente la presentación de los personajes: Anton conoce a Rüdiger, un niño vampiro, y a partir de ese momento comienza igualmente el conocimiento de los miembros de la familia de vampiros -incluida una chica que cobra poco a poco mayor protagonismo- y la lucha por impedir que sus padres descubran realmente esas nuevas amistades tan atípicas. Ambas familias -la humana y la vampírica- crean situaciones con gracia en una novela que no podríamos calificar de terror, sino más bien de humor, de buen humor.
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