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miércoles, 23 de abril de 2014

Booktrack: llegan los libros con banda sonora




No hay nada mejor para el día del libro que husmear en su futuro y aquí traigo Booktrack, que encontré en una entrada de Joyce Valenza en Never Ending Search. Se trata de un futuro presente que proporciona banda sonora a nuestra lecturas digitales. La plataforma ofrece varios servicios: podemos leer libros en abierto con su banda sonora y regular incluso su velocidad de lectura, o bien, podemos escribir nuestras historias y añadirles la banda sonora. Existe una aplicación escolar que permite tratar las lecturas de clase añadiéndoles música e incluso efectos de sonido, pero como para ello había que registrarse, no la he explorado, aunque parece prometedora.
Su CEO no escatima en esfuerzos para promocionar la idea y no sólo la difunde sino que intenta proporcionar evidencias que demuestran que de esta forma se aumenta la lectura tanto en cantidad (se lee más tiempo) como en calidad (se aumenta la comprensión).
Para mí está claro que como en todas las novedades, la mejoría está en quien la aprecie o en quien considere mermada una lectura en silencio. Para los demás puede ser hasta un estorbo, pero ciertamente, por la idealización a que se ha elevado la música como banda sonora de la vida en este tiempo para realizar cualquier actividad, es muy probable que a alguien le resulte interesante, e incluso necesaria. No olvidemos que el silencio es un deseo casi imposible en muchos casos si no es ocultando el ruido ambiente y a lo mejor esa música que a otros sobra, es lo que le falta al joven para poder aislarse realmente y conseguir la concentración que no consigue con el simple silencio natural.
La idea lógicamente no es nueva. Que la música y la lectura están unidas, o la música y la literatura, bien lo sabemos, ya hice un curso al respecto cuyos materiales recogí aquí y tenemos muestras antiguas no sólo en la literatura oral, sino en la escrita. Recuerdo aquellas Arias tristes de Juan Ramón Jiménez que venían hasta con las partituras o aquella novela de Laura Esquivel, La Ley del amor, que se acompañaba con su CD para escuchar mientras se leía.
La aplicación, que está disponible igualmente para dispositivos móviles, permite y sugiere no sólo añadir bandas sonoras a textos narrativos, sino también a textos expositivos o argumentativos escritos por los esstudiantes, así como buscar o crear bandas sonoras para las lecturas de clase o incluso añadir lectura en voz alta. Toda una panoplia de posibilidades por ver... digo, por oir; bueno, digo, por leer. Bueno, por lo que sea.

jueves, 15 de marzo de 2012

La lectura sonora: abriendo boca para las Jornadas provinciales


Después de un año de sesiones provinciales de Encuentros de bibliotecas escolares y de las reuniones de las Redes locales y comarcales constituidas por centros cercanos, además de los cursos sobre gestión y dinamización, culminaremos como siempre con las Jornadas provinciales de Bibliotecas escolares que habitualmente dedicamos monográficamente a un tema. En esta ocasión la lectura sonora ocupará nuestro tiempo, la oralidad, la sonoridad, la letra hablada, cantada, dicha, susurrada, la lectura expresiva, la radio, la televisión...la lectura en voz alta.
Y para abrir boca nada mejor que algún ejemplo de quienes ya trabajan en ese sentido. Todos conocéis Kuentalibros y tal vez participasteis en La Voz de los romances, seguro que habéis visto algunas de las grabaciones de la Biblioteca escolar del CEIP Sant Jordi, pero también deberíais oír las entrevistas del alumnado de la Biblioteca escolar del CEIP San José de Calasanz de La Puebla de los Infantes en Sevilla, o conocer Radio Lectura, la radio de 4º de diversificación del IES La Contraviesa de Albuñol, en Granada, que se han aplicado bien el dicho de que si el río suena, agua lleva, en contra de los que creen que el río de las bibliotecas escolares siempre debe estar en silencio.

martes, 2 de noviembre de 2010

Probando Libertexto, la futura extensión de Firefox

Hoy he tenido la suerte de ver una demostración de Libertexto de manos de su creador, Rafael Ibáñez, de quien hablé hace unos meses cuando tuve conocimiento de su existencia. No tengo que decir que hemos echado un rato la mar de agradable, porque ver estas primicias tan de cerca desde luego que son para apreciarlas. Además, Rafa es una persona tan agradable y tan sencilla con la que no resulta difícil sentirse como si hubiéramos trabajado juntos toda la vida.
Libertexto, del que ya hablé hace un tiempo, se presenta como una extensión de Mozilla Firefox con objeto de permitir la selección, jerarquización y anotación de los textos que uno está leyendo en pantalla. Dicho de otra manera: permite hacerte tu esquema del texto, clasificar esa parte, guardar citas literales, vincular imágenes o sitios, etiquetar, comentar...
El interface muestra una ventana en la parte baja de la pantalla de dimensión variable con su propia barra de herramientas y tres espacios paralelos. El primero presenta un directorio con los esquemas y anotaciones guardadas de otros textos. El central sirve para crear el nuevo esquema a base de secciones y fragmentos estructurados en forma de sangrado con indicación de sus características. El derecho recoge los añadidos: etiquetado, comentarios e imágenes, sobre todo. Estas señales además aparecen en el texto indicando, por ejemplo, los párrafos seleccionados, si hay alguna anotación en algún lugar o subrayado (en colores que harán las delicias de algunos nostálgicos de los rotuladores fluorescentes en pantalla).
La guinda espectacular es que el resultado puede exportarse como mapa arborescente en Freemind con vínculos activos que incluyen los párrafos seleccionados, por ejemplo, o cualquier otro vínculo del apartado. Igualmente, puede exportarse como html lo que lleva a una presentación más convencional de texto, muy útil, por cierto, como resumen de estudio, guía, incluso chuleta. ¡La locura para los estudiantes con portátil, netbook o tableta!
El resultado podrá conocerse si todo va según lo previsto, en diciembre, con una presentación a la altura que se merece esta gran obra. A partir de entonces quedará disponible en Leer.es. Pero ahí no acabará la andadura de Rafa, que en esa fecha no hará más que empezar, porque Libertexto dará mucho que hablar y mucho que leer. No había sugerencia que le hiciera yo que no tuviera ya pensada. A partir de su presentación continuarán las mejoras y los enriquecimientos. Rafa piensa crear un repositorio comunitario donde los usuarios puedan compartir sus esquemas y llevar Libertexto hacia el espacio colaborativo de la web 2.0. pasando de su uso local a un uso en red que permita a distintas personas perfeccionar las anotaciones de un mismo texto o compartir otras.
Una herramienta muy necesaria para la nueva Escuela TIC 2.0 que beneficiará sin duda la lectura de estudio y profundización y que sacará a la lectura en pantalla gran parte, si no más, de los frutos que hemos visto en la lectura sobre papel.
Deseando estoy que lo prueben los estudiantes y que veamos sus múltiples aplicaciones.
Enhorabuena, Rafael.

sábado, 5 de abril de 2008

Telescritura y telelectura

Comentaba ayer el bibliómano que Umberto Eco en el Hay Festival de Granada se refirió con ironía a las profecías de Mac Luhan:

«Había un señor ingenuo que se llamaba Mac Luhan que dijo que había terminado la ’galaxia Gutenberg’ y se iniciaba la era de la imagen. Sin embargo, el ordenador es el triunfo de la ’galaxia Gutenberg’. Hay imágenes, pero hay muchísima escritura».

Y añadía que tal vez el único problema era que hay que leer muy deprisa.

Efectivamente, ese es un fenómeno que constatamos todos. Recientemente, en el descanso de un encuentro, charlando con compañeros que acababa de conocer, uno de ellos planteó el tema: ¿no creeis que ahora con internet se lee más fragmentado? Y así es, no sólo se lee, se consume y se consuma la lectura más rápidamente, sino más fragmentada.

Ya hablé sobre la naturaleza de la lectura en internet, destacando que no supone fenómenos totalmente desconocidos en la historia de la lectura, si bien es obvio que la cantidad y la popularización de esta forma de leer ha alcanzado con internet una dimensión que nunca tuvo.

Voy a llamar a esta nueva forma algo convencionalmente "telelectura" y "telescritura". Digo un poco convencionalmente porque aunque podría tener otras denominaciones, ésta la veo apropiada puesto que la hago derivar del sentido "televisión". Así, las formas que la televisión han traído al ocio audiovisual, internet y los medios electrónicos en general las han llevado a la escritura y a la lectura. De modo que lo que hemos visto en el fenómeno televisivo, ahora lo vemos en la telelectura: espectacular aumento de la oferta (las páginas web se reproducen exponencialmente, como ocurrió con los canales de TV), banalización de los contenidos (los contenidos en la web han dejado de ser completamente serios para abrirse cada vez más a las banalidades, como ha ocurrido con la televisión, ocupada ahora en temas que antes no merecían ni nombrarse), zapeo (el telelector pasa de fragmento en fragmento de texto, de página en página, de blog en blog, como el telespectador pasa de cadena en cadena; incluso el telelector profesional tiene ahora menos paciencia para concluir un artículo), avalancha publicitaria (ya hay casos en que la publicidad en medios electrónicos ha superado a la presente en televisión, pronto veremos publicidad en las revistas científicas, si es que no hay ya), fragmentación (el propio escritor, conocedor del entorno en el que escribe, lo hace fragmentariamente, como lo hacen recitadores populares en los romances viejos, comenzando en el centro del asunto y terminando abruptamente), participación popular (internet se ha hecho popular y hasta populachero, como la TV) ... No es de extrañar que una de las lecturas que más rápidamente está abandonando el papel sea la lectura fragmentada de los libros de referencia y consulta, que anuncian la pronta desaparición de enciclopedias y diccionarios encuadernados.

De modo que no sólo cambia la telelectura, sino también las formas de telescritura, que se adaptan al medio en el que serán consumidas. ¡Ten cuidado con la forma de presentar e iniciar tu escrito o no lo leerá nadie!

La mayor incógnita es saber si esa transformación afectará decisivamente al pensamiento -y por ende al avance social e histórico- suponiendo que de una telelectura que hemos definido como acelerada y fragmentada no pueden derivarse pensamientos adecuados para el avance de la humanidad, ya que serían necesarios razonamientos elaborados y debates pausados, difíciles de llevar a cabo en un entorno tal.

Sin embargo, hemos de pensar que ocurrirá como ocurre en las calles de un pueblo o en las tertulias de esquina (así ocurrirá en las anchas calles del adsl y en las esquinas de las pantallas): la mayoría estará enfrascada en una telelectura rápida, casi caótica y colapsada, mientras que una minoría continuará elaborando comunicaciones calmadas, rigurosamente ordenadas hasta llegar a una conclusión.

jueves, 9 de agosto de 2007

Lectura en internet (II)

Como ya dije, algunas de las supuestas novedades de la lectura en internet son bastante antiguas con tal que la comparación se haga adecuadamente. El mejor término de comparación (aunque hay otros) es la lectura de prensa. La prensa escrita es ya un antecedente claro de lectura no lineal. Más de la cuarta parte de los lectores no respetan ni la portada y comienzan su lectura por el final. Es más, como ocurre en internet, el problema es que nadie se puede leer el periódico entero, salvo que no quiera hacer otra cosa en todo el día, de manera que la lectura se hace a saltos, diagonalmente y su virtud más destacada es la evaluación rápida. Esta misma evaluación rápida se ha empezado a dar también en la televisión a partir de la aparición del zapin. Se estima que un espectador es capaz de zapear y adjudicar género televisivo a cada vista de pantalla en sólo un segundo.
Se ha definido el texto como un conjunto de extensión variable, desde un saludo hasta un libro. Sin embargo, no podemos considerar que internet sea un texto, tampoco lo es un periódico y probablemente no lo sean la mayor parte de las páginas web. Al extender la definición de texto se están encubriendo otras estructuras superiores que no actúan como textos, sino como conjunto de ellos y de otros elementos paratextuales o cotextuales. Yo llamo a estos conjuntos "sitios textuales", sean físicos o virtuales (finalmente todos son físicos como luego veremos). Un sitio textual físico es por ejemplo un tablón de anuncios, los cajones de un fichero, etc. Los periódicos, por más que tengan una inclinación ideológica actúan como sitios textuales y las páginas webs en su mayoría heredan este formato, de forma que internet es un gigantesco sitio textual, como lo puede ser una ciudad misma, o una carretera en el aspecto físico. Los sitios textuales amalgaman textos de distintas formas y los relacionan con distintos métodos entre los que el más rudimentario sería la cita. Las citas o los índices son el germen de la hipertextualidad en los sitios textuales de baja tecnología. Lo que revoluciona internet en cuanto a la lectura no es en sí la lectura de los textos, sino la interacción con los sitios textuales. Internet resulta un sitio contradictorio ya que es atópico o ubicuo. Su localización -inevitable, sin embargo- es la pantalla (ya dije que todo sitio -hasta el virtual- finalmente es físico), pequeña y única si se compara con la apariencia de los sitios textuales anteriores. Cada sitio textual genera un entorno de lectura constituido por los límites del sitio y su situación. Internet dispone un entorno de lectura peculiar, único, no conocido anteriormente, en principio no por grandes avances cualitativos (apenas el hipertexto y la hipermedia), sino por la velocidad (el triunfo dobre el tiempo) y la compresión (el triunfo sobre el espacio). En definitiva, en internet no se hace necesariamente una lectura distinta a la que pudiera realizarse en un scriptorium medieval, sino porque se hace más comprimida y rápida (por la ayuda de la máquina).
¿Pero qué ocurre?¿es acaso internet sólo un avance mecánico? En parte sí, evidentemente, pero en parte no. Lo que supone internet en la lectura de forma definitiva y rotunda es la extremada y rápida popularización de entornos complejos de lectura que antes eran sólo accesibles a un sector muy limitado de la población intelectual (entornos de lectura elitista). Efectivamente, la lectura de textos tan variados interconectados era antiguamente un entorno de lectura sólo posible para un filósofo, un investigador o un pensador (por ejemplo, el uso de aparato crítico, índices variados, lecturas simultáneas...). Hoy es un entorno vulgar.
De ello se derivan importantes consecuencias educativas: no podemos ya conformarnos con enseñar a leer a nuestro alumnado, tenemos que enseñarlos a manejarse en estos entornos textuales sofisticados, debemos educarlos para que estén a la altura de la tecnología lectora de su tiempo, no por debajo de ella. Y el reto es grande porque como ya dije, se trata de enseñarlos a leer en entornos antes reservados a una minoría.

martes, 7 de agosto de 2007

Leer en internet (I)

A veces topo con estudios que intentan demostrar la diferencia abismal de la tarea de comprensión lectora en internet respecto a la lectura tradicional. Sin echarlos por tierra, creo que en su mayoría no han demostrado lo que pretenden.
En primer lugar, comparan la lectura en internet con la única muestra tradicional de la lectura de un libro (una sola de las lecturas tradicionales posibles). Sin embargo, ni la lectura más frecuente en internet es igualable al libro, ni los libros son los términos adecuados de una comparación con internet. La ignorancia mayor es citar Rayuela como único antecedente del hipertexto impreso. Todo ello deriva de un error de pensamiento probablemente imputable a la semántica de los prototipos por el cual cuando se habla de lectura en modo impreso se piensa en un libro sin más, como si fuera la única forma de lectura en átomos. Ocurre que una mejor comparación sería la que se estableciera entre revistas y páginas web, formas mucho más similares. O entre portales y catálogos. Etc. El libro, como tal, aún anda casi ausente de internet -fuera descargas y mención- salvo para raros casos en los que además se lee preferiblemente sin hipertexto ni hipermedia (o sea, como antes, nada más que en pantalla), como se puede observar por el hecho de que la hiperficción es muy minoritaria.
Con estas nuevas comparaciones observamos que las diferencias de lectura no son tan notables, sin negar que el hipertexto y la hipermedia constituyen una novedad no sólo tecnológica, sino cognitiva y de la cual la educación debe ocuparse y hacerlo con entusiasmo y entrega.
Con todo, habría que echar un pulso a los agoreros que demandan una insistente capacitación del alumnado sobre lectura en línea, y preguntarles si no se necesitaría también una educación para que el alumnado comprendiera una factura de la luz, unas instrucciones de la lavadora o las indicaciones de servicio en un edificio de oficinas, textos ellos muy anteriores a la red.
En segundo lugar, suelen reducirse al pc convencional y a la lectura de internet, obviando pda, móvil, tablet pc, gps... El uso de todos estos aparatos necesita de una capacitación especial, de acuerdo. No olviden que la lavadora de la que hablamos hace un rato, también. Lo más probable es que presente números e iconos que es necesario saber leer. En consecuencia, los entornos de lectura se adaptan a la tecnología cambiante y el usuario, con ellos. Esos entornos de lectura son nuevos, pero no desconocidos y en cualquier caso, muy cambiantes, con lo que convertirlos en objetivo de la enseñanza no deja de ser transitorio.
En tercer lugar, no sólo el hipertexto, sino el intertexto y el subtexto, son formas semióticas de textos lingüísticos, pero también no lingüísticos (por ejemplo, se dan en la pintura, el cine, la música...). Esa lectura de la que hablan -supuestamente tan distinta ahora- no debe ser tan genuina cuando parece un mecanismo que afecta por igual a otros lenguajes y no lenguajes, lo que hace sospechar que se trata de operaciones mentales superiores o distintas a la lectura aunque ligada a ella.
En conclusión: se parte de una reducción (sólo internet y sólo libros), se comparan dos elementos que no son asimilables (el libro frente a internet), se dejan fuera elementos que sí son asimilables (revistas y páginas web, por ejemplo) y se ponderan fenómenos cognitivos que no son exclusivos de la lectura (hipertexto). No parece que de unos planteamientos así, se vayan a extraer conclusiones adecuadas.
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