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miércoles, 29 de julio de 2009

Tokio blues: Murakami plagia a Murakami

Todos los escritores tienen su estilo, sus obsesiones. Murakami no, Murakami se plagia en esta novela a sí mismo directamente. No es ya un estilo, una obsesión lo que encontramos en Tokio blues -que también puede verse en otras obras suyas, como en Al sur de la frontera, al oeste del sol-, sino una repetición recompuesta, corregida y aumentada del libro de cuentos Sauce ciego, mujer dormida.
Para mí, que leí los libros en este orden (libro de cuentos, novela) fue una sorpresa poco agradable, que más que valorar como un detalle de creatividad, me dejó tedio de aburrimiento. La culpa fue mía porque leí las dos obras seguidas y además me salté la introducción del propio autor, que juzgué previamente como superflua, donde justamente él mismo anunciaba que había tomado cuentos de su libro y los había metido en la novela.
La introducción de los cuentos no se hace como lo haría Cervantes o Irving, conservando su independencia, ni como lo haría Galdós, dando nueva perspectiva a los mismos personajes en distintas novelas. No, qué va, se trata simplemente de que en algunas partes de la novela aparecen fragmentos seguidos que son cuentos copiados literalmente con algún cambio menor si acaso. Murakami se preocupa de que la inserción resulte natural mencionando algún personaje del cuento más adelante en la trama de la novela, como para diluir la mezcla, pero para quien los detecta no pasa de ser un remiendo que suspende por un momento la credulidad del lector poniendo en primer plano la técnica del escritor, que no parece demasiado cuidada, por otra parte.
La técnica, sin embargo, no es nueva: se trata de una forma de creación muy antigua que podíamos entroncar directamente con la literatura popular y tradicional. Técnicas de este tipo encontramos en El Lazarillo, por poner un caso, o en El Libro de Buen Amor y me llevan a abundar en una conclusión que he extraido sobre este autor: Murakami es esencialmente un buen narrador tradicional, pero no un buen escritor. Aclararé antes de nada que no considero una virtud -la de escritor- superior a otra -la de narrador-, sino que para mí constituyen dos virtudes necesarias para la excelencia narrativa que generalmente no están presentes en todos los autores en la misma proporción.
Creo que esta habilidad narrativa popular de Murakami es la esencia de su éxito. Cuenta las cosas estupendamente, nada más (y nada menos), aunque no es un escritor deslumbrante. Ciertamente, hay escritores deslumbrantes, como Muñoz Molina capaces de aburrir a una hiena. Escriben bien, demasiado bien, pero no tienen talento narrativo (popular). Murakami escribe aceptablemente (dentro de lo que yo puedo apreciar dado que no lo leo en japonés original precisamente), pero sabe contar las historias tremendamente bien; hipnotiza con su lengua escrita a pesar de que delata una sabiduría oral completa. Muchas historias están insertadas en los diálogos, y su narrador preferido es el de primera persona, así que no es arriesgado decir que estamos ante un narrador que ha sabido escribir en el tránsito del siglo XX al XXI utilizando las técnicas de la narración tradicional oral.
Claro que es de agradecer que sea mejor narrador que escritor, porque los magníficos escritores aburridísimos ya pueblan en exceso el parnaso y necesitamos equilibrar este arte de las historias recordando que narrar es narrar, no sólo escribir, no sólo palabras, y desde luego no es lírica, ni ensayo, es narración narración, a pesar de que no renuncie a reflexiones sobre la vida y la muerte y a melancolía, belleza, nostalgia y emociones.
Otra de las pruebas que defienden a Murakami como narrador popular y oral es la ausencia de técnicas modernas de esas que llamamos vanguardistas o experimentales. Las historias surgen en su narración como siempre han surgido, como pueden encontrarse en los más antiguos poemas épicos, leyendas o romances. Si acaso un flash back siempre para convertir la narración en una profundización oral de la historia. Mucha gente ignora que las narraciones orales que solemos contar -por ejemplo, las anécdotas- solemos comenzarlas por el final, así que Murakami no usa el flash back o las alteraciones temporales en general como un recurso moderno o arriesgado, sino como una forma más de narración oral.
Por supuesto, Murakami no sólo se plagia -se repite literalmente- sino que tiene sus obsesiones -repite variaciones del mismo tema- : la comida, el diálogo abundante, el sexo, la música clásica clásica y clásica pop-rock -el título de Tokio blues es Norwegian wood, título de una canción de los Beatles-. Y sobre todo, sobre todo, sobre todo: la soledad, la inmensa y radical soledad de sus personajes, siempre fuera del común denominador del resto de la humanidad, siempre al borde del suicidio, en el suicidio, en el aislamiento, en la búsqueda de otra solitaria alma gemela. El mundo se ve como desde fuera, los personajes no acaban de meterse en él, no acaban de comprender la vida convencional. Sufren por ello una tragedia continua que les lleva frecuentemente a la muerte, al desprecio de los demás, al aislamiento, a la observación de la vida como un suceso extraño y a la continua introspección.
Un gran narrador que a estas alturas recuerda que la narración más antigua y tradicional todavía tiene muchas cosas que enseñar a los escritores modernos.

martes, 12 de mayo de 2009

Poesía juvenil: consumir preferentemente

Consumir preferentemente se supone que es un libro de poesía juvenil de Raúl Vacas porque está editado en la colección Otros Espacios de Anaya. Y digo se supone porque a pesar de algunas muestras que podrían parecer descaradas, como un poema en sms, el resto son poemas de un libro de poesía que no es infantil, tampoco es para viejos, pero tampoco es para nadie y tampoco para todos.
De juvenil le viene el aire despreocupado, el amor con tono adolescente, el humor, la voracidad consumista...
El título guía la línea creadora de los poemas basados la mayoría en enlazar un intertexto con expresiones propias del mercado actual, casi todas ellas aparecidas en los títulos de los poemas o de los apartados, o incluso en las citas, algunas de las cuales tienen como autor a Carrefour.
El verso convertido en versículo oscila entre el poema paralelístico extenso, y el hijo pequeño de los haikus, que tan de moda parecen estar. Oferta del día, parte meteorológico, predictor, perecederos... las expresiones triviales de nuestra vida cotidiana se hilan en una literatura que más que lírica pretende sobre todo ser ocurrente.
Ilustrado por Pepe Montserrat con unos dibujos con collage de cierto aire surrealista, el libro puede servir para pasar a los jóvenes lectores definitivamente hacia una poesía no ya de su edad, sino de su época. Ocurre en este libro de poemas lo que ya hace tiempo ocurrió en la narrativa juvenil que incorporó frecuentemente técnicas narrativas contemporáneas, como el perspectivismo. Aquí vemos, como corresponde a la poesía, los juegos gráficos, las parodias, las recreaciones... lo propio de unos ismos que ya deberían llegar a la poesía juvenil para sacarla de los posibles ripios y la ñoñería cursi.

lunes, 11 de mayo de 2009

Escombro: versos perros de Jesús Gázquez

Ya presentamos a Jesús, o mejor dicho se presentó él mismo, en nuestro Club de Escritores, a propósito del último premio que había ganado precisamente con la obra que hoy comentamos: Escombro. Recientemente nos envió un ejemplar dedicado que hoy quería comentar.
El título dice algo de la esencia del libro: una sensación de espíritu derruido cae sobre la humanidad del poeta, una idea de andar por los suelos, una creencia de que a pesar de las ínfulas de las personas, la vida se descompone en fragmentos que cada uno de los poemas de este libro pretende explicar.
Debería repetir lo que dije presentándolo en el Club de Escritores: Su poesía destila una curiosa tranquilidad. Frases generalmente simples, casi sucesión de aforismos a veces aparentemente inconexos. Imágenes sencillas de compleja explicación, sucesión de personas, cosas de la vida (amor, tiempo, emociones, pensamiento...) [...] ...comienza en verso y acaba convirtiéndose en sentencia.
Y digo aquí sentencia en los dos sentidos: aforismo y fallo (y otra vez los dos sentidos: fallo judicial y error humano). Los versos de Jesús explican la condena del humano a una vida de perro, la imagen tal vez más repetida a la largo de la obra y que da sentido al título que he escogido: versos perros, de un animal callejero, carnívoro y desvalido que anda por los campos y las afueras, que sobrevive o vive o se desvive siempre por los caminos. Un ser humano que esconde el animal desvalido que no quiere aceptar.



Comencé la lectura ocasionalmente en un momento libre y pronto tuve que buscar un marcapáginas para señalar frases que no quería olvidar, después papel y lápiz para apuntarlas y finalmente necesité tiempo para releer este libro lleno de ideas de una brillantez sencilla, maravillosa, de un encantamiento especial, de unas aristas suaves pero certeras, de unas definiciones pulcras: un poemario magnífico, sencillamente no un libro cualquiera, sencillamente una serie de poemas que hacen grande a quien los escribe y más grande a quien los lee, sencillamente un libro para no olvidar.
Los poemas breves, al borde del haiku a veces, con frases de greguería, con la sola contención del punto final, cierto ritmo roto y asonancias levísimas. Las imágenes repetidas -muerte, perros, techo, carretera-. Y la propia poesía como tema junto a la idea de un hombre solo, vagabundo, despojo... y poeta. Imposible no pensar mientras se lee, pensar, por ejemplo, que nos dan la vida y la consumimos hasta el escombro, que somos nuestro propio perro, nuestro mejor amigo, nuestro mejor único amigo, y también que en ese animal abandonado, deambula toda la humanidad, toda la historia, toda la vanidad y la banalidad.
Imposible no convertir los versos en citas: "El miedo a la libertad del otro/ dispara a todo lo que vuela"; "Nada muere del todo/ como nadie vive completamente"; "La gente se aferra a su propio miedo/ uno mismo ya no es un lugar seguro"; "El pensamiento es una sombra/ que sale al paso de la luz que viene"; "La poesía es el silencio que sigue a un verso".
La obsesión por definir hace que la sintaxis se vuelva paralelística, sin embargo, Jesús pronto quiebra el verso para perturbar la repetición en juegos de voces (cambios de persona, anteposición de complementos) que despiertan la lectura de sucesiones que sorprenden por la falta de puntuación ortográfica por la que guiarse.
No faltan escritos de su poética, que es también la poética de todos, porque no pretende explicar su creación literaria, sino definirla:

"Dejé pasar el tiempo y perdió fuerza
Hasta que se detuvo en los poemas

Los poemas son animales salvajes
No sirven para nada
Gente que parece no dormir nunca
La belleza es un tigre que te encuentra primero".


Del escombro es lógico que derive la imagen de la ruina, esa ruina humana es en parte su tragedia: ser animal y no aceptarlo, vivir en la naturaleza y contra ella. En el siguiente poema vemos una imagen que supera la tradicional del río como tiempo, para convertir el agua en un trágico círculo que devora a la humanidad. El mar es ahora el que viene a buscar al ser humano para arrastrarlo.

"La lluvia viene haciendo las veces de tiempo
Que es una ruina dejándose caer
La tormenta no es más que un tentáculo del mar
En busca de semillas fracasadas
En medio del torrente el hombre
Ha olvidado subir a los árboles".


Desde que leí El asombro, Jesús me pareció buen escritor. Tengo el recuerdo de haber leido con verdadero deleite Ríos, cuya copia no encuentro en este momento entre maldiciones. Ahora, en Escombro me ha parecido ver completamente un gran libro y un gran poeta.

viernes, 24 de abril de 2009

El dolor perfecto

El dolor perfecto de Ugo Riccarelli es una novela de saga histórica que repasa un periodo reciente de Italia a través de las vivencias de dos familias sobre las que reposa el hilo narrativo.
Aunque en la sinopsis han pretendido ligarla con Cien años de soledad, los parecidos no son en absoluto significativos desde mi punto de vista. Se trata de una novela realista que pretende contar los mitos italianos, pero nada comparable al realismo mágico de Hispanoamérica.
Las familias son opuestas desde su propio nominalismo: unos llevan nombres de personajes clásicos como Telémaco o Ulises mientras que otros se llaman Ideal o Libertad. Lo que no quiere decir que cada uno responda al estereotipo de su familia puesto que dentro de cada una naturalmente surgen continuas voces discordantes contra el progresismo o contra el conservadurismo.
Una de las cuestiones fundamentales en esta historia es la importancia del paisaje que se convierte en el personaje esencial: se transforma por el avance industrial pero la inmutabilidad de su nombre y la observación admirada de los personajes le da un aire de eternidad. La tierra es aquí el centro de la historia, sea para criar cerdos, para criar hijos o para criar revolucionarios, la tierra es la que amamanta a todos.
Estilísticamente, la narración no es neutra sino que se divide en dos partes casi correspondientes a las dos mitades. La primera parte está dominada por el fragmentarismo, la escasez del diálago, la falta de concreción y el predominio absoluto del imperfecto habitual caracterizador de costumbres y usos. A la segunda parte se produce un cambio por el cual los diálogos afloran y las sucesos se cuentan en perfecto abandonando la perspectiva anterior. Si la primera parte tiende al lirismo, la segunda lo hace al drama, al teatro.
La prolongación de la historia y la aglomeración de personajes hace que en ocasiones la historia parezca resumida más que narrada: demasiado tiempo y demasiados personajes, tal vez. De hecho algunos de los que protagonizan la obra al principio no pasan de la mitad, ya que mueren antes, lo que puede dar una idea de la dimensión de la historia.
Podríamos decir que en esta obra Riccarelli ha intentado expresar su visión sobre la lucha entre las dos Italias: la progresista que cree en las utopías y la conservadora que se aferra a los mitos ancestrales.
La obra ha obtenido prestigiosos premios en Italia (Strega) y en España (Campiello).

miércoles, 1 de abril de 2009

Tokyo blues - Norwegian Wood


Con este libro, el afamado autor japonés Haruki Murakami nos ofrece una nueva perspectiva del paso de la adolescencia a la vida adulta. Relata la evolución que experimenta un estudiante universitario de Tokyo mientras profundiza en las relaciones con las personas que lo rodean.
Sus palabras, que tienen un regusto a Salinger, crean una atmósfera opresiva y ligera a la vez; y por ello su prosa llega a ser adictiva.
Sin embargo, la trama descrita a veces se vuelve algo inverosímil, algo inconexa, sin llegar a salir del terreno de lo "puramente imaginado". Esto ocurre porque los personajes son muy complejos, quizás demasiado. Además, nunca podremos tener una imagen clara del protagonista sino a través de los ojos de las personas que lo rodean.
Es, por todo lo mencionado anteriormente, un libro que no transmite emociones claras, sino que el autor parece encaminarlo todo a describir el ambiente que envuelve al protagonista, a describir su progreso moral. Después de leerlo, algunos personajes y hechos quedan dibujados con maestría; pero las tramas y los personajes secundarios quedan desenfocados. Teniendo en cuenta que, seguramente, todos estos detalles sean a propósito, es correcto decir que es recomendable leer este libro, pues cumple con su función: relatar las desventuras de un adolescente.

Trama
El protagonista, Toru Watanabe, rememora sus años universitarios como estudiante en Tokyo cuando, en un aeropuerto europeo, vuelve a escuchar una de las canciones de Los Beatles, Norwegian Wood. Recuerda entonces a Naoko, la antigua novia de su mejor amigo, muerto años atrás.

jueves, 26 de marzo de 2009

Huida al sur de Juan Madrid

Huida al sur es el último título ganador del Premio Edebé, obra de uno de los más reconocidos autores de novela negra: Juan Madrid.
Vaya por delante, que en esta obra se nota -tal vez en exceso- que estamos ante una novela juvenil. No es que sea mala, pero se encuentra muy distante de otros títulos de este autor y evidencia a veces demasiado la simplicidad del lenguaje y de las formas, incluso respecto a otras novelas juveniles como es el caso de Los senderos del tigre. Casi es una novela de un Juan Madrid aprendiz o de otro autor que lo imita, lo que no le quita o le pone mérito a una obra que tal vez por eso pueda tener mayor aceptación popular, quién sabe.
Efectivamente, en Huida hacia el Sur encontramos las obsesiones de Madrid: sus personajes deformes o estirados, creidos o humillados, excluidos o pretendidamente integrados; la trama en puzzle que se va recomponiendo sola; los inmigrantes, los desarraigados, los traficantes, los disparos, las traiciones. Y en medio de todo: el triunfo de la honradez de los que no tienen nada ni lo pretenden.
La novela rinde tributo a Salobreña, su lugar actual de residencia y a una imagen de Andalucía y su continua conexión con el tráfico, la corrupción inmobiliaria y Marruecos, todo en uno.
Las historias independientes de una chica, un joven "medio moro" y unos mafiosos, confluyen en el hotel que sirve de centro tópico y topológico a la narración. La historia se sucede de una forma sencillísima y muy rápida que hace la lectura casi imperceptible.
Aunque tal vez hubiera preferido yo unos personajes menos cargados, la obra tributa al género juvenil su consecuente dosis de moral haciendo héroe al antihéroe como viene siendo habitual ya desde hace tiempo en el cine y la animación. Así que el chico guapo y rico no es precisamente el que gana, como si de un Shreck cualquiera se tratase. Aunque afortunadamente no termina con la feliz unión de todas las parejas posibles, lo que la salva del topicazo total, sí deja bien unidos todos los personajes que habían comenzado la narración insatisfechos, con lo que encontramos de nuevo una clara concesión al género que lo premia.
En conclusión, una novela fácil, esqueleto elemental de novela negra, que bien puede servir para animar a leer a jóvenes que gustan de aventuras realistas y cercanas de fácil lectura.

domingo, 15 de febrero de 2009

Miguel Barceló: Obra africana

No me interesa Barceló, me interesa su obra. No creo en absoluto que sea un genio, pero su obra me parece genial, aunque no se libra de ser una obra de tanteos y de ser abusiva y repetida, tanto como para no eliminar los bodrios -todo vale- que a veces -pocas, pero haylos- se cuelan en medio de una obra espontánea y serena que sale de la tierra misma como los dibujos que la lluvia deja sobre las paredes de las casas.
La primera impresión es esa: las pinturas al agua caen sobre el papel como cae la lluvia, con una mano de pintor nada racionalista (manchas, chorreones, descubrimientos de efectos inesperados...), las texturas y colores proceden del limo, de las arenas, de las fibras vegetales: tópico de regreso a los orígenes que Barceló se empeña en resucitar con cuadros donde se mezcla un dibujo rural y una pintura primitiva.
La continua sensación de que los cuadros son pruebas con felices hallazos se confirma en efectos de realismo y surrealismo repetidos después del eureka. Frecuenta las superfices blancas en que las figuras iluminadas a ras proyectan alargadas sombras, en una prolongación de Chirico.
Los motivos rurales africanos (África es más de lo que muestra Barceló) se repiten en secuencias: mujeres de hermosos culos y vestidos coloristas, cráneos de animales (entre ellos, el hombre), cadáveres de animales dispuestos sacrificialmente para la comida ritual, retratos, paisajes, naturaleza, y muerte. El universo del conocido Barceló en estado no puro, pero sí africano. Los cuadros denotan la experimentación (pintura de pruebas) con materiales naturales (y no tanto, como se puede ver en el satinado de ciertos relieves). Los formatos son cada vez más grandes y la exposición deriva en la cantidad (no siempre en la calidad). A dibujos de colorido inquietante y clásico a partes iguales, siguen cuadros de un solo motivo repetido producto de un hallazgo imposible de eliminar de la exposición por ser de quien es. ¡Qué difícil es separar al autor de su obra! Dios nos libre de lo pintores, de su narcisismo y sus obsesiones, porque por una obra buena nos colarán dos malas. Ellos, que como Barceló intentan hacerse los interesantes, ni siquiera saben lo que pintan y cuando lo saben, resultan pedantes críticos de sí mismos, los pobres.
La obra pictórica y artística de Barceló se adorna -queda bien- con obras escritas -no necesariamente literarias- en las que la lectura rápida no se hace pesada para ser de un pintor. Cuadernos de África, por ejemplo, es una de sus obras escritas en la que cuenta a la manera de un diario, los avatares cotidianos de un pintor, desde la compra a la ventana estropeada, pasando por las pruebas de materiales y los viajes a las metrópolis de este visionario colonial. En el libro, gusta la continua alusión a otros libros y autores de lo más selecto y culto, con lo que Barceló intenta crear su imagen de Narciso intelectual con causa (debo decir que entre mis posesiones bibliográficas más precidas se encuentra la edición de la Divina Comedia ilustrada por él).
La exposición que comento es una recopilación de parte de la obra producida en Mali o después de su recuerdo entre los años 80 y 2000 (hay cuadros hasta de 2006, según vi) y se presentó en el CAC de Málaga después de haber sido expuesta en Dublín. Se trata de una antología pictórica excepcional procedente de museos y colecciones privadas que incluye esculturas, cerámicas, cuadernos y obra en papel.
La exposición concluye hoy mismo -no te des prisas en vistarla- sin que sepamos su próximo destino -si lo tuviera-. La sala, un antiguo mercado, dispone de un espacio casi totalmente diáfano de una altura, iluminación y distribución magníficas. Ha sido la primera exposición que he visitado en este sitio y espero visitarlo más a menudo.
Ojalá Córdoba contara con un espacio similar y no nos tuviéramos que conformar con las salas de exposiciones museísticas de Cajasur -una de las peores salas del mundo y vergüenza ratera de una institución que pretende trabajar por Córdoba, un Monte de Piedad que se quedó en Colina- o con otras salas, buenas como la de Vimcorsa, pero que no poseen ni las dimensiones ni la envergadura para alojar exposiciones como la de Barceló, una obra sin duda de una altura cultural excepcional.

viernes, 6 de febrero de 2009

Varekai de Cirque du soleil



Varekai es un antiguo espectáculo de Cirque du soleil actualmente de gira por España y al que asistí esta semana en Sevilla. El título es una palabra caló que hace alusión a la vida nómada. El espectáculo parte del mito de Ícaro, muy propio para un circo aéreo como este. El protagonista narrativo cae en un bosque que tiene también madrigueras subterráneas y comienza una lucha por el dominio del aire, de la tierra, el agua y el fuego (la luz). Sin embargo, el hilo narrativo es poco más que un hilo que da cobertura a un espectáculo seriado de impresionante factura.

Cirque du soleil es un circo. Conviene decirlo porque a pesar de sus preciosismos, el espectáculo es completamente circense, aunque haya sido despojado de toda la variedad animal -no hay fieras naturales-: tiene payasos, malabares, acróbatas, contorsionistas, trapecistas... Su preciosismo -siempre rondando lo cursi casi sin tocarlo- impresiona en este espectáculo en el que un bailarín paralítico demuestra la belleza suma de la atrofia muscular dando una lección de movimientos sobre muletas. Definitivamente hay que replantearse qué es bailar bien cuando se ve este tipo de hermosísimas evoluciones que rompen estereotipos.

Para ser históricos diríamos que Cirque du soleil representa el aburguesamiento del circo, limpiado de todo popularismo -salvo las palomitas-. El espectáculo se maquilla de tal forma que tiene su zona vip (tapis rouge), hasta champán en el bar y una tienda de precios insoportables (mochila de plástico 55 €, de cuero 150 €; bufanda, 30 €, bolsa mínima de patatas fritas y aire envasado 2,5 €).

El espectáculo, sin embargo, aun producido para carpa, tiene el lastre de la pared con decorado trasero; en este caso una estructura tubular, con fijación única en el suelo que sirve de mástil para los actores y de soporte para una pasarela que cruza la carpa por el techado hasta el cénit donde se localiza uno de los puntos de aparición. Así los bailarines cuentan con tres puntos de llegada: los propios vomitorios del público, el acceso desde el decorado trasero, y el punto cenital de la carpa, origen de las apariciones más fantásticas y aéreas.

La historia basada en un bosque generador condiciona un vestuario magnífico con pocas concesiones al brillo en formas que recrean volúmenes animales y vegetales y en colores planos enriquecidos con gradientes -nunca faltan en circo y variedades- que a pesar de todo no limitan nunca con lo hortera, evidenciando un exquisito gusto y un conocimiento riguroso del contraste cromático, respetado hasta en las combinaciones más abundantes. Faunos y otros motivos mitológicos dan un aire clásico a un montaje artístico con numerosos motivos vegetales y florales (pétalos, rizomas, nervaduras, ramas, hojas...), que encuentran su contrapunto en modelos mecánicos y neoclásicos que representan la antítesis del blanco y el negro en medio de un verdadero arco iris de vestimenta y maquillaje armonizado con auténtico dominio profesional. Las frecuentes luminarias y claroscuros completaban un derroche de colorido y luz cuyo control absoluto sorprende.

Este control del color, de la complejidad artística visual, sorprende igualmente en otros aspectos: el dominio del tempo, de los medios mecánicos, de la sincronía, del sonido... Es un circo artístico tanto como matemático en el que sin ser mecánicos no se encuentra ningún movimiento dejado al azar, a la espontaneidad. Salvo los mozos ocultos (vestidos de negro en los pasillos o en los andamios), los que actúan de mozos sobre la pista, incluso medio fuera de la vista del público se comportan como parte del espectáculo. Posan como decorados mientras actúan sus compañeros y están al salto de un incidente. Hasta el despliegue de una colchoneta ocurre con su pose artística y danzada. Los errores ni se ven. Apenas un figurante moviéndose con desgana -supongo que después de haber hecho lo mismo varios años-, una luz asimétricamente despistada sobre una simetría total de bailarines y vestuario, un exceso de zonas ciegas para una grada circular...Pocas imperfecciones para un espectáculo que roza la excelencia en su estilo.

La música, con apoyo en directo, sinfónica, melodiosa, étnica, subraya el movimiento y recrea en los cantantes una especie de narradores presentes que unen los visual a lo literario poniendo voz a los movimientos.

¿Se me olvida algo? Claro, he ahí la grandeza y miseria de un espectáculo tan emotivo como técnico: hacerte olvidar que estás en un circo. La "fermosa cobertura" impide a veces valorar la pericia de profesionales del circo que se juegan la integridad y el trabajo en peripecias increibles que ya no sorprenden a nadie pero que siguen siendo valor humano: saltos mortales, rizos de rizos, velocidad, fuerza, cuerpos, tesón, armonía y gracia. Y sobre todo, el dominio del aire en el que Cirque du soleil ha puesto siempre su énfasis, como estas cintas aéreas que podéis ver en el vídeo siguiente y que resumen la estética y la ética de un circo matemáticamente hermoso.

domingo, 4 de enero de 2009

El almanaque de mi padre

El almanaque de mi padre es un cómic de Jiro Taniguchi que Planeta ha reeditado completo en español el pasado año. Llegué a él a través de José Antonio Gómez Hernández que mantiene un blog cuyo título se inicia con este autor de manga: Jiro Taniguchi y otros cómics y emociones.
Durante la lectura de esta novela gráfica no pude impedir varias sensaciones:
1º) El recuerdo de la lectura de Maus, puesto que al igual que en la historia gráfica de Art Spiegelman, en El almanaque de mi padre, el autor introduce vivencias autobiográficas con las que examina la relación con su padre.
2º) Acordarme de mi propio padre, de su muerte y revivir mis recuerdos. Algunas apreciaciones son coincidentes y aunque en nada la historia se parece a la mía, era fácil sentir similitudes y llegar a emocionarme fácilmente.
3º) El deseo de seguir una lectura fluida e ininterrumpida.
El almanaque de mi padre cuenta la historia de un chico que comienza a recordar su vida a partir de la noticia de la muerte de su padre del que se encontraba alejado desde hacía quince años, sobre todo, a partir del divorcio de sus padres, trauma principal de su vida y gozne entre la infancia feliz y la juventud frustante.
El retorno al pueblo supone un retorno forzoso también a sus recuerdos que van recomponiéndose puesto que como pasa frecuentemente, están descolocados o mal interpretados. El protagonista llega a la conclusión de que su padre no ha sido tan culpable de su infelicidad como él cree, nota progresivamente que sus recuerdos son injustos y encuentra entre todos ellos el mejor: el sol sobre la tarima de madera de la barbería de su padre en cuyo suelo jugaba de niño mientras su padre trabajaba.
La obra es además una lucha suave entre el pasado y el presente, entre el pueblo y la ciudad, entre hijos y padres, entre padres y madres. Taniguchi vuelve sobre un tópico más que realista: el padre silencioso y distante incapaz de satisfacer las necesidades emocionales de los hijos. No es de extrañar, además, que este tópico se acentúe en Japón, donde el hombre está obligado a trabajar sin descanso y ocultar todo sentimiento (como en muchas sociedades machistas en las que todavía no se ha sabido valorar el sacrificio masculino ante esta tiranía emocional). La imagen que el hijo recuerda constantemente es la espalda silenciosa de su padre pelando a los clientes en la barbería. Esa imagen sintetiza lo que un hombre, un padre, significa: trabajo abnegado, distancia, mecanicismo, disciplina, silencio. A través de la narración, se va descubriendo un padre más sensible, más preocupado, más pendiente de sus hijos que lo que parecía desprenderse de su silencio. La historia termina rehabilitando un nuevo pasado para construir sobre él un nuevo futuro en el que el protagonista no pierda sus raíces, recupere el contacto con su padre a pesar de que ya haya muerto.
Lejos del manga más conocido en Europa, El almanaque de mi padre recrea un cómic costumbrista visualmente occidentalizado profundamente realista. Sólo en algunas ocasiones se notan defectos de bulto -en proporciones, por ejemplo- que sólo podrían achacarse a pereza de un dibujante tan experto.
La lectura fluye como la visión de estas viñetas llenas de vida -cotidiana- en un ambiente de melancólica suavidad, incluso de sonrisa tras la tristeza.
¿Quién ha dicho que hay que quitar las lecturas obligatorias? El almanaque de mi padre debería ser de lectura obligatoria por las emociones que despierta, por las controversias que levanta y por recordarnos la maravillosa sensación de aquel suelo inundado de sol.

sábado, 20 de septiembre de 2008

El síndrome de Mozart

El síndrome de Mozart (premio gran Angular 2003 de Literatura Juvenil) es una novela de Gonzalo Moure Trenor, autor bien conocido por su obra ¡A la mierda la bicicleta!, ganadora también de otro premio de LIJ, el Ciudad de Jaén.
La novela que nos ocupa hoy es una novela típicamente descriptiva sin apenas conflicto, en la que se intenta retratar una situación a partir de varios personajes que de una u otra forma son adolescentes poco comunes, que se sienten además fuera de lugar por su excepcionalidad. Esto le ocurre a la protagonista que focaliza el relato (Irene) y a sus amigos -que no son precisamente alumnos comunes de instituto-. Y más aún le ocurre a Tomás, el joven con síndrome de Williams, que se convierte en asunto central de la historia.
Irene ha llegado de vacaciones a un pueblo asturiano en realidad manipulada por su padre que pretende saber algo sobre Tomi, el chico que todos consideran "retrasado mental" pero con una habilidad musical fuera de lo normal (oído absoluto). El padre va más allá: cree poder demostrar que esta enfermedad que sufre Tomi es la misma que padeció Mozart.
A propósito de este centro temático -el síndrome-, la historia va desgranando situaciones diversas en las que aparecen jóvenes que no son los típicos que estamos acostumbrados a ver a partir de nuestros estereotipos. La misma Irene, y sus dos mejores amigos, son adolescentes peculiares, para nada asimilables a los estereotipos de estudiante de secundaria o adolescente al uso.
Estas situaciones, y especialmente la de Tomi, sirven al autor para reflexionar por boca de Irene acerca del criterio de normalidad en nuestra sociedad.

jueves, 11 de septiembre de 2008

El hombre que confundió a su mujer con un sombrero

No, no es un título fantasioso, es lo que le ocurre al protagonista de la primera historia. Y no, no es un personaje, es una persona real, es lo que le pasaba a una persona real, que entre otras cosas cogió a su mujer por la cabeza para ponérsela confundiéndola con el sombrero.
Y así más historias, historias clínicas presentadas por el neurólogo Sacks, conocido por sus libros de divulgación científica y muy popular a partir de que su obra Despertares fuera llevada al cine.
El libro comienza suscitando sonrisas imposibles de reprimir a pesar de que sepamos que son enfermos. Enfermos que encuentran un buen día una extraña pierna en su cama y la tiran, asombrándose al ver que ellos caen detrás y sin admitir por ello que la pierna sea suya.
Gente que oye canciones con total exactitud anteriores a sus cuatro años de edad y que nunca recordó antes. Personas que no saben hacer cálculos matemáticos pero hallan números primos de doce cifras. Jóvenes que no saben arreglarse pero dibujan con fidelidad un objeto visto anteriormente una sola vez o representan magistralmente obras de teatro.
Y así, decenas de casos conmovedores a los que Sacks despoja de toda exhaustividad clínica para presentar una medicina humana y humanista. Humana, porque una de sus afirmaciones es que al enfermo se le conoce mejor en su ambiente que en la clínica o la residencia, y él los visita, se mete en sus casas si hace falta. Humanista, porque no pierde de vista a filósofos y obras literarias cuyos comentarios salpican la obra y porque la Neurología no la presenta como una ciencia física o química, sino como un arte de comprensión del cerebro humano, donde reposa su mente/alma.
Creo que he leído el libro con absoluta rapidez (en horas sueltas de dos tardes) porque se trata de una lectura que debí hacer al menos cuando apareció en 1985 (en español no aparecerá hasta 2002). Hasta esa época leí bastante sobre casos clínicos. Comencé en el bachillerato por Freud y me fascinó su forma de presentar las historias clínicas estudiándolas igual que Sacks, al hilo de numerosas referencias culturales, musicales, filosóficas y literarias. En la carrera, tuve oportunidad de enriquecer los casos clínicos con los estudios antropológicos y me dio por dedicarme a relacionar lenguaje y semiótica con lo que iba leyendo. Hasta asistí a clase de Castilla del Pino y pedí su consejo para uno de los estudios que hice. Castilla fue siempre uno de los psiquiatras que más relación estableció entre lenguaje y psique, y no ya como realidad, sino como método clínico (su hermenéutica del lenguaje es aún para mí un verdadero descubrimiento). En aquellos años este libro me hubiese gustado tanto o más que ahora porque probablemente me habría servido de referencia en alguno de los trabajos.
Sacks corresponde perfectamente a esa época en la que la Neurología aún podía entenderse de una manera "romántica" como dice él mismo a propósito de Luria. El médico se esfuerza no sólo en comprender la mente, sino en comprender a la persona, incluso, comprender su alma. Aunque no rompe el hilo místico, Sacks no evita mencionar las causas fisiológicas de las alteraciones. Sin embargo, no las convierte en su único objetivo, ni tampoco en su único tratamiento.
Uno de los descubrimientos más sorprendentes de la obra es comprobar que ciertos enfermos no querían curación -otros sí, y se la agradecieron eternamente-, habían encontrado con sus alteraciones una forma de estar y ser en el mundo que para ellos no era anormal, sino propia, característica de ellos mismos. Uno de los pacientes con síndrome de Tourette llega a sentirse anulado con el tratamiento que le quita los espamos, pero lo hace vivir lentamente, y decide vivir entre semana con el tratamiento para poder llevar adelante su trabajo de forma convencional, pero no tomarlo los fines de semana, para seguir siendo en su tiempo libre tal como siempre había sido: un "enfermo" feliz.
El libro, por tanto, más allá del valor médico -poco interesante para nosotros, lectores comunes- tiene un valor filosófico, en cuanto nos obliga continuamente a plantearnos y replantearnos nuestra esencia como seres humanos, el valor de nuestra identidad, nuestras relaciones sociales.
Las historias, narradas con detalle y emoción -Sacks no ahorra sentimentalismo-, nos llevan desde esa sonrisa primera del absurdo de la alteración, hacia una pesadumbre suave que finalmente el autor se empeña en convertir en algo de esperanza. Sin llegar a la antipsiquiatría, Sacks pone de manifiesto los errores que comete la ciencia empeñándose en estudiar al ser humano mecánicamente; errores que también comete la sociedad, maniática de la homogeniedad, forzando a los enfermos a conseguir las habilidades de que carecen, en lugar de potenciarles las que tienen.
Respecto a los aspectos básicos de la Neurología, quedan claros dos fundamentos: el cerebro como una topografía, y su plasticidad. Efectivamente, puede decirse que todas las alteraciones tienen su origen en alguna afectación física del cerebro o del Sistema Nervioso Central, pero igualemente, el cuerpo, el cerebro, dispone de mecanismos para compensar sus propias alteraciones adjudicando misiones a nuevas áreas o funciones.
Pero naturalmente, no todo queda ahí, son muchos los interrogantes -y son eso, porque no pretende darles respuesta- que el autor va dejando al hilo de las historias clínicas. Aunque se aventura a dar su impresión, no impone nunca opiniones y básicamente, deja que el lector construya sus propias conclusiones a partir de los datos orientativos que proporciona.
Igualmente, aparecen asuntos recurrentes en los diferentes casos, entre los que destacan la memoria y la música. De la primera, se llega a decir que es la esencia del ser humano -y no es difícil demostrarlo a tenor de las historias-, además, que lejos de concebirse como un registro estático, la memoria es una construcción humana dinámica. Respecto a la música, llama la atención su potencial ordenador, estructurador de las reacciones mentales como para construir recuerdos o movimientos u otras operaciones.
Si quieres saber más sobre su obra, puedes leer la siguiente entrevista que Eduard Punset hizo a Sacks pinchando en la foto.
Un libro delicioso para las personas que confunden la mente con el cerebro.

domingo, 3 de agosto de 2008

El señor de las moscas

El Señor de las moscas, de William Golding, es un clásico de la Literatura juvenil y podemos decir esto porque responde además a una de las consignas que en Literatura juvenil suelen seguirse: ser una literatura de formación. En ese sentido, el libro cumple más que de sobra el objetivo de contribuir con sus páginas a la formación del joven sin necesidad de caer en la moralina ni en la ramplonería.
Unos chicos sufren un accidente que les deja aislados en una isla sin adultos. La convivencia de grupos y personas dispares y la alarma de la situación hacen que pronto se organicen socialmente con asambleas y reparto de misiones. Sin embargo, poco a poco, la situación se va subvertiendo de manera que los chavales acaban llegando al salvajismo en una especie de vuelta natural a lo peor del primitivismo.
Su lectura, además de la intriga novelesca, no deja de despertar pensamientos sobre el alma humana. Precisamente las personas más sensatas y adultas, son aquellas que acaban siendo más detestadas por los compañeros, como Piggy, el gordito gafotas del que se burlan y que simboliza el sentido común.
La obra escrita con un estilo muy descriptivo poco brillante, nos va llevando de una novela de aventuras a una novela de desgracias en la que la promesa de diversión primera se torna con maestría en terror final.
No cabe duda de que por estos planteamientos su lectura es muy aconsejable en la clase de Filosofía o Ética, porque ayuda a pensar sobre la condición humana a partir de una aventura juvenil.

lunes, 21 de julio de 2008

Eskoria: una novela sobre el acoso escolar

Eskoria es una novela juvenil de Alfredo Gómez Cerdá sobre el acoso escolar (tema que ya tratamos en una ocasión en NOSOLOLIBROS cuando comentamos bibliografía técnica). El autor es un buen conocido de nuestro alumnado con títulos tradicionales como Pupila de Águila. No es la primera vez que Cerdá se aventura a analizar narrativamente problemas de jóvenes, como hizo con el abuso sexual a menores en Anoche hablé con la luna.
Se trata de un tipo de literatura juvenil cercano a la autoayuda y la biblioterapia. Efectivamente, el libro es más recomendable como forma de análisis y autoánalisis, que como disfrute de una lectura de calidad. Es, por tanto, un libro apto para motivar la discusión del tema individualmente o en la clase, más que un libro recomendable como entretenimiento.
La novela tiende a un sencillo análisis psicológico presentándonos los pensamientos diarios de Diego -una víctima- ante el acoso de un grupo -Los Verdugos- de su Instituto, que comparte con Fede -otra víctima- el problema que aboca a un final trágico.
La edición de SM está rematada por textos, direcciones webs y teléfonos gracias a los que se puede profundizar en el tema o encontrar la ayuda necesaria. Algo que no está de más en asuntos como éste, que suelen minimizarse o incluso negarse -aquí estas cosas no pasan, son chiquilladas, esto ha existido siempre...- con el mejor amigo de la injusticia: el silencio.
Al menos, el libro hará que hablemos del tema.

sábado, 12 de julio de 2008

A sangre fría

A sangre fría es la novela más famosa de Truman Capote. Digo novela, aunque en realidad es una crónica novelada de un hecho real. Esto hizo a su autor, vanidoso él e ignorante del realismo europeo, proponerse como inventor de un supuesto nuevo género: la novela de no ficción (non fiction novel).
La obra recoge el asesinato que dos delincuentes reincidentes y de moral desestructurada cometen contra una familia a la que asesinan casi sin necesidad frutrados por no encontrar un botín que creían en el hogar.
La familia asesinada (padre, madre, hija e hijo) constituyen un ejemplo metódico y metodista de la familia perfecta (para los norteamericanos medios) en todos los sentidos, verdadero polo opuesto de los asesinos (típicos asesinos norteamericanos también, desarraigados y viajantes). El hecho conmovió en su momento porque rezumaba crueldad y sin razón y volvía en el fondo a todos un poco más vulnerables.
Truman Capote comenzó enseguida la investigación desplazándose al lugar de los hechos, entrevistando a cientos de personas e incluso intimando con los asesinos a los que llegó a ayudar en su defensa. De aquellas anotaciones y experiencia surge esta A sangre fría, novela de magníficos excesos. El relato minucioso de los hechos queda en un reducto con el más minucioso relato de todas y cada una de las personas del mundo que pudo estar relacionada con el hecho incluso en tercer grado. Así nos encontramos a personajes que conocieron a conocidos de los protagonistas. Y no son personajes que simplemente se nombran. Todos y cada uno aparecen como personas completas y tienen sus páginas de gloria narrativa. Aunque magistralmente narrada, no deja de hacer pensar en ocasiones a qué vendría aquel exceso de derivaciones que nos lleva a personajes curiosos o aburridos nada importantes para la trama. Sin duda, Capote, trasnochado y antiguo, nació en lugar equivocado y tiempo distraido, cuando mejor hubiera estado en nuestro espléndido realismo europeo. Nada envidiaría Clarín ni Galdós de este autor creído, que más que innovador era un tradicional buen contador de historias en las que sabe describir mejor que muchos. No ha sido esta forma de literatura extraña en absoluto (periodismo literario), conocemos miles de casos, y para mencionar uno famoso y más reciente podría traer a García Máquez, y Noticia de un secuestro, donde el escritor periodista demostró ser menos excesivo que Capote pero más efectivo.
A pesar de que las quinientas páginas quedarían mejor en doscientas, Truman Capote dejó hecho todo el trabajo a los guionistas de la película pues bastaba con ir al hecho nuclear que ocupa pocas páginas. Y se han hecho varias películas, no sólo de la novela, sino también de la investigación que llevó a cabo Capote (algunas películas no lo dejan en buen lugar al acusarlo de manipular su relación con los asesinos para obtener más éxito).
Sin embargo, a pesar de saberse uno llevado fuera de los límites de la historia, no puede dejar de leer una historia vulgar contada de manera absorbente.

Kafka y la muñeca viajera

Un artículo de César Aira en Babelia motivó que Jordi Sierra i Fabra escribiera esta novela basada en un hecho real.
Según confesiones de Dora, la pareja de Kafka, el autor había escrito cartas de una muñeca durante tres semanas para tranquilizar a una niña a la que había encontrado llorando en el parque por haber perdido a su muñeca. A pesar de la fidelidad del testimonio y las intensas búsquedas, ni la niña ni las cartas aparecieron nunca. Jordi Sierra se aventuró, pues, a recrear el extraordinario hecho, reconstruyendo a su manera los últimos días de Kafka -moriría pronto- junto a Dora y escribiendo ficticias cartas de una muñeca a una niña llamada Elsi.
La novela, que ganó el Premio Nacional de Literatura Juvenil del año pasado, tal como anunciamos en su momento, es una breve obra ilustrada por Pep Montserrat en tonos grisáceos muy kafkianos.
A partir de conocer el origen de la historia, es lógico que la novela avance sin sorpresas y que deposite su interés exclusivamente en el tono lírico y sentimental con el que presenta la historia. Las novela es un breve ejercicio narrativo por un lado (es como escribir a partir de consignas), y también un ejercicio didáctico centrado en el mensaje de la vida como un camino de aprendizaje de la propia libertad (la niña debe aprender a desprenderse de su muñeca fortalecida por lo que le ha ayudado a madurar como para hacerla independiente).

martes, 8 de julio de 2008

Los girasoles ciegos

Los girasoles ciegos es un libro en el que su autor, Alberto Méndez, recoge cuatro historias con una idea común: la derrota frente al maremagnum de la Guerra Civil española y su más oscura postguerra. Las historias (Si el corazón pensara dejaría de latir, Manuscrito encontrado en el olvido, El idioma de los muertos y Los girasoles ciegos) concluyen con la que da título al libro.
Alguno de estos relatos ya habían sido publicados, como es el caso del segundo, finalista del Premio Internacional de Cuento Max Aub 2002.
En todos ellos encontramos personajes enfrentados a una muerte segura cuyos pasos intentan aminorar, si no detener. En el tercero de los relatos se menciona a Sherezade y es precisamente esa imagen la que podría servir de metáfora del libro, protagonizado por personas -más que personajes- que intentan aplazar su encuentro con la muerte en una difícil relación con el enemigo, una muerte que depende del poder de otra persona, de un poder egoista y arbitrario.
Debo la lectura de este libro no sólo a la recomendación de Isabel, que ya lo dejó dicho en un comentario, sino a su préstamo, que había hecho de este libro uno de los del furgón de cola de mis lecturas durante varios meses. Y me alegro de haber postergado un placer digno de los dioses literarios, porque las historias no sólo son interesantes y emocionantes, sino que aparecen contadas con una riqueza de matices y léxico poco frecuentes últimamente. Las historias se narran además en perspectivas diferentes formando un rompecabezas donde todo encaja suavemente.
La solapa del libro se lee con la desazón de descubrir un nuevo valor de la literatura española cuando ya ha fallecido (Alberto Méndez murió a los ocho meses de ver publicado este su único libro). La película -dirigida por Cuerda y basada en la última de las historias- añade además el hecho de constituir el último trabajo de Azcona, su guionista, que ha fallecido antes de verla estrenada. Nada que ver estas muertes de sus creadores en la libertad que nos han dejado estas magníficas obras, con las de sus personajes, coartados y sumidos en un estrecho túnel que los lleva hasta la cloaca de sus enemigos.

En la película, encontramos la historia de un profesor que se esconde en el armario de su casa para no ser descubierto por los franquistas y que vive con su hijo y su mujer, a quien corteja un diácono del colegio del niño. En este tráiler -Maribel Verdú como protagonista- repasamos momentos en los que podemos reconocer frases y escenas exactas del relato.



Una historia -unas historias- realmente impresionantes que dejan al lector felizmente herido por su lectura.

lunes, 7 de julio de 2008

Homero, Iliada

Homero, Iliada es una versión del famoso clásico realizada por Alessandro Baricco, conocido sobre todo por el éxito de su novela corta Seda.
Esta versión de la Iliada va precedida de las explicaciones del autor respecto a las transformaciones que ha realizado para adaptarla. La peculiaridad de esta adaptación es que no estaba primariamente dirigida a la edición escrita, sino a la lectura pública: se trataba de hacer una versión de la Iliada que pudiera ser leída en un espectáculo público.
Las intervenciones fueron las siguientes: eliminar partes, particularmente las intervenciones de los dioses, adaptar el estilo huyendo del arcaismo, utilizar el narrador en primera persona, e incluir algunas adiciones.
Así fue leído en Roma y Turín en 2004 el texto ante más de diez mil personas que pagaron por escucharlo, además de los que lo siguieron por la radio.
¿Y es bueno también el resultado para leerlo? Sin duda. El resultado es magnífico. La historia no pierde nada, simplemente convierte la epopeya en novela, dejándola en el núcleo narrativo, en una historia que se transmite, sin embargo, con una fuerza cercana y mágica a la vez. Un resultado aconsejable para acercar la Iliada a los estudiantes de secundaria.
No tan acertada es la apostilla que se añade al final de la obra y que sobra totalmente y en la que el autor parece intentar conseguir que los clásicos tengan hoy una justificación políticamente correcta: un intento absurdo de pedir perdón por disfrutar de una novela de guerra.
La viveza del resultado y la explicación del origen del libro animan además a pensar en la posibilidad de organizar una lectura pública de esta historia de la guerra más universal, la guerra de Troya.

jueves, 3 de julio de 2008

Versos al nunca jamás

Versos al nunca jamás es un libro de poesía, sí, pero de LIJ. No se trata de un libro de poemas en el que se antologan los versos más sencillos de uno o varios autores, sino que son versos escritos desde el principio con intención de dirigirse a preadolescentes.
Este empeño ya es de agradecer, porque aunque no sea el único, la verdad es que frente al boom de la novela juvenil no hemos encontrado nunca nada parecido en la poesía.
El problema es sin embargo el siguiente: ¿qué sería una poesía juvenil? En la prosa la cosa está más clara: la literatura juvenil se caracteriza frecuentemente por una lecturabilidad adaptada y unos protagonistas homólogos, es decir, jóvenes, junto a una reproducción de mundos juveniles. ¿Pero y en la poesía?
Enrique Pérez Díaz, autor de Versos al nunca jamás, escoge los cuentos infantiles, los de toda la vida, los tradicionales (verbigracia, la bella durmiente), para reflexionar sobre la vida, de forma que enfrenta a los preadolescentes a una cierta vejez anticipada cuando plantea el libro repetidamente la infancia perdida o por perder. Es una manera de verlo: hagamos que los adolescentes se conviertan en lectores reflexivos de poesía, reflexionando sobre su propio pasado. No es de extrañar que al final del libro encontremos poemas como Identidad, o que el epílogo se subtitule Adiós, infancia.
Es, por tanto, este libro una oportunidad para hacer madurar a la persona y al incipiente lector de poesía. Mi única duda es si se trata de un libro cuyo sabor, profundidad y calado puede disfrutarse a solas -completamente a solas- como ocurre con las novelas juveniles, o estaría necesitado de una ayuda del profesorado para poder llegar al fondo de las cuestiones, o por lo menos, pasar de la primera capa que cubre a veces esta poesía juvenil con demasiadas asonancias.
La edición incluye ilustraciones de Alejandro Magallanes nada preciosistas que van en la misma línea de la reflexión sobre contornos difusos, temblorosos y rellenos imperfectos en un contraste fortísimo de amarillo y negro.
Bienvenidos libros como estos.
Y ahora un grito inevitable:

¡Malditos poetas, escribid libros para los jóvenes!

Las ballenas cautivas

Las ballenas cautivas de Carlos Villanes Cairo es más que un clásico, un longseller como gusta nombrar ahora a libros de éxito comercial que se mantienen en el mercado largo tiempo.

El libro es una novelita transparente en todos los sentidos. Su título lo dice todo, no hay sorpresa alguna y construye una historia sin ninguna complicación muy fácil de prever.

Quien no la haya leído puede hacerse una idea exacta de ella si ha visto alguna vez esos telefilmes americanos que Antena 3 programaba frecuentemente los domingos presentando una pequeña catástrofe ante la familia.

Como era de esperar, la historia comienza cuando dos ballenas quedan atrapadas entre el hielo. Ante la catástrofe encontramos dos grupos de personajes: los esquimales que representan el tópico del buen salvaje (se comunican con los animales) y los occidentales, generalmente más preocupados por cuestiones económicas que por el ecologismo. Y por supuesto, no podían faltar los medios de comunicación que de hito en hito cuentan la historia revelando su importancia.

Un auténtico guión de TV más que una novela, que los chavales leerán con suma facilidad y que puede servir muy bien para plantear temas relacionados con las Ciencias Naturales.

miércoles, 14 de mayo de 2008

Firminillo de Tormes

Tras la divertida idea de una historia protagonizada por una rata que aprende a leer devorando libros, encontramos en Firmin, de Sam Savage, una novela amarga que hace reír en ocasiones.
Como si se tratara de una novela picaresca, vemos un relato autobiográfico dirigido a un "usted" continuo como el "vuestra merced" del Lazarillo de Tormes, con quien lo une asimismo el provenir de dudosa familia, el pasar de amo en amo y el intentar pactar con la vida algun trance de felicidad entre tanta miseria.
Firmin además, es el relato de un mundo que se acaba, el del barrio donde vive, el de las personas a las que ama y el de los lectores y los libros en general. No sería nada aventurado tildarla de novela antiburguesa, más aún teniendo en cuenta que su protagonista acaba haciéndose una idea bastante acertada de cómo son los burgueses aun sin haberlos vivido de cerca.
Divertida y con atisbos de genialidad, en ocasiones parece perder su empuje inicial y finalmente termina dejando ganas de más. La nota final del autor da una nueva vuelta a su triste significado. No se puede dejar de leer, es uno de los alicientes de esta temporada.
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