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miércoles, 5 de octubre de 2011

Por un Proyecto Lingüístico minimalista en el CEP de Marbella

Ayer tuvimos la primera reunión en el CEP de Marbella para hablar sobre asesoramiento en Proyecto Lingüístico. En la zona ya hay varios centros que comenzaron a trabajar en este sentido y desean continuar profundizando este año. Para mí resulta alentador y estimulante poder participar en un proceso complejo con unos participantes tan decididos; los primeros, los asesoras y asesores del CEP de Marbella con quienes me encontré en esta sesión para discutir cómo ayudar en el desarrollo de un proyecto tan complejo en el que se dejan notar demasiado los déficit de formación del profesorado en general ya que hablamos de implicar al claustro en una aventura muy superior a su especialidad y con poca tradición en Andalucía y en España.

Servicio postventa

A veces, algún compañero se ha referido a que los asesores no somos vendedores de libros, o vendedores de formación; bueno, aprovechando esta chanza, no está de más situarnos en el momento en que nos encontramos: el servicio postventa. Efectivamente, los centros ya han adquirido el Proyecto Lingüístico y están contentos con su apropiación, sin embargo, se dan cuenta de que no es una máquina que funciona sola, sino un organismo al que hay que dar vida.
Más de lo que se debería, el servicio postventa es el que falla en la adquisición de novedades. Uno se va a casa con el frigorífico que hace lo que no hacía el antiguo pero luego vienen los problemas con el funcionamiento, el ruido, la instalación, la conservación, el mantenimiento. En la formación ocurre igual, como ocurre en muchos órdenes de la vida. Comentaba un traumatólogo que uno de los mayores defectos de algunos de sus colegas era centrarse en la operación quirúrgica y despreocuparse del proceso posterior de seguimiento y rehabilitación. Poner la cadera del titanio más sólido es una hazaña espectacular cuando no se cuenta lo espectacular que es una rehabilitación para quien tiene un trasto de este tipo metido en su cuerpo.
Pues igual nos ocurre: en ocasiones vendemos novedades pedagógicas que adquieren compañeros y compañeras con entusisasmo, que no sabemos mantener por un inadecuado o inexistente servicio postventa -véase lo que pasa en ocasiones con las competencias básicas-.
Y ojo, que la postventa comienza desde el principio: cómo instalarlo, cómo ponerlo en marcha, como rentabilizarlo, cómo usarlo, colocarlo y protegerlo... Probablemente haya más trabajo en el servicio postventa que en el de venta.
El Proyecto Lingüístico es un buen ejemplo de que sin un servicio postventa, mejor no vender. A veces pasamos demasiado tiempo en recomendar cambios que no podrían desarrollarse si nos aseguráramos de que son sostenibles con éxito.

Minimalismo y síndrome de Estocolmo

Para la sesión prefería prescindir de las diapositivas y centrarme en un listado algo caótico de un documento que estoy preparando en el que hablo de mi idea de Proyecto Lingüístico: los tres tipos de medidas, las reglas para toma de decisiones sobre las medidas adecuadas, las cualidades que debe tener cada medida,  actividades recomendadas, aviso de peligros y no sé qué más que pondré en orden y publicaré cuando pueda más adelante con detalle. El caso es que todo se sintetiza en un conjunto de medidas y nada más. Porque el Proyecto Lingüístico de Centro es eso esencialmente: un conjunto de medidas. Lo demás son preámbulos, exégesis, fundamentaciones, pero no el proyecto en sí. Visto de esta manera, el proyecto puede ocupar escasamente un folio y hete aquí que esto suele concitar la resistencia de quienes se aventuran en ello, porque consideran que un proyecto debe tener un grosor documental considerable para suscitar respeto.
Ocurre -o por lo menos es mi impresión últimamente de algunos encuentros con profesorado- que la tan criticada burocracia por la que se piden documentos -¡papeles, papeles!- ha hecho mella hasta tal punto que el propio profesorado que la criticaba empieza a demandarla en una suerte de perverso síndrome de Estocolmo. Así, cuando explico que ciertos planes y proyectos tienen dos o tres partes, veo miradas extrañas, como si las partes de un plan o proyecto debieran ser quince o veinte, cuando menos diez, para ser un proyecto en condiciones. Y aunque insistas en que el documento es secundario y debe ser sintético, muy pocos se resisten a las largas introducciones, incluso a la cita de autoridades (para mantener lo que todo el mundo mantiene).
Por eso quería hoy mencionar sólo una de las tres reglas que he creído fundamentales: el proyecto debe basarse en la mínima cantidad de medidas posibles dentro de las que tengan el mayor alcance respecto al profesorado. Esto es: mínima cantidad, máximo alcance.
Cuando se redactan o construyen proyectos existe un complejo del cuervo que incita a acumular medidas algunas de las cuales son irrelevantes, tienen poco alcance, no inciden directamente sobre los objetivos o distraen del desarrollo de las medidas que deberían haberse tomado (conviene distinguir entre medidas centrales, no centrales y de apoyo, porque todas las medidas no son estructurales). Las decisiones estratégicas son fundamentales y avisan de que la moderación cuantitativa es una auténtica virtud, tanto que casi podría enunciarse la ley de que es directamente proporcional a la calidad. O sea, a más moderación en la cantidad de medidas, más calidad, no necesariamente más abandono de los frentes de actuación.
Y en esa creencia minimalista andamos procurando que las medidas adoptadas sean muy selectas y sin embargo adoptadas, procuradas y trabajadas con ahínco.
Una oportunidad magnífica para enriquecer el aprendizaje con los centros y formaciones que ya llevo en Córdoba la que me ofrece el CEP de Marbella porque la experiencia de poder seguir la evolución durante un curso, tener acceso a las experiencias de centros diferentes, niveles diferentes y asignaturas y profesorado completamente diferente, es para los que nos dedicamos a la formación del profesorado en este ámbito, una ocasión impagable que desde luego no me perdería por nada del mundo.

domingo, 5 de julio de 2009

Apadrinamiento lector III: cuentos gigantes


Ya he hablado otros años de los cuentos gigantes que usamos al final de los apadrinamientos lectores. Todo el que los ve, dice lo mismo: ¡qué bonitos son! Y realmente es así. Aunque sean nada más que versiones a lo grande de cuentos infantiles, el mimo del trazo de las abuelas con sus lápices de colores y la dirección de Isidro, su maestro eterno, que tiene ya un extraordinario dominio, le dan a cada lámina un aire a la vez muy infantil y muy maduro.


Para los cuentos gigantes se forman grupos. Se trata de lecturas diferentes en las que cada grupo de alumnos y alumnas de 3º de secundaria lee un cuento a toda la clase de infantil de cinco años. Y no creáis que tiene poco trabajo, porque realmente este año se afanaron: ensayos, atrezzo, vestuario, voces, guiones...

Y luego la excursión al colegio de al lado con el caballete, las láminas, los cartones, los globos, lo que fuera.
Nunca pensamos que las cabezas de cartón de una jirafa o una vaca iban a tener tanto éxito, pero lo cierto es que al final de la lectura se las disputaban.


Y no todo son cuentos, también leen adivinanzas y rimas. Para las adivinanzas prepararon hasta coreografías. Estas chicas y chicos van para animadores de campamento (o de biblioteca, quién sabe).



Naturalmente no todo el mundo nos mira con buenos ojos. Cuando pasa la gente por la biblioteca en los ensayos, ve y escucha cosas poco comunes para el silencio sepulcral bibliotecario: chicos y chicas recortando cartones, coloreándose la cara, dando palmadas y porrazos, bailando, leyendo a gritos cuentos infantiles...

Estos están locos. La enseñanza ha perdido su rumbo. Las bibliotecas ya no son lo que eran. Pero claro, esos son los que no saben nada de las fábricas: las fábricas siempre hacen ruido, y las bibliotecas también son fábricas de palabras, y las palabras y las fábricas, las dos cosas hacen ruido.



Pero lo que más ruido hace, lo que más ruido, mucho, mucho...


... son las risas. Porque mira que nos hemos reído, mucho, pero mucho, mucho.

miércoles, 10 de junio de 2009

Apadrinamiento lector II: nuestros cuentos artesanos



Para la segunda sesión no tuvimos que preparar lecturas, sino escritura: había que escribir y editar artesanalmente un cuento para llevárselo al ahijado o ahijada. Los pequeños también iban a preparar un poema que copiado leerían a sus madrinas y padrinos.
Y claro, surge la desesperación de no saber dibujar, de creerse sin imaginación ni creatividad. Algunos necesitaron, sin embargo, pocas indicaciones para comenzar el guión en el que sólo tenían que dividir la historia en un mínimo de diez cartelas correspondientes a diez viñetas (o más). Después de la revisión del texto, comenzaban la ilustración: los hubo a ordenador, los hubo a lápiz, y muchos con acuarela.



Para finalizar sólo había que tener unas nociones elementales de las partes de un libro y las características de un cuento infantil: simplicidad y elegancia, tamaño apropiado, su cubierta, su contracubierta, las guardas, la tripa...

¿Que a algunos le ayudaron sus familiares? Bah, poca cosa hicieron: sé de casos en que ayudaron hasta los vecinos. ¿Quién han dicho que esto es cosa de uno? Aquí ponemos a todos a trabajar. Nuestros alumnos y alumnas saben poner a remar a todos los que los rodean, demasiado trabajo para una sola persona, hay que saber dirigir equipos.

Y allá que fueron estos aprendices de escritores, ilustradores, editores, lectores...a llevarles los cuentos a sus ahijados y ahijadas. La sesión fue como la vez anterior: terminaba un cuento y pedían otro, y así anduvieron intercambiando de aca para allá. Los peques también leyeron sus poemas y regalaron su hoja con todo el cariño. Pero los mayores se vinieron con sus trabajosos cuentos, ¡lástima no haber hecho más de uno! Algunos, no obstante, prometieron volver con ellos para regalárselos definitivamente por la insistencia, y así fue.

Siguieron la lectura como si se tratara de cuentos profesionales aunque no evitaron las críticas en su caso: eso no parece una manzana, parece una pelota, le falta el cabo, decía un niño. Trae otro que este no me gusta, decía otro. Y también los había que seguían no sólo con atención sino con deleite tocando las texturas de una cubierta hecha con telas y algodones.
Y así se pasaba la hora y tuve que llamarlos para sacarlos de este mundo de los libros en el que estaban metiéndose sin darse cuenta con gran peligro de su futuro.

CONTINUARÁ

jueves, 4 de junio de 2009

Apadrinamiento lector I: Exposición de cuentos infantiles






Durante el último trimestre hemos escogido cuentos infantiles para exponer procedentes de los préstamos colectivos que regularmente nos proporciona la Biblioteca Municipal. Este préstamo nos sirvió además para comenzar las lecturas con vistas al apadrinamiento lector que todos los años realiza el alumnado de 3º de secundaria. Así que los libros han estado expuestos y además han constituido durante unos días la lectura de los chicos y chicas de 3º.



Una de las cosas curiosas que ocurrían eran las miradas de soslayo, como para coger el libro con los ojos sin que nadie creyera que un joven se interesa por cuentos infantiles. Como tenemos algunos expositores prácticamente encima de los ordenadores, ya vi alguna alumna de bachillerato que junto a un compañero mientras aconsejaba sobre la pantalla, cogía un cuento y lo hojeaba.
Más curioso resultó para algunas alumnas abrir los libros y como conservan el sobre con la tarjeta de lectores antigua, comprobar que ellas mismas habían leído el cuento de pequeñas. "¡Qué fuerte!", exclamaban, supongo que abrumadas por el paso del tiempo y sus huellas indelebles.



Aunque cada lectura tiene su interés y no se trata precisamente de libros actuales, quería destacar estos cuatro cuyas cubiertas ilustran esta nota. El del topo fue sin duda el que más divirtió y sobre el que más interés mostraron padrinos y ahijados, supongo que ambos creyendo que el entretenimiento estaba garantizado. Por su parte, ¡No quiero verte más!, es tal vez uno de los más originales por muchas razones, pero sobre todo por su estructura: termina en el centro, ya que se trata de un cuento de dos caras; a partir de cada una de ellas se cuenta la misma historia -la pelea entre dos amigos- pero desde la perspectiva de cada uno en cada caso. La reconciliación se encuentra en el interior, una frase que pone de manifiesto lo raro de este cuento (con final interno) y la verdad de los sentimientos (también con final interno).
Rosa caramelo me hizo gracia porque fue escogido por unas niñas atraidas por el color rosa. No pude quedarme a ver su sorpresa porque precisamente el cuento lo que pretende es superar el sexismo de ciertas costumbres simbolizado en el color.
Y el último es elección personal mía: un libro sobre libros es una buena idea ¿Quién teme al libro feroz?. Pero nadie lo escogió y tal vez no sea sino porque las cosas tienen que ser otra cosa, no lo mismo y probablemente los libros y las películas que gustan son los libros y las películas sobre historias, y no sobre ellos mismos.



Durante unos días, pues, estuvieron leyéndolos en la biblioteca y rellenaban una ficha hasta escoger uno para leerles a su ahijado o ahijada. Como pasa con casi todo, el valor de algunos cuentos subía en el mercado de las preferencias pues todos lo querían elegir, pero finalmente no hubo problemas: los niños y niñas estaban tan atentos, que les dio tiempo a intercambiarlos y leer tres cada uno más o menos. Si no llego a interrumpir las lecturas por la hora, tal vez hubiéramos acabado leyéndolos todos a todos.
Y con esas lecturas, sentados en el suelo, acabaron las primeras sesiones de contacto en el que hasta tirados bajo el sol que entraba por el ventanal algunos leían tan bien como sus padrinos y madrinas, que estaban preparando ya entonces un cuento propio autoeditado para leerles en la siguiente sesión.

miércoles, 4 de junio de 2008

Apadrinamiento lector




Hoy ha concluido el apadrinamiento lector de este curso con la natural algarabía de una actividad tan entrañable.
En el álbum de fotos podéis ver los materiales usados (cuentos de la Biblioteca Municipal, cuentos gigantes, adivinanzas y cuentos hechos por los propios alumnos), los ensayos y las lecturas a solas, en parejas, en grupo o todos juntos.
Nuestro apadrinamiento involucra a tres centros educativos: el Centro de Adultos de Fernán Núñez, el Instituto Francisco de los Ríos y el Colegio de Educación infantil y Primaria Fernando Miranda; y naturalmente, tres generaciones: las abuelas, que hacen los cuentos gigantes; los jóvenes, que van a leer; y los niños que nos reciben con curiosidad y sonrisas (eso sin contar a la cuarta generación que constituimos los adultos profesores del Colegio y del Instituto y la Biblioteca Municipal que proporciona su material). O sea, una verdadera fiesta de la tribu (lectora).
Comenzamos haciendo sesiones en la Biblioteca Municipal en la que el alumnado lee tres cuentos infantiles de los que rellena una ficha y selecciona uno para su lectura. Con unas indicaciones sobre cómo debe realizarse la lectura a los niños y las características que tienen los cuentos infantiles, comienzan los ensayos de lectura de sus cuentos y de los cuentos gigantes, además de los borradores de los cuentos propios que escribirán y editarán para leer a sus apadrinados (leen unos a otros, leen en grupos, reparten tareas, se comentan los borradores...).
Después de las primeras lecturas, se comentan los fallos y se explican las partes que debe tener un cuento editado. Hay que insistir mucho en que las ilustraciones no deben ser perfectas, que los niños no aprecian tanto la perfección técnica como el colorido, la imaginación, la claridad... Respecto al texto, conviene dar instrucciones muy precisas, ya que desconocen las condiciones del destinatario infantil que necesita cuentos con poco texto, muy claro y con letra grande.
Este año hemos tenido menos tiempo para las sesiones, pero el resultado ha sido magnífico. Los grupos se han volcado en las lecturas finales y la última sesión tanto leyendo los cuentos que habían escrito ellos mismos, como los gigantes, demostraron que eran capaces de atraer su atención y entusiasmo. Además, para hacer la lectura más atractiva, se ocuparon espontáneamente de acompañar sus cuentos con algunos detalles de gestos y adornos. Al final, la lectura de las adivinanzas colmó todas las expectativas al convertirse en una sesión participativa, divertida y llena del contagioso jolgorio de los niños.
Gracias a todos: a las maestras de infantil, a sus niños y niñas, a las abuelas del Centro de Adultos y a su profesor, Isidro; a la Biblioteca Municipal y a su bibliotecario, Juan Jesús, a todos vosotros y vosotras.
¡Si fueran así todos los días nadie querría abandonar jamás la escuela!

martes, 3 de junio de 2008

Cuentos gigantes




Estos días la decoración de la biblioteca ha cambiado un poco: había cuentos infantiles, adivinanzas, un kamishibai, y sobre todo, cuentos gigantes. Todos estos materiales sirven al alumnado para preparar el apadrinamiento lector del que hablaremos en otra ocasión.
Los cuentos gigantes son una iniciativa de Isidro Dugo, entusiasta maestro del Centro de Adultos de Fernán Núñez. Isidro usa literatura infantil y juvenil para motivar a "sus abuelas", que lo quieren con locura. Asiste a colegios a contar cuentos, lleva un programa de radio sobre lecturas, organiza lecturas y visitas de escritores y particularmente dedica mucho tiempo junto a esas adorables señoras a realizar los cuentos gigantes que adornan ferias del libro, bibliotecas municipales, y en este caso, nos sirven a nosotros para dar un aire nuevo y contarles cuentos a los más pequeños.
Isidro es un gran conocedor de la LIJ y cada año elige al menos un cuento para reproducirlo a tamaño gigante sobre papel guarro que plastifica posteriormente con un esmero que siempre he envidiado. Por las tardes, él y "sus abuelas" como esas cuyos nombres veis bajo el título de "copistas" en una de las fotos, se dedican a dibujar pacientemente con lápices de colores un cuento infantil eligiendo colores y trazos, intensidades y formas, para conseguir estas preciosidades que lustran e ilustran nuestros ojos.
Isidro, gracias por todo; abuelas, muchas gracias.
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