Los juegos a veces no transmiten la realidad o al menos, no la completan. Aquellos soldados de plástico que servían de juego inocente para la guerra infantil ocultaban otras caras de la misma moneda como esta que muestran los soldados de Dorothy que presentan además otras caras desagradables de la verdad.
martes, 31 de enero de 2012
Jugar a la guerra en el día de la paz
Los juegos a veces no transmiten la realidad o al menos, no la completan. Aquellos soldados de plástico que servían de juego inocente para la guerra infantil ocultaban otras caras de la misma moneda como esta que muestran los soldados de Dorothy que presentan además otras caras desagradables de la verdad.
viernes, 18 de abril de 2008
El sufrimiento sin fin


¡Alto! No más guerras

Campaña realizada por la agencia TBWA/MAP, París. Creativos: Sebastien Vacherot, Manoelle van der Vaeren
Fuente: Adsoftheword, vía Ateneu Popular
martes, 29 de enero de 2008
Alquilo paz y vendo guerra
La paz vende.
Poned a los niños y niñas a dibujar y colorear palomitas, que yo mientras
30 de enero, Día escolar de la Paz y la No violencia (total, por un día)
Todo nazis

El matrimonio vivió en Berlín entre 1942 y 1944, donde él trabajaba como agregado agrícola de la embajada española. Y fue entonces cuando no dudaron en ayudar a varias mujeres judías, a quienes ocultaron en su casa. Primero fue a Gertrud, la costurera; luego contrataron como niñera a Ruth, y finalmente a la madre de ésta.
Cuando los Santaella se trasladaron a Suiza, perdieron todo contacto con la joven Ruth, con su madre y la señora Neuman. Sin embargo, años después, el testimonio de Ruth sirvió para incluir sus nombres junto al de otros gentiles que ayudaron a judíos durante el Holocausto.
Hoy, Ruth vive en Estados Unidos y aún mantiene contacto con Carmen y una de sus hijas, Margarita Ruiz Schrader, hasta hace poco jefa de protocolo del Ayuntamiento de Córdoba.
Los años pasan, y el ejemplo de Anna Frank y su diario no hace sino acrecentarse. Muchas novelas publicadas en colecciones juveniles abordan el asunto desde distintas perspectivas. Muscha es sin ninguna duda una de las más conmovedoras por basarse en la biografía de un niño gitano adoptado que sufre la crueldad de una política obsesionada con la epidermis.
La época nazi continúa ejerciendo una amarga fascinación literaria. Los éxitos de este año pasado lo corroboran.
El niño con el pijama de rayas de John Boyne ha sido probablemente el mayor éxito de ventas. Gracias a él, vemos el conflicto desde los ignorantes ojos de un niño, hijo de un alto cargo nazi, cuyo final desgraciado transmite la ceguera del holocausto.
Esa misma ceguera se transmite en Maus, basada en la historia del padre del autor, Art Spiegelman, que si bien obtuvo ya en el 92 el premio Pulitzer, ha sido reeditada en español. Un cómic en el que los seres humanos aparecen retratados como animales (los alemanes son gatos y los judíos, ratones) y que está considerado entre los mejores de la historia de este Arte.
Pero la novela que más originalmente ha retratado la época es probablemente La ladrona de libros, de Markus Zusak, una novela profunda y profusamente lírica, plagada de cortas y hermosas digresiones, en la que también hay niños, judíos que se refugian, ignorancia, amargura, y una muerte que no es la protagonista, sino la narradora.
Esta historia, estas historias, como las de la Guerra Civil, constituyen tal vez la más cercana herida de nuestra propia memoria, que a base de recordar, probablemente olvide las tragedias que tiene a su alrededor.
30 de enero, Día escolar de la Paz y la No violencia.
lunes, 28 de enero de 2008
Las guerras tienen mucho teatro
Grupo de Teatro Hypnos de nuestro IES en Lisistrata
Lisístrata, de Aristófanes, es un clásico entre los clásicos sobre la guerra. Es que en el fondo la guerra es de risa. Si no que se lo pregunten a estos pobres hombres que tienen que elegir entre hacer la guerra o hacer el amor: ¡los griegos clásicos inventaron ya el lema de los hippies! ¿Hay alguna duda sobre cuál es la elección correcta?
Francisco Nieva
Estos clásicos han sido imitados sin cesar. Y quien mejor lo ha hecho en este caso ha sido Francisco Nieva, que en su obra La Paz satiriza a todo bicho viviente y trascendente. Una verdadera tragicomedia moderna con coro, dioses, escarabajos peloteros, héroes y prostitutas.
No fue el único en el intento. Las guerras clásicas -Troya es Troya- han concentrado todas las lecturas: las guerras son siempre las mismas. Giraudoux vive el periodo de entreguerras europeo y ve en él un trasunto de guerras pasadas -La guerra de Troya no tendrá lugar-. Terminada la I Guerra Mundial, temía que se produjera la II, y a pesar de todo, tuvo lugar.
Es lógico que la gran guerra concite a todos los autores, europeos y etnocéntricos y por tanto, preocupados por sus propias guerras. Bertolt Brecht escribió varias obras sobre la guerra de la que huía. Aunque Madre coraje es la más conocida -muy lejos de lo que el tópico ha convertido hoy en una madre coraje-, destaca ¿Quién me compra el hierro?, obra breve, escrita en Suecia, en la que personifica a los países europeos criticando a cada cual su participación en la catástrofe nazi.
Pero al final, las guerras, sobre todo cuando no se viven, dan pena, y de pura pena, dan risa. Y eso es lo que refleja Arrabal en Pic-Nic, probablemente la obra más representada en centros de enseñanza, verdadera caricatura del belicismo: lo mejor del teatro del absurdo crítico con una guerra sin sentido.
Y no se han reído de la guerra sólo aquellos que la han vivido desde lejos. También quienes la han sufrido y han estado a punto de morir en ella, hicieron de la guerra su sustento. Gila ha sido sin duda el humorista de la guerra. Sus llamadas al enemigo y sus parodias de un ejército incompetente fueron repitiéndose a lo largo de los años. En esta versión, encontramos la actualización que llevó a Gila a unir su antigua actuación -que se produce al final- con referencias a la guerra de entonces: la I Guerra de Irak.
Día 30 de enero, día escolar de la Paz y la No violencia.