
La de Antonio Puerta, la de Francisco Umbral, el informe de la matanza de Virginia Tech, nos recuerdan un tema que evitamos continuamente, el tabú absoluto.
Sí, ya sabéis. Me refiero a...
Desde hace un tiempo los mayores se afanan en excluir a niños y jóvenes del conocimiento de la muerte. Ellos dicen que es para protegerlos, pero resulta paradójico que no los protejan igualmente de las numerosas muertes que ven en la televisión, el cine, los videojuegos... Y no sólo ven... a veces, ellos mismos las causan por diversión aunque sea ficticia. Ven, escuchan y experimentan muertes que no les importan, de actores, de muñecos, de dibujos. Y cuando muere un ser cercano, querido, se les aisla, se les excluye de toda contemplación, toda experiencia, toda emoción. No sabemos qué decirles, qué expresarles, qué hacer.

Para hablar de algo es necesario conocerlo, y la mejor manera de conocer la muerte es leyéndola. Si la muerte supiera escribir, tal vez hubiera escrito estos dos libros.
Un buen comienzo para una biblioteca de muerte.