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lunes, 23 de noviembre de 2015

La ilusión legislativa en educación


Llamo ilusión legislativa a la ilusión óptica que se produce cuando un educador o persona relacionda con la educación lee o escribe proyectos educativos. Los vive de tal manera, confunde de tal forma palabra y realidad que la ilusión de que eso ocurre se hace patente en una imagen que se forma en su propia mente y  lo hace con-fundirse con la realidad.
Puede ocurrir que en el momento de escribir pase por la cabeza que aquello es irrealizable, pero los deseos de que aquello se haga realidad son tantos que no puede reducirse a eliminarlo. Pasa lo mismo con las órdenes. Cuando ordena cómo se harán las cosas y los procedimientos educativos que se han de realizar, no es que recomiende u ordene que eso se haga así, es que piensa que efectivamente a partir de ese momento todo el mundo operará de esa forma. Por fin se ha dicho cómo debe ser el mundo (educativo; lo demás no corre de mi cuenta). Luego no ocurrirá, pero eso es otra cosa, ese es otro momento, eso no cuenta en Andalucía.
El problema de la ilusión legislativa es doble, primero porque es una ilusión de ilusos (ilusión donde las haya y solo ilusión) y segundo porque es legislativa, es decir, concibe la educación como un ordenamiento que debe acatarse y eso debe ser así porque sólo hay una forma de encararla. Ser bueno consiste en decir sé bueno o cómo se dice que sean buenos. Ser igualitario es escribir cómo se escriben las leyes para que las mujeres y los hombres se comporten igualitariamente. Las palabras son tan "ilusionantes" que a veces dejan menos dudas que los actos, en contra de toda evidencia. Una palabra bien dicha no puede ser malinterpretada; un acto, sí.
Normalmente esta legislación no cuenta con todas las garantías y tampoco le importa porque su tendencia dictatotrial viene avalada por la altura de miras que la hace una orden superior imposible de mejorar. Es como el derecho al trabajo o la vivienda en la constitución, los derechos humanos en general o los del niño o la prohibición de dar siquiera un cachete a tu hijo. Sólo legislar eso ya les hace sentirse en tal estado de santidad que la ilusión legislativa ciega cualquier atisbo de realidad.
No podemos cambiar la realidad: cambiemos solo las leyes. No podemos cambiar la educación, cambiemos por lo menos las programaciones. No podemos cambiar la escuela, cambiemos por lo menos los blogs de aula. No podemos alterar el sistema, alteremos al menos los nervios, elevemos la tensión arterial...
Es la ilusión de las maquetas, de la cobertura de chocolate, del autoengaño. Cuando toque evaluar, habrá siempre calidad: que era un desideratum que algún día se alcanzaría, que era algo que los demás no han cumplido pero sí poco a poco, que es lo que nos da dignidad, que se ha avanzado mucho ya aunque no se haya conseguido todo...

No podemos cambiar la realidad: cambiemos solo las leyes. No podemos cambiar la educación, cambiemos por lo menos las programaciones. No podemos cambiar la escuela, cambiemos por lo menos los blogs de aula. No podemos alterar el sistema, alteremos al menos los nervios, elevemos la tensión arterial... 
La mayor ilusión legislativa entre todas tal vez sea la de elevar la edad de escolarización obligatoria hasta los 16 años si se compara con el abandono y la falta de posibilidades de muchos de los estudiantes desde ese momento lo mismo que antes.
La ilusión legislativa es común a muchas formas de vida humana: la vida política, la vida empresarial, la vida educativa... Sin embargo, en la vida educativa es una perversión malsana porque no sólo sirve de ilusión creando espejismos de lo que no ocurrirá sino que crea velos y tinieblas sobre lo que realmente ocurre para que no sea apreciado. Este engaño es fácil de mantener: para triunfar en los logros de la escolarización basta con apelar al número de matrículas, basta con devaluar las matrículas hasta ofrecerlas en saldos de forma que lleguen a todo el mundo. Así conseguiremos la educación universal. Y los indicadores evaluadores de los neoliberales darán la razón a los datos de la política de izquierdas radical cuando se quiera. Es esa la perversión de la ilusión legislativa: poder regañar a los evaluadores de ranquin y después ofrecer cifras de los avances nominales de gente apuntada que no estudia. El imaginario se vuelve educación imaginaria por la cual el dato es tanto más valioso cuanto más me imagine mis imágenes y la imagen es tanto más real cuanto más se asemeje a mi careta aunque la foto sea de un mono.
Sé que es contradictorio lo que digo, pero es que sin ilusión no se puede educar, maldita sea.

jueves, 25 de junio de 2009

Los defectos crecen

Termina el curso académico y no sé si decidirme por recordarlo o relatar todo lo que tengo pensado para el siguiente. Lo primero: dejar durante estos seis meses restantes de 2009 la formación de profesionales, dedicarme a mis fantasías y mi alumnado (espero cumplirlo; sí, ya sé que el año pasado empezó igual y fíjate): pobres, ni se imaginan la cantidad de cosas que tengo preparadas para el año que viene. Prefiero no decirlas, pero algunas son realmente maravillosas (espero que para ellos también).
La formación del profesorado me ha llevado este año a una locura inimaginable: no ha habido mes sin ponencias a pesar de que al final la cosa fue bastante a menos. En el tercer trimestre Sevilla, Montalbán, Linares, Lucena, Montilla, Córdoba, para terminar en la comunidad de SEDIC que al menos era cosa virtual y liviana, que es de agradecer. Lamenté tener que renunciar a algunas como la invitación a Feria del Libro de Sevilla para participar en Los futuros del libro, a lo que renuncié por no faltar a clases en época final, a pesar de ser invitación más que tentadora, por los temas propuestos y por los compañeros y compañeras de ponencia. En otra ocasiones me he negado porque la formación del profesorado anda a veces un poco como con el norte perdido. Me piden por ejemplo, que vaya a tal sitio a "hablarles de competencias", o me piden que repita o que "les hable de lectura", sin que quien lo propone, quienes me vayan a escuchar ni yo mismo sepamos qué queremos hacer exactamente. Y no es esto porque tenga yo el éxito asegurado, que he visto auditorios de todo tipo y he participado en experiencias inimaginables -para bien y para mal-: exprés, magistrales, participativas, aburridísimas, desordenadas, rígidas, impresionantes...
¡Cuánta cosa que contar! Tantas, que ya concibo el mal del narrador que tanto afecta al bloguero.
Y no menos ha sido el año con mis alumnas y alumnos. Cada vez son mejores. Dios mío, si es que hemos hecho de todo este año. Con los de tercero, el Planeta barroco ha sido la estrella del impacto mediático, fue publicar la experiencia y salir en un blog, en otro, en otro, en otro, en otro, y hasta en Brasil, que ya resulta extraño. Pero, claro, como la prensa no hay nada y verlo en el Diario Córdoba fue el remate, algo que tenemos que agradecer siempre a Manuel Ruiz.
Lástima que en cuarto no haya yo conseguido editar los magníficos trabajos sobre el Modernismo, con sincronización de vídeo y presentación. Como siempre, una labor imposible según ellos, que al final acaban haciendo estupendamente. Como las presentaciones públicas de Proyectos Documentales Integrados, en las que se vieron con los nervios y el protagonismo de cara por primera vez en su vida. ¡Qué tarde pasamos!
Ha sido un año en el que he maduro muchísimo pero aprendido muy poco, porque más que pensar en los defectos que tengo que evitar el año próximo y que son demasiados, no hago sino encontrarme con ideas que se me ocurren de pronto para cometer nuevos errores el próximo curso.
Para el año que viene no quiero programación; por favor, dejadme equivocarme, que los defectos crecen hasta la perfección.

jueves, 24 de enero de 2008

Apuntes apuntes y apuntes de texto

Nunca he entendido por qué se llaman libros de texto si últimamente tienen más ilustraciones que letras. Los libros de texto se han iluminado en colores -más que los códices medievales-, han alcanzado altos precios y han sido objeto de las más feroces críticas, sin embargo, ahí siguen (y seguirán, incluso con competencias). Cierto que ha habido quien los defiende -creo que uno fue Bruner, si no recuerdo mal-, pero por oposición, por ejemplo, a los apuntes con los que los une la misma orientación de material rígido y único. Estos apuntes por paralelismo deberían llamarse "apuntes de texto" ¿no?
Los apuntes, los auténticos, los que el profesor pronuncia, los apuntes-apuntes son una delicia del folclore al que los une la invención estudiantil.
¿Alguien sabe quién es la Bella Neda? ¿Alguien ha leído alguna vez una obra titulada Mariana de Berceo, o sabe quién es el especialista en Calderón Juan López? Naturalmente, no. Ambos son errores típicos de los apuntes. El primero me lo contó mi profesora de Literatura Romántica, riendo al ver cómo había escrito una estudiante el nombre de la autora que ella explicaba: Gertrudis Gómez de Avellaneda, a la que terminó llamando por repetición la Avellaneda (la Bella Neda para la estudiante). La otra equivocación la encontré yo en un alumno mío que había interpretado mi referencia a la obra dedicada a la virgen María (obra mariana) como el nombre de una mujer de Berceo (así "la obra mariana de Berceo" se había convertido en "la obra Mariana de Berceo"; ¡lo que hace una mayúscula!). El lenguaje oral tiene esas cosas. Alberti contaba la transformación que una criada de su infancia hacía de una letra popular en la que María le decía a José cuando volvía del trabajo: "acuéstate en el pozo, que vendrás cansado". A Alberti le hacía dudar sobre la bondad de la virgen que mandaba a dormir a ese sitio tan poco adecuado al marido cansado. Con el tiempo, encontró la auténtica versión que decía: "acuéstate, esposo, que vendrás cansado". Y no me olvido de Juan López, el nombre en que se convirtió Wardropper al pasar de boca en boca en un examen de Literatura barroca al que se ve que muchos estudiantes de Filología no iban suficientemente preparados.
Estos errores, por tanto, son los errores de copista del que todos podríamos poner múltiples ejemplos. Son los apuntes apuntes, no los apuntes de texto que el profesor ya da fotocopiados y que no dan lugar a expresiones del tipo ¿podría repetirlo? ¡pere, pere, pereunmomentín! ¿cómo ha dicho? Estos apuntes-apuntes constituyen una fuente de conflicto repetido: ya tenéis edad de saber tomar apuntes, a estas alturas no me paro a dictar o el que se quede atrás que lo copie después. En definitiva, una más de las habilidades que se supone que el alumnado ha debido aprender por generación espontánea en una serie de años en los que jamás se le enseñó a hacerlo. Resulta curioso por ambas partes. Curioso que la mayoría de los alumnos y alumnas no sepan ni imaginar la más mínima estrategia espontánea para tomar apuntes rápidamente. Curioso que los profesores y profesoras conociéndolos se vayan a creer que por madurez ya debían saber hacerlo. Nada es evidente, nada es producto de la maduración, nada es espontáneo en la educación. Esta idea también necesita una crítica, pero para no desviarnos, hoy nos vamos a centrar en el hecho de que en la educación confiamos al curriculum oculto habilidades que no es capaz de desarrollar. Todo debe enseñarse explícitamente, y si no se enseña, difícilmente puede evaluarse -en contra de lo que normalmente se hace-. Una de las cosas que deben enseñarse es a tomar apuntes. Pero no sólo apuntes de apuntes-apuntes, sino apuntes de un libro de consulta, de una búsqueda de internet o de una lectura de prensa.
Un protocolo posible sería el siguiente:
- Apuntes de texto escrito (anotaciones al margen, por ejemplo).
- Apuntes no simultáneos (escucha de fragmento, redacción en silencio, lectura, corrección).
- Anotaciones simultáneas (de conferencia, escucha continua, toma de notas relevantes, redacción y discusión).
- Apuntes simultáneos (exposición continua y toma de notas literal).
¿Me he explicado o tengo que repetir algo?

domingo, 26 de agosto de 2007

Movilskoool: aprender por el móvil

Skoool, la página de enseñanza científica, anuncia que próximamente pondrá a disposición de los estudiantes aplicaciones para aprender a través de dispositivos como el móvil o el PDA tanto offline como online. Los alumnos y alumnas podrán descargar las aplicaciones o conectarse para ejecutarlas en línea en minipáginas especiales para estas presentaciones, diferentes a la de la pantalla del PC convencional.
Sabemos que ya cierto alumnado se adelantó a esta idea usando el móvil y otros dispositivos para "ayudarse" en los exámenes. Lo importante es comprobar que en el uso de las TIC no sólo el ordenador tiene un papel importante, sino que cada vez más se piensa en otros aparatos como consolas, pda, móviles, o ipod, por poner algunos ejemplos.
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