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lunes, 11 de mayo de 2009

Escombro: versos perros de Jesús Gázquez

Ya presentamos a Jesús, o mejor dicho se presentó él mismo, en nuestro Club de Escritores, a propósito del último premio que había ganado precisamente con la obra que hoy comentamos: Escombro. Recientemente nos envió un ejemplar dedicado que hoy quería comentar.
El título dice algo de la esencia del libro: una sensación de espíritu derruido cae sobre la humanidad del poeta, una idea de andar por los suelos, una creencia de que a pesar de las ínfulas de las personas, la vida se descompone en fragmentos que cada uno de los poemas de este libro pretende explicar.
Debería repetir lo que dije presentándolo en el Club de Escritores: Su poesía destila una curiosa tranquilidad. Frases generalmente simples, casi sucesión de aforismos a veces aparentemente inconexos. Imágenes sencillas de compleja explicación, sucesión de personas, cosas de la vida (amor, tiempo, emociones, pensamiento...) [...] ...comienza en verso y acaba convirtiéndose en sentencia.
Y digo aquí sentencia en los dos sentidos: aforismo y fallo (y otra vez los dos sentidos: fallo judicial y error humano). Los versos de Jesús explican la condena del humano a una vida de perro, la imagen tal vez más repetida a la largo de la obra y que da sentido al título que he escogido: versos perros, de un animal callejero, carnívoro y desvalido que anda por los campos y las afueras, que sobrevive o vive o se desvive siempre por los caminos. Un ser humano que esconde el animal desvalido que no quiere aceptar.



Comencé la lectura ocasionalmente en un momento libre y pronto tuve que buscar un marcapáginas para señalar frases que no quería olvidar, después papel y lápiz para apuntarlas y finalmente necesité tiempo para releer este libro lleno de ideas de una brillantez sencilla, maravillosa, de un encantamiento especial, de unas aristas suaves pero certeras, de unas definiciones pulcras: un poemario magnífico, sencillamente no un libro cualquiera, sencillamente una serie de poemas que hacen grande a quien los escribe y más grande a quien los lee, sencillamente un libro para no olvidar.
Los poemas breves, al borde del haiku a veces, con frases de greguería, con la sola contención del punto final, cierto ritmo roto y asonancias levísimas. Las imágenes repetidas -muerte, perros, techo, carretera-. Y la propia poesía como tema junto a la idea de un hombre solo, vagabundo, despojo... y poeta. Imposible no pensar mientras se lee, pensar, por ejemplo, que nos dan la vida y la consumimos hasta el escombro, que somos nuestro propio perro, nuestro mejor amigo, nuestro mejor único amigo, y también que en ese animal abandonado, deambula toda la humanidad, toda la historia, toda la vanidad y la banalidad.
Imposible no convertir los versos en citas: "El miedo a la libertad del otro/ dispara a todo lo que vuela"; "Nada muere del todo/ como nadie vive completamente"; "La gente se aferra a su propio miedo/ uno mismo ya no es un lugar seguro"; "El pensamiento es una sombra/ que sale al paso de la luz que viene"; "La poesía es el silencio que sigue a un verso".
La obsesión por definir hace que la sintaxis se vuelva paralelística, sin embargo, Jesús pronto quiebra el verso para perturbar la repetición en juegos de voces (cambios de persona, anteposición de complementos) que despiertan la lectura de sucesiones que sorprenden por la falta de puntuación ortográfica por la que guiarse.
No faltan escritos de su poética, que es también la poética de todos, porque no pretende explicar su creación literaria, sino definirla:

"Dejé pasar el tiempo y perdió fuerza
Hasta que se detuvo en los poemas

Los poemas son animales salvajes
No sirven para nada
Gente que parece no dormir nunca
La belleza es un tigre que te encuentra primero".


Del escombro es lógico que derive la imagen de la ruina, esa ruina humana es en parte su tragedia: ser animal y no aceptarlo, vivir en la naturaleza y contra ella. En el siguiente poema vemos una imagen que supera la tradicional del río como tiempo, para convertir el agua en un trágico círculo que devora a la humanidad. El mar es ahora el que viene a buscar al ser humano para arrastrarlo.

"La lluvia viene haciendo las veces de tiempo
Que es una ruina dejándose caer
La tormenta no es más que un tentáculo del mar
En busca de semillas fracasadas
En medio del torrente el hombre
Ha olvidado subir a los árboles".


Desde que leí El asombro, Jesús me pareció buen escritor. Tengo el recuerdo de haber leido con verdadero deleite Ríos, cuya copia no encuentro en este momento entre maldiciones. Ahora, en Escombro me ha parecido ver completamente un gran libro y un gran poeta.

domingo, 10 de mayo de 2009

Todos crecen menos Peter

Todos crecen menos Peter, de Silvia Herreros, es el último premio de ensayo Caja Madrid publicado en Lengua de Trapo que recibimos gracias a la siempre atenta Virginia.
Como indica el subtítulo (La creación del mito de Peter Pan por J.M. Barrie) la obra gira en torno a la formación de la imagen de Peter Pan como mito infantil y literario. Ya había visto yo algún documental sobre el tema, y el libro naturalmente sigue en la misma línea: la crítica que ha rodeado a Barrie le ha considerado muchas veces un mal escritor y una persona atormentada -poco menos que un acomplejado pederasta homosexual- que casi sin querer tuvo éxito casual con esta obra. Parece como si al estudiar la vida y obra del escritor los propios críticos sufrieran la frustrada desmitificación que tiene el conocimiento de toda realidad. Si los críticos destacan las ideas edipianas y las frustraciones sexuales por las que Barrie mata a todo padre y toda madre, los mismos críticos parecen disfrutar matando a la ilusión infantil (ilusión como ilusión óptica, como fantasía) como si por leer Peter Pan fuesen a creer que realmente existió y su autor fue persona y artista modélico. Existe un empeño en derribar en el que Silvia Herreros no participa a pesar de que no haya evitado citar, razonar, documentar e integrar todas esas ideas y más que la crítica ha ido vertiendo sobre Peter. Porque la autora no derriba, sino que construye más, muchas más ideas alrededor de la obra.
En Barrie, además de lo que ya hemos comentado, encontramos un autor al que parece sobrepasar su cración. Peter Pan no está a la altura de las demás, se sale, sobresale, vuela solo ya. Además no es una obra, es una sucesión de obras que Barrie reescribió y que conforman por tanto un proceso creativo de lo más interesante. Lo curioso es que ese proceso creativo no terminó con su muerte ni ha terminado aún, teniendo en cuenta que el mito se le fue de las manos y otros muchos autores entraron a participar además de que al tratarse de una obra de teatro, las versiones, las puestas en escena, las adaptaciones han creado y recreado sin fin un Peter que paradójicamente no para de crecer.
Y esto llama mucho la atención, porque efectivamente, la primera deducción que se saca de este libro es esta: Peter Pan constituyó un crecimiento continuo en la vida de Barrie. Un crecimiento que tal vez en ocasiones lo llevó hacia atrás, pero crecimiento al fin y al cabo. Desde las primeras ocurrencias y las primeras historias en las que Barrie se basa en niños reales a los que conoce, el autor desenvuelve su imaginación hasta crear un mito (un metamito -sí, ya sé que es un palabro-) sobre otro que realmente lo sobrepasó.
El ensayo de Herreros aporta ideas muy interesantes para interpretar sincrónica y diacrónicamente la obra. En Peter Pan encontramos varias facetas fundamentales: a) la vida como juego de roles; b) Peter como figuración de la recién descubierta figura del preadolescente; c) Dualidad consustancial de Peter, como el cuerpo y la sombra; d) Mito y lo que yo he denominado "metamito" (sí, disculpas por la cacofonía). La autora exprime estas cuatro premisas en una despliegue profundo de documentación y sobre todo de meticuloso análisis.
Aunque no sea una historia, una narración, el ensayo debe tener también su intriga y Herreros la va desplegando a cada capítulo (tal vez dejando poco para el final). No querría ser yo quien estropeara las sorpresas de este libro, sin embargo, no puedo menos que ponderar su valor destacando ideas valiosas que encontramos en su lectura. Una de ellas es que la auténtica protagonista de la obra y su heroina es Wendy, no Peter. Es más, Peter es un antihéroe. Los Peter Pan son hombres inmaduros incapaces de crecer, sin embargo, como dice Kiley en su libro sobre el síndrome:

"Toda mujer ha conocido alguno, se ha casado con él, lo ha dejado o lo ha superado...pero ninguna mujer puede resistirse a ellos".

Y al final, queda como dice la autora, la fascinación del mito, un mito sin duda cuya complejidad he aprendido a valorar leyendo este libro, que no sólo no lo derriba, ni lo trasfigura, sino que lo hace más grande y más cercano. Peter Pan, el niño que no puede ser tocado, sabe dios por qué, es aquí sometido, sin embargo, a todo tipo de análisis sin que se deshaga la figura fascinante que todos recordamos.

viernes, 24 de abril de 2009

El dolor perfecto

El dolor perfecto de Ugo Riccarelli es una novela de saga histórica que repasa un periodo reciente de Italia a través de las vivencias de dos familias sobre las que reposa el hilo narrativo.
Aunque en la sinopsis han pretendido ligarla con Cien años de soledad, los parecidos no son en absoluto significativos desde mi punto de vista. Se trata de una novela realista que pretende contar los mitos italianos, pero nada comparable al realismo mágico de Hispanoamérica.
Las familias son opuestas desde su propio nominalismo: unos llevan nombres de personajes clásicos como Telémaco o Ulises mientras que otros se llaman Ideal o Libertad. Lo que no quiere decir que cada uno responda al estereotipo de su familia puesto que dentro de cada una naturalmente surgen continuas voces discordantes contra el progresismo o contra el conservadurismo.
Una de las cuestiones fundamentales en esta historia es la importancia del paisaje que se convierte en el personaje esencial: se transforma por el avance industrial pero la inmutabilidad de su nombre y la observación admirada de los personajes le da un aire de eternidad. La tierra es aquí el centro de la historia, sea para criar cerdos, para criar hijos o para criar revolucionarios, la tierra es la que amamanta a todos.
Estilísticamente, la narración no es neutra sino que se divide en dos partes casi correspondientes a las dos mitades. La primera parte está dominada por el fragmentarismo, la escasez del diálago, la falta de concreción y el predominio absoluto del imperfecto habitual caracterizador de costumbres y usos. A la segunda parte se produce un cambio por el cual los diálogos afloran y las sucesos se cuentan en perfecto abandonando la perspectiva anterior. Si la primera parte tiende al lirismo, la segunda lo hace al drama, al teatro.
La prolongación de la historia y la aglomeración de personajes hace que en ocasiones la historia parezca resumida más que narrada: demasiado tiempo y demasiados personajes, tal vez. De hecho algunos de los que protagonizan la obra al principio no pasan de la mitad, ya que mueren antes, lo que puede dar una idea de la dimensión de la historia.
Podríamos decir que en esta obra Riccarelli ha intentado expresar su visión sobre la lucha entre las dos Italias: la progresista que cree en las utopías y la conservadora que se aferra a los mitos ancestrales.
La obra ha obtenido prestigiosos premios en Italia (Strega) y en España (Campiello).

miércoles, 1 de abril de 2009

Tokyo blues - Norwegian Wood


Con este libro, el afamado autor japonés Haruki Murakami nos ofrece una nueva perspectiva del paso de la adolescencia a la vida adulta. Relata la evolución que experimenta un estudiante universitario de Tokyo mientras profundiza en las relaciones con las personas que lo rodean.
Sus palabras, que tienen un regusto a Salinger, crean una atmósfera opresiva y ligera a la vez; y por ello su prosa llega a ser adictiva.
Sin embargo, la trama descrita a veces se vuelve algo inverosímil, algo inconexa, sin llegar a salir del terreno de lo "puramente imaginado". Esto ocurre porque los personajes son muy complejos, quizás demasiado. Además, nunca podremos tener una imagen clara del protagonista sino a través de los ojos de las personas que lo rodean.
Es, por todo lo mencionado anteriormente, un libro que no transmite emociones claras, sino que el autor parece encaminarlo todo a describir el ambiente que envuelve al protagonista, a describir su progreso moral. Después de leerlo, algunos personajes y hechos quedan dibujados con maestría; pero las tramas y los personajes secundarios quedan desenfocados. Teniendo en cuenta que, seguramente, todos estos detalles sean a propósito, es correcto decir que es recomendable leer este libro, pues cumple con su función: relatar las desventuras de un adolescente.

Trama
El protagonista, Toru Watanabe, rememora sus años universitarios como estudiante en Tokyo cuando, en un aeropuerto europeo, vuelve a escuchar una de las canciones de Los Beatles, Norwegian Wood. Recuerda entonces a Naoko, la antigua novia de su mejor amigo, muerto años atrás.

lunes, 22 de septiembre de 2008

Después de dejar al señor Mackenzie

Echad la vista al lado y notad la diferencia entre autores y autoras en los libros que leemos. Los autores ganan por goleada, al menos a la hora de escribir esta crítica, no sé si en el futuro seguirá igual. Con ánimo de cambiar un poco la tónica general traigo hoy un libro sobre una mujer escrito por otra mujer, ¿o debo decir la misma? Efectivamente, el comentario general es que la protagonista -Julia- es un trasunto de Jean Rhys, la autora de Después de dejar al señor Mackenzie. La dejadez, cierta bohemia parisina, el gusto por el alcohol y la vida al límite continuo de la pobreza no son pocas coincidencias entre personaje y autora.
No he podido evitar recordar -inmediatamente- mientras leía esta novela, El extranjero de Camus, algo más de una década posterior al de Rhys (algo cercanos, por tanto). Dejo claro que el parecido no es objetivo, sino una impresión mía de unos personajes que no viven, deambulan, no sienten, se aburren. Esa desazón de no encontrarse cómodos con uno mismo, con el mundo y sus convenciones y ni siquiera rebelarse, son actitudes comunes de estos dos protagonistas.
La novela de Rhys tiene un poder especial. Así como los personajes se parecen, el estilo es completamente distinto a Camus -y que conste que adoro la frase corta de este autor-. Sin duda estamos ante una gran escritora que sabe perfectamente manejar las palabras para transmitir un espíritu decadente, magistralmente abúlico y casi delicioso.
La protagonista es una mujer que ha basado su vida en los hombres, sabedora de sus armas, pero que abandonada finalmente por el señor Mackenzie (el principio de la historia) queda literalmente como un barco a la deriva sin dinero y sin dignidad. A pesar de sus intentos, no logra encontrar nada ni encontrarse a sí misma. Sabe que necesita buscar un sentido, pero no está dispuesta a hacerlo, quisiera encontrárselo, como un regalo, pero no está dispuesta a esforzarse por ello -quizás no valga la pena-.
La autora transmite un retrato más que creíble de aquellos que no tienen una vida, sino que simplemente arrastran su tiempo. Una visión existencialista probablemente escrita desde la propia experiencia.

jueves, 11 de septiembre de 2008

El hombre que confundió a su mujer con un sombrero

No, no es un título fantasioso, es lo que le ocurre al protagonista de la primera historia. Y no, no es un personaje, es una persona real, es lo que le pasaba a una persona real, que entre otras cosas cogió a su mujer por la cabeza para ponérsela confundiéndola con el sombrero.
Y así más historias, historias clínicas presentadas por el neurólogo Sacks, conocido por sus libros de divulgación científica y muy popular a partir de que su obra Despertares fuera llevada al cine.
El libro comienza suscitando sonrisas imposibles de reprimir a pesar de que sepamos que son enfermos. Enfermos que encuentran un buen día una extraña pierna en su cama y la tiran, asombrándose al ver que ellos caen detrás y sin admitir por ello que la pierna sea suya.
Gente que oye canciones con total exactitud anteriores a sus cuatro años de edad y que nunca recordó antes. Personas que no saben hacer cálculos matemáticos pero hallan números primos de doce cifras. Jóvenes que no saben arreglarse pero dibujan con fidelidad un objeto visto anteriormente una sola vez o representan magistralmente obras de teatro.
Y así, decenas de casos conmovedores a los que Sacks despoja de toda exhaustividad clínica para presentar una medicina humana y humanista. Humana, porque una de sus afirmaciones es que al enfermo se le conoce mejor en su ambiente que en la clínica o la residencia, y él los visita, se mete en sus casas si hace falta. Humanista, porque no pierde de vista a filósofos y obras literarias cuyos comentarios salpican la obra y porque la Neurología no la presenta como una ciencia física o química, sino como un arte de comprensión del cerebro humano, donde reposa su mente/alma.
Creo que he leído el libro con absoluta rapidez (en horas sueltas de dos tardes) porque se trata de una lectura que debí hacer al menos cuando apareció en 1985 (en español no aparecerá hasta 2002). Hasta esa época leí bastante sobre casos clínicos. Comencé en el bachillerato por Freud y me fascinó su forma de presentar las historias clínicas estudiándolas igual que Sacks, al hilo de numerosas referencias culturales, musicales, filosóficas y literarias. En la carrera, tuve oportunidad de enriquecer los casos clínicos con los estudios antropológicos y me dio por dedicarme a relacionar lenguaje y semiótica con lo que iba leyendo. Hasta asistí a clase de Castilla del Pino y pedí su consejo para uno de los estudios que hice. Castilla fue siempre uno de los psiquiatras que más relación estableció entre lenguaje y psique, y no ya como realidad, sino como método clínico (su hermenéutica del lenguaje es aún para mí un verdadero descubrimiento). En aquellos años este libro me hubiese gustado tanto o más que ahora porque probablemente me habría servido de referencia en alguno de los trabajos.
Sacks corresponde perfectamente a esa época en la que la Neurología aún podía entenderse de una manera "romántica" como dice él mismo a propósito de Luria. El médico se esfuerza no sólo en comprender la mente, sino en comprender a la persona, incluso, comprender su alma. Aunque no rompe el hilo místico, Sacks no evita mencionar las causas fisiológicas de las alteraciones. Sin embargo, no las convierte en su único objetivo, ni tampoco en su único tratamiento.
Uno de los descubrimientos más sorprendentes de la obra es comprobar que ciertos enfermos no querían curación -otros sí, y se la agradecieron eternamente-, habían encontrado con sus alteraciones una forma de estar y ser en el mundo que para ellos no era anormal, sino propia, característica de ellos mismos. Uno de los pacientes con síndrome de Tourette llega a sentirse anulado con el tratamiento que le quita los espamos, pero lo hace vivir lentamente, y decide vivir entre semana con el tratamiento para poder llevar adelante su trabajo de forma convencional, pero no tomarlo los fines de semana, para seguir siendo en su tiempo libre tal como siempre había sido: un "enfermo" feliz.
El libro, por tanto, más allá del valor médico -poco interesante para nosotros, lectores comunes- tiene un valor filosófico, en cuanto nos obliga continuamente a plantearnos y replantearnos nuestra esencia como seres humanos, el valor de nuestra identidad, nuestras relaciones sociales.
Las historias, narradas con detalle y emoción -Sacks no ahorra sentimentalismo-, nos llevan desde esa sonrisa primera del absurdo de la alteración, hacia una pesadumbre suave que finalmente el autor se empeña en convertir en algo de esperanza. Sin llegar a la antipsiquiatría, Sacks pone de manifiesto los errores que comete la ciencia empeñándose en estudiar al ser humano mecánicamente; errores que también comete la sociedad, maniática de la homogeniedad, forzando a los enfermos a conseguir las habilidades de que carecen, en lugar de potenciarles las que tienen.
Respecto a los aspectos básicos de la Neurología, quedan claros dos fundamentos: el cerebro como una topografía, y su plasticidad. Efectivamente, puede decirse que todas las alteraciones tienen su origen en alguna afectación física del cerebro o del Sistema Nervioso Central, pero igualemente, el cuerpo, el cerebro, dispone de mecanismos para compensar sus propias alteraciones adjudicando misiones a nuevas áreas o funciones.
Pero naturalmente, no todo queda ahí, son muchos los interrogantes -y son eso, porque no pretende darles respuesta- que el autor va dejando al hilo de las historias clínicas. Aunque se aventura a dar su impresión, no impone nunca opiniones y básicamente, deja que el lector construya sus propias conclusiones a partir de los datos orientativos que proporciona.
Igualmente, aparecen asuntos recurrentes en los diferentes casos, entre los que destacan la memoria y la música. De la primera, se llega a decir que es la esencia del ser humano -y no es difícil demostrarlo a tenor de las historias-, además, que lejos de concebirse como un registro estático, la memoria es una construcción humana dinámica. Respecto a la música, llama la atención su potencial ordenador, estructurador de las reacciones mentales como para construir recuerdos o movimientos u otras operaciones.
Si quieres saber más sobre su obra, puedes leer la siguiente entrevista que Eduard Punset hizo a Sacks pinchando en la foto.
Un libro delicioso para las personas que confunden la mente con el cerebro.

sábado, 12 de julio de 2008

A sangre fría

A sangre fría es la novela más famosa de Truman Capote. Digo novela, aunque en realidad es una crónica novelada de un hecho real. Esto hizo a su autor, vanidoso él e ignorante del realismo europeo, proponerse como inventor de un supuesto nuevo género: la novela de no ficción (non fiction novel).
La obra recoge el asesinato que dos delincuentes reincidentes y de moral desestructurada cometen contra una familia a la que asesinan casi sin necesidad frutrados por no encontrar un botín que creían en el hogar.
La familia asesinada (padre, madre, hija e hijo) constituyen un ejemplo metódico y metodista de la familia perfecta (para los norteamericanos medios) en todos los sentidos, verdadero polo opuesto de los asesinos (típicos asesinos norteamericanos también, desarraigados y viajantes). El hecho conmovió en su momento porque rezumaba crueldad y sin razón y volvía en el fondo a todos un poco más vulnerables.
Truman Capote comenzó enseguida la investigación desplazándose al lugar de los hechos, entrevistando a cientos de personas e incluso intimando con los asesinos a los que llegó a ayudar en su defensa. De aquellas anotaciones y experiencia surge esta A sangre fría, novela de magníficos excesos. El relato minucioso de los hechos queda en un reducto con el más minucioso relato de todas y cada una de las personas del mundo que pudo estar relacionada con el hecho incluso en tercer grado. Así nos encontramos a personajes que conocieron a conocidos de los protagonistas. Y no son personajes que simplemente se nombran. Todos y cada uno aparecen como personas completas y tienen sus páginas de gloria narrativa. Aunque magistralmente narrada, no deja de hacer pensar en ocasiones a qué vendría aquel exceso de derivaciones que nos lleva a personajes curiosos o aburridos nada importantes para la trama. Sin duda, Capote, trasnochado y antiguo, nació en lugar equivocado y tiempo distraido, cuando mejor hubiera estado en nuestro espléndido realismo europeo. Nada envidiaría Clarín ni Galdós de este autor creído, que más que innovador era un tradicional buen contador de historias en las que sabe describir mejor que muchos. No ha sido esta forma de literatura extraña en absoluto (periodismo literario), conocemos miles de casos, y para mencionar uno famoso y más reciente podría traer a García Máquez, y Noticia de un secuestro, donde el escritor periodista demostró ser menos excesivo que Capote pero más efectivo.
A pesar de que las quinientas páginas quedarían mejor en doscientas, Truman Capote dejó hecho todo el trabajo a los guionistas de la película pues bastaba con ir al hecho nuclear que ocupa pocas páginas. Y se han hecho varias películas, no sólo de la novela, sino también de la investigación que llevó a cabo Capote (algunas películas no lo dejan en buen lugar al acusarlo de manipular su relación con los asesinos para obtener más éxito).
Sin embargo, a pesar de saberse uno llevado fuera de los límites de la historia, no puede dejar de leer una historia vulgar contada de manera absorbente.

martes, 8 de julio de 2008

Los girasoles ciegos

Los girasoles ciegos es un libro en el que su autor, Alberto Méndez, recoge cuatro historias con una idea común: la derrota frente al maremagnum de la Guerra Civil española y su más oscura postguerra. Las historias (Si el corazón pensara dejaría de latir, Manuscrito encontrado en el olvido, El idioma de los muertos y Los girasoles ciegos) concluyen con la que da título al libro.
Alguno de estos relatos ya habían sido publicados, como es el caso del segundo, finalista del Premio Internacional de Cuento Max Aub 2002.
En todos ellos encontramos personajes enfrentados a una muerte segura cuyos pasos intentan aminorar, si no detener. En el tercero de los relatos se menciona a Sherezade y es precisamente esa imagen la que podría servir de metáfora del libro, protagonizado por personas -más que personajes- que intentan aplazar su encuentro con la muerte en una difícil relación con el enemigo, una muerte que depende del poder de otra persona, de un poder egoista y arbitrario.
Debo la lectura de este libro no sólo a la recomendación de Isabel, que ya lo dejó dicho en un comentario, sino a su préstamo, que había hecho de este libro uno de los del furgón de cola de mis lecturas durante varios meses. Y me alegro de haber postergado un placer digno de los dioses literarios, porque las historias no sólo son interesantes y emocionantes, sino que aparecen contadas con una riqueza de matices y léxico poco frecuentes últimamente. Las historias se narran además en perspectivas diferentes formando un rompecabezas donde todo encaja suavemente.
La solapa del libro se lee con la desazón de descubrir un nuevo valor de la literatura española cuando ya ha fallecido (Alberto Méndez murió a los ocho meses de ver publicado este su único libro). La película -dirigida por Cuerda y basada en la última de las historias- añade además el hecho de constituir el último trabajo de Azcona, su guionista, que ha fallecido antes de verla estrenada. Nada que ver estas muertes de sus creadores en la libertad que nos han dejado estas magníficas obras, con las de sus personajes, coartados y sumidos en un estrecho túnel que los lleva hasta la cloaca de sus enemigos.

En la película, encontramos la historia de un profesor que se esconde en el armario de su casa para no ser descubierto por los franquistas y que vive con su hijo y su mujer, a quien corteja un diácono del colegio del niño. En este tráiler -Maribel Verdú como protagonista- repasamos momentos en los que podemos reconocer frases y escenas exactas del relato.



Una historia -unas historias- realmente impresionantes que dejan al lector felizmente herido por su lectura.

miércoles, 14 de mayo de 2008

Firminillo de Tormes

Tras la divertida idea de una historia protagonizada por una rata que aprende a leer devorando libros, encontramos en Firmin, de Sam Savage, una novela amarga que hace reír en ocasiones.
Como si se tratara de una novela picaresca, vemos un relato autobiográfico dirigido a un "usted" continuo como el "vuestra merced" del Lazarillo de Tormes, con quien lo une asimismo el provenir de dudosa familia, el pasar de amo en amo y el intentar pactar con la vida algun trance de felicidad entre tanta miseria.
Firmin además, es el relato de un mundo que se acaba, el del barrio donde vive, el de las personas a las que ama y el de los lectores y los libros en general. No sería nada aventurado tildarla de novela antiburguesa, más aún teniendo en cuenta que su protagonista acaba haciéndose una idea bastante acertada de cómo son los burgueses aun sin haberlos vivido de cerca.
Divertida y con atisbos de genialidad, en ocasiones parece perder su empuje inicial y finalmente termina dejando ganas de más. La nota final del autor da una nueva vuelta a su triste significado. No se puede dejar de leer, es uno de los alicientes de esta temporada.

jueves, 28 de febrero de 2008

La copla andaluza

Durante estos días previos al Día de Andalucía, escogí un libro andalucista para reflexionar acerca de algún aspecto de nuestra cultura. En la biblioteca disponemos de esta antigua colección -Biblioteca de Cultura Andaluza- que recoge importantes títulos sobre andalucismo, algunos difíciles de encontrar de otra forma.
La copla andaluza de Rafael Cansinos Assens es un ensayo que trata el origen y sentido del flamenco como genuina creación de Andalucía. No hay que confundirla, pues, con una obra sobre lo que hoy llamaríamos copla andaluza, música de origen folclórico diferenciada netamente de los palos del flamenco, a pesar de que tanto en las caracterísiticas músico-vocales como en las características estilísticas y culturales muestren ciertas fronteras difusas en algunos casos. Hoy por hoy, sin embargo, parece que cualquiera podría disintiguir un cantante de copla ( o una, puesto que son mayoría femenina) de un cantaor flamenco (que es en realidad a lo que se refiere Rafael Cansinos).
Cansinos -sevillano del barrio de la Alameda, lo cual ya da una pista-, fue un autor andaluz conocido principalmente por su participación en los movimientos de principio de siglo XX, particularmente el Ultraísmo.
En este libro, Cansinos se sitúa en la línea que domina en el estudio flamencológico: escudriña los orígenes históricos posibles, hebraicos, gitanos, árabes y romanos, a los que suma un análisis de su génesis social basándose en el materialismo marxista y el psicoanálisis que lo llevan a la conclusión de que se trata de una manifestación cultural de la sublimación de un sufrimiento ancestral de dominación plasmada en la trágica alegría del flamenco (eterna forma ejemplificadora de la similitud andaluza con el blues negro, por ejemplo). Esta idea racionalizada de raigambre romántica no puede ser más propia de Cansinos Assens y del tópico que justifica la existencia del flamenco -cultura musical y literaria única y extraña en su entorno, sin similitud posible cercana- en una supuesta esencia trágica del pueblo andaluz, un pueblo acostumbrado a sublimar el sufrimiento de diversas maneras y a purgar sus remordimientos con una alegría extraña limítrofe con el quejío.
El libro, producto típico de la época, avanza pues en una idea que moderna en aquel tiempo hoy resulta enquistada en el tópico recurrente. Las propuestas se siguen sin apenas justificación y no dejan de ser opiniones más o menos acertadas del autor que propone sin convencer en un estilo más apologético que analítico.
En suma, una obra con ideas sugerentes pero sin una sola que podamos considerar concluyente.

martes, 4 de diciembre de 2007

El profesor: un libro para olvidar



Aunque lógicamente la contracubierta pretende que el libro es un homenaje a la profesión, no puede encontrarse peor muestra de ello en este bodrio encuadernado. El profesor de Frank McCourt es el ejemplo de un inútil de la profesión que reconoce no tener dominio ni del aula, ni de la materia, ni de las circunstancias y que para sobrevivir y mantener callados a sus alumnos se dedica años y años a contar su vida simplemente. Gracias a este libro se entiende no sólo la vida de McCourt, sino toda su producción literaria: no ha hecho otra cosa más que contar su vida (y se ha tirado años haciéndolo y cobrando por ello). Y cuando la escribe ya jubilado en su éxito Las Cenizas de Ángela, primera parte de su autobiografía, Frank ya ha pulido la obra cientos de veces contándola a cientos de estudiantes a los que lo único que enseñaba era eso: su desgraciada vida (siempre se presenta como víctima). Después de la segunda parte que no menciono por no hacer publicidad, McCourt viendo que ya no le quedaba nada que hacer en el mundo literario, porque sólo sabe contar su vida, escribió este El profesor que sirve de confesión de su fracasada carrera profesional: cuando va de excursión con el alumnado, la gente le recrimina que no haga nada por educarlos, pero a él le da igual, se deja llevar; cuando le insisten en que enseñe algo en clase, lo intenta, pero como algunos alumnos lo corrigen poniéndolo en evidencia, desiste y sigue con lo de contar su vida... No sólo tuvo la poca vergüenza de hacerlo -mientras cientos de profesionales se afanaban y se afanan en educar a alumnado en condiciones socioculturales muy duras- sino que siguió con la poca vergüenza de contarlo y cobrar en ambos casos por ser un profesor para olvidar. Menuda jeta, señor profesor.

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