lunes, 3 de septiembre de 2007

Los libros andan sueltos


El próximo 15 de septiembre se producirá una liberación masiva de libros. Se trata del III Libredía de Valladolid organizado por Bookcrossing-Spain y la Peña Los Comuneros.

Si ya te hartaste de tener encerrados los libros que leíste en tu estantería, puedes liberarlos, dejarlos en algún lugar para que alguien los lea: es el bookcrossing. Al principio había lugares donde solían aparecer -algún agujero de árbol, algún banco de parada de autobús-, pero hoy es un movimiento organizado. Después de leer el libro, puedes entrar a Bookcrossing España, inscribirlo y etiquetarlo para que cuando alguien lo encuentre, lo comunique a la misma página e incluso te avisen vía correo-e. Es posible hasta seguir la pista del libro por todo el mundo. Si te va la intriga, también puedes anunciar su liberación para que la gente vaya a ver si lo encuentra.



Los libros andan sueltos y a partir del 15 de septiembre, más.

domingo, 2 de septiembre de 2007

Instrucciones para descubrir una gran mujer


No era princesa, pero luchó por que su país no fuera el reino de la guerra

No era portada de las revistas del corazón, era periodista

No perteneció a una de las familias más ricas de la tierra, sino que escribió artículos muy temidos por los ricos.

No era famosa por la fama de su marido, sino que era conocida por la valentía de sus ataques a los poderosos

No deslumbraba con los diseños de sus vestidos, sino que vestía de forma práctica y sencilla

No estuvo en clínicas estéticas precupada por su belleza, sino en hospitales restableciéndose de un envenenamiento.

No se hacía tiernas fotos contra las minas antipersona, sino que escribió terribles gritos contra la tortura

No contó sus intimidades, desengaños y amantes, contó los terribles abusos de gobernantes y militares contra los derechos humanos

No murió por accidente, sino que la asesinaron.

Al mundo, a veces, le cuesta distinguir una gran mujer.

Hipermetropía de la negación

- No, no, mi niño no.
- Qué va, aquí no pasan esas cosas.
- Nada, no, nuestros alumnos no son así.
- Aquí no hay casos de esos.
- No será para tanto.

Y así se suceden las negaciones por hipermetropía, las negaciones que impiden ver la realidad a distancias cortas. Eso parece que fue lo que ocurrió en la matanza de Virginia Tech y es probablemente un comportamiento muy habitual entre educadores, padres y madres, incluso políticos y directivos.
El problema tiene su origen en el rechazo de las malas noticias propias. Es sabido que en el mundo de la empresa y la política uno de los papeles que nadie quiere cumplir es el de comunicar malas noticias sobre la marcha de la sociedad empresarial o el partido político. El comunicador teme ser asesinado como mensajero. Podría decirse que con la muerte del mensajero no se soluciona el problema, pero en la mente del receptor sí ocurre así: la persona que recibe las malas noticias propias se siente responsable de esas noticas, siente que la hacen responsable de esas noticias, que forma parte de ellas y por tanto, se siente vejada, humillada y también partícipe de la mala noticia. Matar al mensajero no sólo ataca al causante extraño -supuesto- de la mala noticia, sino que limpia la culpabilidad que percibe que le achacan.
El receptor puede pasar al punto contrario: el alarmismo. En este extremo, la persona se convierte en enemigo público de la mala noticia y exagera su lucha para dejar clara su pública distancia con cualquier responsabilidad. Ni que decir tiene: el mensajero puede ser asesinado igualmente.
Lo que llama la atención es que en ambos casos no se llega a afrontar la mala noticia con serenidad y firmeza, probablemente las dos claves para solucionar el problema.
En una ocasión, leí en la redacción de un alumno de secundaria que su sueño era matar a sus padres. El párrafo me alarmó muchísimo. Supe después que en clase de Moral había comentado su deseo de matar a alguien. Aunque me sentía inseguro sobre qué actitud tomar, entendí que debía comunicarlo a los padres, aunque antes lo comenté con el propio alumno para poder tener una explicación personal de su escrito. No cité a los padres a una entrevista formal, sino que aprovechando la amistad de una compañera con la madre, le expliqué el caso, le entregué copia de la redacción y le pedí que lo comentara personalmente con ella. El padre vino posteriormente a verme y me dio la impresión de que no sólo le quitaba importancia al asunto, sino que se sentía algo molesto por el hecho de que yo hubiera propuesto el problema. Ilógicamente, podría pensar que yo cuestionaba su educación como padre.
En la negación por hipermetropía se produce también un fenómeno curioso y es que la persona se siente protegida respecto a las malas noticias ajenas, propias de los demás, y así pensamos: ¿cómo estarían esos padres para...? ¿cómo estarían esos empresarios para...? ¿cómo estarían esos profesores para...? Creyendo que lo que les ocurre a los demás, jamás nos ocurrirá a nosotros.
En una ocasión, recibí una carta con el teléfono del Defensor del Menor y pedí que se comunicara y expusiera en todas las aulas. El primer comentario que oí fue: aquí no hay problemas de ese tipo. Vale, efectivamente es la percepción que todos tenemos, pero también es cierto que muchos de estos problemas que se niegan se desenvuelven en el más absoluto silencio. ¡Qué desamparo debe sentir una víctima a quien se le niega la agresión!
Pensando que con estos problemas se afecta la imagen de las personas o de las instituciones, dejamos a veces el problema oculto y sin resolver. Y ocurre en todos lados. Cualquier centro educativo, por muy elevada que sea la extracción social de sus estudiantes, tiene cientos de personas entre las que pueden esconderse casos de acoso o violencia real o potencial. Algunos compañeros que trabajan en centros privados, por ejemplo, en los que no sólo tienen estudiantes, sino clientes, me han comentado casos y a renglón seguido me han pedido que no comente nada. En centros públicos, donde además de estudiantes tienen votantes, no es de extrañar que también se oculten ciertas malas noticias. Naturalmente, no estoy proponiendo que estos casos se solucionen haciéndolos públicos, estoy recordando que se dan en todos lados, no sólo en aquellos en los que suponemos que por la baja extracción social del alumnado va a darse un coto exclusivo.
La serenidad (tranquilidad, discreción, reflexión...) y la firmeza (sin pausa, con tenacidad y decisión...) son las dos virtudes que podrían guiarnos en un adecuado análisis de las malas noticias en distancias cortas.
Los años han pasado, el alumno -un magnífico alumno- ha seguido unido a su familia y no han tenido más conflictos de los que puede vivir una persona normal. Por supuesto, el cartel y la exposición sobre el teléfono del menor se hizo en todas las aulas porque tampoco cuesta tanto trabajo. Nadie ha muerto, nadie ha usado el teléfono, nadie, y a lo mejor estas negaciones podemos hacerlas ahora porque no hicimos antes las otras.

sábado, 1 de septiembre de 2007

La página no está disponible


¡Dios mío! Se avecinan grandes cambios en el mundo del libro. ¡Dónde vamos a llegar!
[lo vimos en teufel, vía webadictos (y gracias por recomendarnos en el Blog Day 2007]

jueves, 30 de agosto de 2007

Los libros de la muerte



La de Antonio Puerta, la de Francisco Umbral, el informe de la matanza de Virginia Tech, nos recuerdan un tema que evitamos continuamente, el tabú absoluto.


Sí, ya sabéis. Me refiero a...


Desde hace un tiempo los mayores se afanan en excluir a niños y jóvenes del conocimiento de la muerte. Ellos dicen que es para protegerlos, pero resulta paradójico que no los protejan igualmente de las numerosas muertes que ven en la televisión, el cine, los videojuegos... Y no sólo ven... a veces, ellos mismos las causan por diversión aunque sea ficticia. Ven, escuchan y experimentan muertes que no les importan, de actores, de muñecos, de dibujos. Y cuando muere un ser cercano, querido, se les aisla, se les excluye de toda contemplación, toda experiencia, toda emoción. No sabemos qué decirles, qué expresarles, qué hacer.


Para hablar de algo es necesario conocerlo, y la mejor manera de conocer la muerte es leyéndola. Si la muerte supiera escribir, tal vez hubiera escrito estos dos libros.
Un buen comienzo para una biblioteca de muerte.

Moitas graciñas

Decano de los biblioblogs escolares


Imperturbable defensor de los libros y los valores sociales.

Gracias, por recoger nuestro enlace,

gracias por dejar que os acompañemos en la travesía,

gracias por ser guía de navegantes y perplejos,

gracias,

muchas gracias.

Porque nosotros, que acabamos de nacer hace poco,

queremos tener palabra:

De bien nacidos,

es ser agradecidos.

La respuesta está en la pregunta

Anda el patio revuelto a propósito del asunto de las lecturas para el curso que se avecina. No tengo tiempo ahora para leer con detenimiento tantas y tan dispares aproximaciones, pero no me resisto a decir mi opinión, que será probablemente la de algunos, teniendo en cuenta que en éste como en otros asuntos, no sólo está todo o casi todo dicho, sino que apenas queda algo por repetir.
Discutir si ha de ponerse tal o cual libro, si hemos de elegir libros juveniles o clásicos, o si debemos hacer esto o aquello una vez que se leen, me parece una discusión mal encaminada. Mal encaminada porque no se puede empezar por la respuesta, hay que empezar por la pregunta.

¿Qué libros pongo?
¿Qué persigues con ellos?

¿Pongo clásicos o juveniles?
¿Para qué quieres que lean?

¿Qué actividad hago?
¿Qué pretendes que aprendan?

Así que la respuesta a estas preguntas es otra pregunta: la que debió formularse desde el principio y que es la siguiente:

¿Qué objetivos pretendes conseguir con la lectura?

A partir de aquí, yo siempre he visto las cosas más claras. Ojo: no soluciono el problema, sino que consigo enfocarlo adecuadamente. Qué libros, qué actividades, son adecuados para qué objetivos, será asunto de otro día.

miércoles, 29 de agosto de 2007

martes, 28 de agosto de 2007

lunes, 27 de agosto de 2007

Los libros liebre


Los que te dejaron exhausto
Los que no comprendiste pero no pudiste dejar de leer
Los que buscaste afanosamente
Los que leíste sólo para saber el final
Los que nunca alcanzaste ni a agarrar por las pastas
Los que siempre huían cuando te prometías leerlos
Los que estaban en el estante de arriba cuando eras pequeño
Los que terminaron sin que te dieras cuenta
Los que no tienen final
Los que dejan ideas que uno persigue toda la vida
Los de acción, los de mucha acción
Los que perseguiste como una presa
Los que te tiraron de la lengua
Los que te cautivaron para siempre
Los que se perdían en vericuetos insondables
Los que te hacían perderte
Los que te llevaron hasta la cima
Los que te hicieron campeón
Los que te derrotaron
Los que hubieras preferido morder muy fuertemente
Los que hubieses devorado
Y aun devoraste
Los que olvidabas mientras leías
Los que te llevaron de acá para allá

¿Y adónde te llevaron?

Te han traído hasta aquí, amigo,

ahora descansa, reposa su recuerdo,

piensa en ellos

y después recuperado,

seguirás persiguiéndolos.
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