miércoles, 30 de enero de 2008

Publicaciones de nuestra biblioteca en hojas virtuales






Aquí podéis ver un ejemplo de issuu, una página que permite pasar a flash un documento pdf para que tenga apariencia de hojas virtuales. Se trata del número del año pasado de la revista de nuestro Instituto, Ríos de Tinta.
Si picáis en "open publication", podréis acceder a la presentación de la publicación tal como aparece, en mosaico abierta por cada página, o a pantalla completa como si fuera una revista real pasando hoja por hoja (además, con zoom).
Sin duda, un interesante y atractivo instrumento para las publicaciones de nuestras bibliotecas.
Espero que os sea de utilidad.

[Lo vimos en Genbeta]

Contra la violencia escolar en el mundo



¿Quién crees que gana realmente la pelea?


¿Hacia dónde crees que realmente apunta el arma?

¿A quién destruye realmente la violencia?

30 de enero, Día escolar de la Paz y la No violencia.

Tercera regla para escribir un relato

Pon algo de maldad, tal vez de crueldad, pero por lo menos que alguien sufra una injusticia. Si eres capaz de sorprender con una historia en la que se critica una injusticia mostrándola, tendrás al público en tus manos.


Véase también:

Primera regla para escribir un relato.
Segunda regla para escribir un relato.

¡A por el premio!


Han finalizado las preparatorias de juego Andalucía Interactiva que se han venido realizando durante estos días, y que popularmente conocemos de siempre en nuestro Instituto como "El Trivial de la Campiña". Ya informamos de ello en nuestro Club de Bibliotecarios. Rosa, la monitora encargada este curso, ha explicado la mecánica del juego y practicado con todos los grupos de ESO. Le damos las gracias por su dedicación y buen hacer. Sabemos que ella también ha quedado contenta con el comportamiento del alumnado.

El juego y su concurso forman parte ya de nuestra tradición. Este año, el Grupo de Acción Local Campiña Sur ha podido además promoverlo a nivel andaluz, no sólo comarcal, con lo cual el juego y el concurso toman un valor superior. Consideramos instrumentos como éste una buena forma de dar a conocer el patrimonio rural y fomentar su aprecio y conservación.

En la biblioteca del centro disponemos de cedés del juego y de bibliografía para prepararse. Ánimo. ¡A por el premio!

martes, 29 de enero de 2008

Alquilo paz y vendo guerra



La paz vende.

Pero ¿y la guerra? La guerra se vende. Y da muchos beneficios.



Poned a los niños y niñas a dibujar y colorear palomitas, que yo mientras


30 de enero, Día escolar de la Paz y la No violencia (total, por un día)

¿Es precisa la precisión?

Viene mi hija el otro día a enseñarme indignada la definición que figura en sus apuntes de Educación Física de ESO bajo el epígrafe "Medios técnicos de ataque":

Pase: acción técnica de interacción motriz entre dos componentes del mismo equipo.

No sabemos si reírnos o indignarnos más. Para ella resulta simplemente ridículo definir de esta forma. Buscamos en el diccionario temiendo que también demos con una definición extraña, pero no, en la acepción 6 viene el significado en el deporte (además con dos ejemplos) explicado de una manera sencilla:

Pase: hacer llegar o entregar la pelota a un compañero de juego.

Tal vez no sea preciso decir "pelota" cuando existen juegos que utilizan otros instrumentos, pero menos preciso parece la interacción motriz que lo mismo puede aplicarse a tocarle el culo al compañero salvo porque no es una acción técnica, sino de ánimo y celebración. ¿Y empujarse o colocar a alguien en el campo? ¿No sería una acción técnica de interacción motriz? ¿O sería más bien una acción dinámica de interacción motriz? Probablemente deberíamos distinguir las acciones lúdicas de interacción... Pero, sobre todo, ¿no resulta absurdo definir con palabras tan alejadas del lenguaje deportivo y del común una acción fácilmente reconocible?

Algo así ocurre en la Didáctica y la Pedagogía, lo que Landero llama las tecniquerías, que no son los palabros raros simplemente, los tecnicismos necesarios, sino esas denominaciones artificiosas para referirnos a fenómenos comunes de nuestra labor.

Y más que el tecnicismo, lo preocupante a veces es su definición que se convierte en el único objeto de su estudio. Como pasa ahora con competencias y tareas, dos tecnicismos tomados de la lengua común, cuyo significado más acertado es el más cercano a la lengua común, a pesar de lo cual no impiden que especialistas y aficionados se afanen una y otra vez en precisarlos. No es malo precisar, lo malo es que el objetivo sea sólo precisar, en lugar de trabajar, y que además la supuesta precisión sea completamente inútil. Me gusta insistir en esto. No me niego a los tecnicismos, todo lo contrario, me gustan, creo que un profesor de lengua además debe ser sensible a la utilidad diseccionadora del idioma (pero también al sentido común de la lengua y su contexto). E insisto en que los tecnicismos deben estar a nuestro servicio, y no al revés. Así, definir o precisar un concepto es adecuado en cuanto ayuda a perfeccionar la labor, pero si su objetivo es discutir simplemente si tal o cual cosa debe llamarse A o B, mejor olvidarlos.

Miles de veces he pensado cómo la realidad de la gramática desmentía las supuestas diferencias entre escuelas cuyos puntos de vista se presentaban como irreconciliables. ¿Cómo eran tan irreconciliables si después en un análisis gramatical lo mismo podía integrarse una idea funcional, que una generativa o que una lógica? Si realmente fueran perspectivas tan absolutamente irreconciliables, sus resultados no podrían haber sido sintetizados en cientos de gramáticas sincréticas que recogen coherentemente una visión de la morfosintaxis usando ideas de todas las escuelas. Habían perdido el tiempo con tanta precisión terminológica para que luego acabaran como el gazpacho en el mismo cuenco.

A propósito de competencia y tarea se produce ahora una inflación de definiciones que pugnan por ser las más completas o las más precisas. Finalmente, algunas resultan decepcionantes. Comenté en artículos pasados que asistí a una serie de conferencias sobre este asunto a cargo de un especialista. Recuerdo que varios asistentes le proponían actividades que hacían y él, tras analizarlas, decía si eran o no una tarea. No me parece mal clasificar los tipos de acciones, puede ser esclarecedor sobre lo que hacemos con el alumnado mostrándonos funcionalidades de las acciones según su integración en la competencia. Lo que me asombraba es que en ocasiones su veredicto se basaba en precisiones tan absurdas como que si los murales iban a ser desechados al finalizar el curso, la acción dejaba de ser tarea. La cuestión es si esa diferencia puede poner en absoluto entredicho la posibilidad de que una actividad concite competencias. Yo creo que no ¿Qué es lo importante, la obtención de competencias o la denominación exacta de las acciones? En ese caso la definición no está al servicio de la labor del profesor, sino al revés, la labor del profesor se pone al servicio de una definición.

La educación sigue siendo no ya un arte, sino una artesanía, una técnica artística. Es un error enfocarla como una máquina de precisión. Esta precisión reductiva contrasta con definiciones en expansión que igualmente consiguen hacer perder las energías y el tiempo. Por ejemplo, la comprensión. Efectivamente es un término complejo. ¿Qué ha ocurrido? Que a fuerza de precisarlo expandiéndolo, añadiéndole condiciones, se ha conseguido que la comprensión lectora se confunda con la comprensión del mundo, incluso con la comprensión metalingüística. Sabido es, sin embargo, que la comprensión es un pozo sin fondo, un saco roto imposible de saturar y que lo que nos interesa es el meollo del asunto, el corazón de la comprensión, lo central, no las fronteras que a base de pactarla nos llevan a indefinidas guerras terminológicas.

Algo de esto hay en las pruebas de diagnóstico de la Junta de Andalucía donde precisos conocimientos dialectales del andaluz (además mal identificados al parecer) se incluyen en un estudio sobre la competencia en comprensión oral, como si un aspecto más metalingüístico y enciclopédico que otra cosa pudiera considerarse esencial en una prueba general cuyo objetivo central debería ser semántico.

Lo peor de estos tecnicismos y definiciones es que a pesar del empeño, nunca se acaban de comprender, nunca se acaban de aplicar en clase realmente. Comúnmente suponen una renovación puramente nominal -donde dije digo digo Diego- y poco más. Recuerdo la general confusión de algunos tutorandos de prácticas entre "actividades" y "procedimientos". Si una diferencia tan simple y tan antigua a pesar de todo aún no está resuelta y aparece mezclada en muchas programaciones, ¿cómo pretenden que de aquí a poco, se distinga con precisión cuándo una acción es tarea, o si lo que estoy enseñando debe llamarse habilidades o competencias?

¿Tecnicismos? Por supuesto que sí, y muchos. Debemos ser profesionales técnicos, pero tecnicismos que tengan una finalidad funcional, no puramente epistemológica. A veces, recurro en mis cursos a actividades en las que los asistentes no estudian definiciones concretas, sino que eligen o construyen las suyas propias, en el convencimiento de que la imprecisión que ello conlleva no invalida su funcionalidad.
Porque lo importante sigue siendo lo que se hace, no lo que se dice o se escribe (a pesar de que las mediciones de calidad sólo cuenten con lo segundo).

Todo nazis

Abro el Diario Córdoba de hoy y encuentro la noticia de la distinción a un matrimonio cordobés por prestar auxilio a judíos durante la época nazi. Dice así el Córdoba :

A pesar de sus 95 años, Carmen conserva la sonrisa y el encanto que debió enamorar al joven José Ruiz Santaella, el cordobés de Baena con quien se casó y ha compartido toda una vida.
El matrimonio vivió en Berlín entre 1942 y 1944, donde él trabajaba como agregado agrícola de la embajada española. Y fue entonces cuando no dudaron en ayudar a varias mujeres judías, a quienes ocultaron en su casa. Primero fue a Gertrud, la costurera; luego contrataron como niñera a Ruth, y finalmente a la madre de ésta.
Cuando los Santaella se trasladaron a Suiza, perdieron todo contacto con la joven Ruth, con su madre y la señora Neuman. Sin embargo, años después, el testimonio de Ruth sirvió para incluir sus nombres junto al de otros gentiles que ayudaron a judíos durante el Holocausto.
Hoy, Ruth vive en Estados Unidos y aún mantiene contacto con Carmen y una de sus hijas, Margarita Ruiz Schrader, hasta hace poco jefa de protocolo del Ayuntamiento de Córdoba.

Los años pasan, y el ejemplo de Anna Frank y su diario no hace sino acrecentarse. Muchas novelas publicadas en colecciones juveniles abordan el asunto desde distintas perspectivas. Muscha es sin ninguna duda una de las más conmovedoras por basarse en la biografía de un niño gitano adoptado que sufre la crueldad de una política obsesionada con la epidermis.
La época nazi continúa ejerciendo una amarga fascinación literaria. Los éxitos de este año pasado lo corroboran.


El niño con el pijama de rayas de John Boyne ha sido probablemente el mayor éxito de ventas. Gracias a él, vemos el conflicto desde los ignorantes ojos de un niño, hijo de un alto cargo nazi, cuyo final desgraciado transmite la ceguera del holocausto.

Esa misma ceguera se transmite en Maus, basada en la historia del padre del autor, Art Spiegelman, que si bien obtuvo ya en el 92 el premio Pulitzer, ha sido reeditada en español. Un cómic en el que los seres humanos aparecen retratados como animales (los alemanes son gatos y los judíos, ratones) y que está considerado entre los mejores de la historia de este Arte.

Pero la novela que más originalmente ha retratado la época es probablemente La ladrona de libros, de Markus Zusak, una novela profunda y profusamente lírica, plagada de cortas y hermosas digresiones, en la que también hay niños, judíos que se refugian, ignorancia, amargura, y una muerte que no es la protagonista, sino la narradora.

Esta historia, estas historias, como las de la Guerra Civil, constituyen tal vez la más cercana herida de nuestra propia memoria, que a base de recordar, probablemente olvide las tragedias que tiene a su alrededor.

30 de enero, Día escolar de la Paz y la No violencia.

lunes, 28 de enero de 2008

Segunda regla para escribir un relato

Todas las habilidades en la vida consisten en aparentar que lo difícil es fácil. El buen escritor es capaz de convencer con "facilidad" a los lectores de que ha tenido en sus manos una hada muerta. Está claro que eso es imposible y que nadie ha visto algo similar.


Fuente foto: Presurfer

Véase también

Primera regla para escribir un relato.

Las guerras tienen mucho teatro

La guerra está presente en toda la literatura, pero si cabe, es en el teatro donde mejor se representa -tautología incluida- ya que para una visión crítica del belicismo no hay nada mejor que un género que se basa en el diálogo -toda una ironía-.

Grupo de Teatro Hypnos de nuestro IES en Lisistrata

Lisístrata, de Aristófanes, es un clásico entre los clásicos sobre la guerra. Es que en el fondo la guerra es de risa. Si no que se lo pregunten a estos pobres hombres que tienen que elegir entre hacer la guerra o hacer el amor: ¡los griegos clásicos inventaron ya el lema de los hippies! ¿Hay alguna duda sobre cuál es la elección correcta?

Francisco Nieva

Estos clásicos han sido imitados sin cesar. Y quien mejor lo ha hecho en este caso ha sido Francisco Nieva, que en su obra La Paz satiriza a todo bicho viviente y trascendente. Una verdadera tragicomedia moderna con coro, dioses, escarabajos peloteros, héroes y prostitutas.

No fue el único en el intento. Las guerras clásicas -Troya es Troya- han concentrado todas las lecturas: las guerras son siempre las mismas. Giraudoux vive el periodo de entreguerras europeo y ve en él un trasunto de guerras pasadas -La guerra de Troya no tendrá lugar-. Terminada la I Guerra Mundial, temía que se produjera la II, y a pesar de todo, tuvo lugar.

Es lógico que la gran guerra concite a todos los autores, europeos y etnocéntricos y por tanto, preocupados por sus propias guerras. Bertolt Brecht escribió varias obras sobre la guerra de la que huía. Aunque Madre coraje es la más conocida -muy lejos de lo que el tópico ha convertido hoy en una madre coraje-, destaca ¿Quién me compra el hierro?, obra breve, escrita en Suecia, en la que personifica a los países europeos criticando a cada cual su participación en la catástrofe nazi.



Pero al final, las guerras, sobre todo cuando no se viven, dan pena, y de pura pena, dan risa. Y eso es lo que refleja Arrabal en Pic-Nic, probablemente la obra más representada en centros de enseñanza, verdadera caricatura del belicismo: lo mejor del teatro del absurdo crítico con una guerra sin sentido.

Y no se han reído de la guerra sólo aquellos que la han vivido desde lejos. También quienes la han sufrido y han estado a punto de morir en ella, hicieron de la guerra su sustento. Gila ha sido sin duda el humorista de la guerra. Sus llamadas al enemigo y sus parodias de un ejército incompetente fueron repitiéndose a lo largo de los años. En esta versión, encontramos la actualización que llevó a Gila a unir su antigua actuación -que se produce al final- con referencias a la guerra de entonces: la I Guerra de Irak.



Día 30 de enero, día escolar de la Paz y la No violencia.

domingo, 27 de enero de 2008

Diccionario visual en inglés en línea

Visual dictionary es un diccionario de inglés visual disponible gratuitamente en internet. Aunque tiene acceso a través de la palabra como un diccionario alfabético, en realidad funciona como un diccionario ideológico, es decir, que va de las nociones a las palabras, no sólo de las palabras a lo que significan.


Dispone de un menú temático a través del cual pueden buscarse palabras e igualmente a partir de una palabra no obtenemos simplemente su significado o simplemente su imagen, sino una imagen en la que se insertan la palabra buscada más otra serie de palabras relacionadas; normalmente, parte y todo, o sea, o buscamos la palabra y nos muestra las partes, o nos muestra la palabra en el contexto de la totalidad.

Todas las imágenes son virtuales, lo que le resta cierto realismo. Por ejemplo, al buscar biblioteca aparece en el contexto de un plano de edificio en 3D, pero no encontramos una foto de una biblioteca que sería el ejemplo más revelador.

Además de imágenes, el diccionario funciona también como un diccionario ortoépico ya que pulsando en el icono correspondiente podemos escuchar la pronunciación de la palabra en su variedad estándar.

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