viernes, 3 de julio de 2015

Ventanas plásticas del profesorado en la innovación educativa


La plasticidad cerebral es quizá una de las cuestiones neurológicas que más se están debatiendo los últimos años por las evidencias continuas de que el cerebro cambia, se repara y metamorfosea continuamente su estructura a base de estímulos determinados organizados de cierta forma. Conocer esta plasticidad es también muy importante para la enseñanza que además, se ha preocupado por las llamadas ventanas plásticas, es decir, periodos en los que esa plasticidad es especialemente moldeable y tras cuyo cierre parece como que ya es imposible un cambio así. La ventana plástica por antonomasia ha sido la propuesta para el aprendizaje natural del lenguaje como se pudo comprobar con cierto niños y niñas salvajes privados del aprendizaje en la edad infantil que luego han sido incapaces de desarrollar convenientemente el conocimiento y uso de una lengua.
Aunque la comparación es odiosa, cabría preguntarse si podrían existir ventanas plásticas del profesorado relacionadas no sólo con su edad sino con su antigüedad, su motivación y su preparación anterior que vayan en contra de la idea de repetir lo que se ha aprendido. Dicho de otra forma: ¿se aprende a ser profesor cuando se es profesor o cuando se es alumno?¿Hay alguna época o condición en que el profesorado esté mejor preparado para el aprendizaje de su propia profesión? Probablemente la formación del profesorado tiene como problema que empieza demasiado tarde, cuando ya la ventana plástica se ha cerrado. ¿No podría ser que aprendemos a ser profesores cuando somos alumnos y luego ya nos resulta muy difícil desandar el camino?¿No será que aprender a ser profesor es tan laborioso que no siempre se aguanta hasta el final? Es más, puede ser que estemos aprendiendo todo el tiempo a ser profesores pero sólo en un momento, en un instante nos demos cuenta y surja la luz.

Aprender y desaprender


A través de A year of reading llego a este vídeo ilustrativo sobre cómo el ser humano puede aprender y lo que le cuesta desaprender y volver aprender o contraaprender y también cómo y cuándo se hace visible ese aprendizaje.



En el vídeo vemos cómo a alguien se le ocurre la idea de crear una bibicleta invertida, una bicicleta en la que el manillar hace girar la rueda justamente al revés de como estamos acostumbrados, es decir, en la dirección contraria. Lo más curioso es cómo a través de este invento descubren sorprendentes hallazgos sobre el aprendizaje y el desaprendizaje. Durante años, lleva la bicicleta a sus conferencias, reta a las personas a que la usen y nadie, nadie, nadie, es capaz de hacerlo, ni siquiera unos centímetros. Tampoco el protagonista, hasta que se decide a aprender...¡y tarda 8 meses en hacerlo! Lo que antes había aprendido en bastante menos tiempo ahora le costó dios y ayuda, pero de repente pudo hacerlo y con la misma eficacia que con la bicicleta ortodoxa. Puestos a aprender, hace la prueba con su hijo y hete aquí que aprende en solo dos semanas: ¡qué gran diferencia! Probablemente por la ventana plástica que aún estaba bien abierta.
Más curiosidades: ahora intenta volver a montar una bicicleta convencional y ve que le resulta imposible. Se empeña en aprender de nuevo y él mismo lo consigue en muy poco tiempo: 20 minutos.

Aprendizaje visible, innovación educativa y evaluación


En todos los casos uno de los momentos que se repite tarde más o menos el proceso de aprendizaje es ese momento en que se produce la chispa y el cuerpo queda adaptado a la máquina y el cererbo parece haber aprendido no durante un tiempo sino de pronto. Sea el proceso más largo o más corto, el aprendizaje se vuelve efectivo o visible de repente, al instante.
Si sea por más o menos tiempo, el aprendizaje se produce, podría demostrar que no hay ventanas sino ventanales y que cuanto más viejo es uno, la ventana existe pero es más difícil de abrir, mucho más.
Curioso que hablemos de personas cerradas para el aprendizaje y la innovación justamente como aquellas que no se abren a posibilidades inusitadas de actuar porque no tienen la paciencia ni la motivación suficiente para esperar esos meses en que el trabajo duro no tiene recompensa porque han aprendido a hacerlo de otra forma y ahora no sólo tienen que aprender, tienen que desaprender y contraaprender.
También una idea importante aquí es cómo el aprendizaje puede visibilizarse de repente sin que antes haya claros indicios de que se está produciendo en nuestro interior. Esta idea es trascendental para modificar las exigencias de los momentos en que debe evaluarse un aprendizaje. Imaginemos que se hace justamente un segundo antes de que se pivote hacia la eficacia. El resultado sería cero, el programa podría interrumpirse sin saber que habiendo esperado un solo segundo, hubiera sido un éxito.
No es la primera vez que se habla de periodos de aprendizaje sin efecto visible. En lectura hay referencias bibliográficas que hablan de periodos mínimos para aprender por ejemplo, las estrategias de lectura, antes de los cuales no se observa avance.
Todo esto avisa sobre la dificultad que tiene valorar avances de aprendizaje, más aún si se trata de aprender, desaprender y contraaprender en distintas épocas de la vida, por lo que no tenemos más que recordar el sabio refranero que por algo decía y dice que la paciencia es la madre de la ciencia y probablemente el coraje, el padre del aprendizaje. Paciencia y coraje, pues, para hacer un profesorado innovador, una tenacidad que a algunos siempre les falta.

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