viernes, 9 de octubre de 2015

La verdadera aula invertida: el aula reinvertida



 ¿Es invertida el aula invertida?

Como vemos en la imagen, se suele hablar de aula invertida o flipped classroom como aquella enseñanza en la que en lugar de ver la teoría explicativa en clase y las tareas en casa, se ve la explicación en casa -con diversas formas, normalmente con vídeos expositivos- y se realizan las tareas en clase para apoyar la problemática duda de las prácticas. ¿Y dónde está la inversión? ¿Dónde se ha alterado el orden de las cosas? ¿Cómo se puede dar la vuelta a algo que sigue igual? ¿Será esta, por fin, la ansiada cuadratura del círculo?
Si resulta que damos la teoría primero y luego la práctica, no hay vueltas ni inversiones, ni flipped alguno: todo sigue igual salvo que en otro lugar (teoría  > práctica; teoría >  práctica...). El pensamiento que se promociona sigue siendo el mismo, el pensamiento deductivo. ¿Y si pudiéramos realmente dar la vuelta a la clase? Pues entonces haríamos lo siguiente: realizaríamos tareas sin teoría previa en el aula de forma que el alumnado con su trabajo indujera una base teórica suficiente para reconstruir posteriormente en casa la teoría completa con explicaciones -en vídeo, por qué no- de forma que el aula fuera realmente invertida, el aula invertida inductiva.
Sé que no todos están de acuerdo con que eso sea inducción y es más, sé que algunos desconfían con razón de los beneficios de la inducción. Pero a pesar de ello, yo sí creo que es una forma de inducción este proceder y que sí tiene beneficios educativos sólo que no son todos los beneficios, ni debe aplicarse indiscriminadamente, ni sirve para cualqueir tiempo y lugar. Lo que sí defiendo hasta donde sea es que el todo o nada poco ayuda a nada y que dificultad es una palabra distinta a impedimento en cualquier diccionario.

El aula reinvertida: abriendo el círculo


El procedimiento inductivo tal como se conoce en didáctica cayó en cierto descrédito porque presumía lo que no podía alcanzar: que cualquier persona podría inducir las reglas de la naturaleza sabiamente guiada en el mismo tiempo y esfuerzo que si se las damos hechas. Se pensaba falsamente que lo que la humanidad habia derrochado en siglos de errores y aciertos podría reproducirse en las aulas en un súbito eureka. No es así, ciertamente. Pero tampoco es cierto lo contrario, ni es totalmente falso que para inducir lo que ya conoce nuestra cultura tengamos que reproducir los mismos pasos. Los métodos inductivos en pedagogía usaban materiales seleccionados y guiados para un fin didáctico que la realidad tozuda no tuvo en su historia. Algunos tardaron mucho tiempo en comprender reglas de ortografía o por qué las negaciones en español se forman así, sin embargo, si queremos presentar inductivamente estas teorizaciones, disponemos de materiales manipulados para orientar hacia esa conclusión teórica que queremos sostener incluso con sus excepciones.
Se olvidaba cuando se hacía la crítica de la inducción -y hubo libros de texto completamente basados en ello- que no sólo se aprende el contenido que se trata, sino cómo se trata. En el procedimiento deductivo, la teoría aparece como un conocimiento mágico propio de personas iniciadas que gentilmente se presenta a los neófitos a los cuales se les puede dar la oportunidad de comprobar. En la inductiva, el conocimiento, se presenta -y se aprende- como un procedimiento natural del ser humano al enfrentarse con la realidad y al alcance de todos. Cuando realizaba actividades de inducción (de lo particular a lo general, se decía) el alumnado no sólo aprendía aquella materia en la que trabajaba, aprendía modos de pensar distintos a la deducción (de la teoría general a sus demostraciones o aplicaciones concretas), algo cuya rentabilidad pedagógica no se tenía en cuenta normalmente.
No todo puede inducirse. Hay unas condiciones. No todo puede presentarse -y debe- deductivamente. Hay unas condiciones. Supongo, a bote pronto, que para implicar al alumnado en tareas inductivas habría que tener en cuenta lo siguiente al menos:
- Que tenga experiencia en el aprendizaje instrumental. No podemos esperar que acostumbrados a trabajar deducativamente toda su vida, se afanen a ser inductivos y más reflexivos de pronto.
- Que las tareas sean cortas y directas. No podemos plantear inductivamente todos los contenidos, sino aquellos que creamos que de forma más directa y accesible podrán culminar con éxito.
- Que los materiales de muestra estén disponibles. No siempre tenemos materiales completos para facilitar inducciones existosas. Puede haber explicaciones magníficas, pero el material al que exponer para que se induzca acertadamente lo que queremos que aprendan no es fácil de encontrar, seleccionar y mostrar siempre.
Pese a ello, la inducción no tiene que ser completa. Siempre existe la incertidumbre y la excepcionalidad. A eso me refería con que se tenga experiencia también en el aprendizaje instrumental porque el alumnado tiene que aprender que las reglas no existen, nos las damos más bien los seres humanos a nosotros mismos para comprender mejor la realidad porque tenemos -suelo decir yo- mentalidad resumidora.
A estas altura probablemente alguien esté pensando que deducción e inducción no son antagónicos, sino complementarios. Y son ciertas (son ciertas las dos cosas: antagónicos y complementarios), por eso nada impide que se pueda no ya cerrar el círculo, sino abrirlo en un aula invertida una y otra vez, tanto que vamos a llamarla aula reinvertida porque saca frutos con la siembra de las semillas de los frutos de lo anterior. A esto de actuar deducativa e inductivamente en un sinfín recuerdo que llamábamos estructura circular, pero como el círculo se cierra y esto no, mejor digamos que entramos en un bucle que no se repite sino que crece: el círculo abierto e imperfecto (nunca acabado etimológicamente) que es la enseñanza.
Y en esto ando preparando una conferencia en la que pretendo como su nombre indica, con-ferenciar con los asistentes una teoría del lenguaje en la vida educativa de forma que podamos inducir entre todos algunas ideas el día del encuentro escuchando sus respuestas a algunas preguntas para que luego, después de la con-ferencia y no antes, fuera de la sala y en su casa, vean (si quieren) el powerpoint, mi dichosa presentación, para comprobar si las ideas que yo y los teóricos tenemos coinciden con lo que ellos piensan y sienten sobre cómo hablamos, leemos, escribimos y vivimos.





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