miércoles, 4 de noviembre de 2015

Cobrar más por lo que ya cobras en educación

Estos días se ha levantado una polvareda notable a propósito de un libro que nadie ha leido y todo el mundo comenta. Yo no he leído el libro y probablemente no lo voy a leer (no por nada, sino porque no entra por ahora en mis prioridades de lectura aunque me parezca una lectura recomendable para quien quiera comentarlo) de manera que en modo alguno voy a referirme a él ni a lo que se diga o se dice que se dice o se comenta sobre lo que se dice que se diga entre otras cosas porque suele ser chisme infundado o interpretado y "fecho al ytálico modo", o sea, el de "y tal y tal y tal..."
Sea cual sea el origen -que para el caso no importa lo más mínimo- la pregunta es si el profesorado "bueno" debe cobrar más que el "mal" profesorado con todas las salvedades sobre qué sea eso de buenos y malos.

La educación en el far west


Empezamos mal, pensando que esto es cosa de buenos y malos. Cuando se habla de evaluación del profesorado hasta los profesores se dejan llevar por la malsana creencia de que evaluar es aprobar o suspender y que por ello, hay profesoras y profesores que aprobarían si se les evaluara o suspenderían en su caso. Esto es simplemente una mamarrachada, por usar un término culto (si usáramos un término vulgar, sería una g...).
La película del espagueti western está servida porque el feo -la Administración a quien tanto les gusta los funcionarios endiñar todas las culpas para que no los confundan con ella- cuadraría el triángulo maldito.
Evaluar al profesorado no significa clasificarlo como bueno o malo, significa calibrar los efectos de su perfil profesional a partir de indicadores de su desempeño y en ese sentido todos podemos tener variables buenas y malas, más buenas y más malas porque hay que evaluar muchas cosas.
Lo malo, malo, malo, es que la única variable sea constante y entonces no es que sea evaluación es que es calificación, algo totalmente distinto. Si al profesorado se le califica según una sola variable -por ejemplo, los resultados- entonces obtenemos una calificación simple que no nos dice nada y de nada sirve y mucho menos para elevar el salario.

Cobrar más no es cobrar dos veces


Que hay que evaluar al profesorado: por favor, ya tardan. El profesorado debe ser evaluado como todo trabajador o empresario, pero además, siendo una profesión de desempeño tan sensible no tiene más remedio que aceptar ser de las primeras en ponerse a disposición de la sociedad y su dictamen.
Creo que es un dato suficientemente atestiguado que la falta de evaluación y la evaluación torticera cuando ha existido ha generado una selección y una formación perversa del profesorado en Andalucía, y por extensión en España. Una formación que no es que primara los conocimientos enciclopédicos por encima de la práctica pedagógica y educativa, es que despreciaba la práctica por encima de todo tanto en la formación inicial como en el desempeño inicial o bien la sometía al dictamen de su amo en los centros privados.
¿Debe cobrar más el profesor bueno que el malo? ¡Cómo qué! Si existieran, el profesor bueno sería el único que debería cobrar porque el otro u otra debería estar en otros trabajos. Esa debería ser como mucho la discusión: cómo seleccionar y promocionar al profesorado, no cómo agasajarlo pecuniariamente.
En todos los trabajos se cobra por hacer las cosas bien, por hacerlas como se debe. No puede pagarse más a unos que a otros por el simple hecho de considerarlos mejores profesionales en el mismo desempeño.
Cuidado: he visto injusticias atroces, como personas que cobraban más y se les promocionaba a pesar de que se conocía y manifestaban sin ocultarlo que realizaban su trabajo muy por debajo de sus obligaciones. Yo no tengo que cobrar más por eso: es él quien debe abandonar su puesto de trabajo si acaso.
En ocasiones se habla de conceptos por los cuales deberían pagarnos. ¿Y quién nos dice que no cobramos por ello? Por innovar deberíamos cobrar; por corregir algunos exámenes extraordinarios deberíamos cobrar... No me voy a meter ahora en derechos laborales, pero ¿quién te ha dicho que la innovación no está ya en tu nómina? No estamos hablando de un trabajo extraordinario completamente, estamos hablando simplemente de tu obligación como profesora o profesor de estar al día, incluso más al día.
En una ocasión cuando fui a comprar una bombona a la gasolinera, el trabajador se quejó de que tenía que venderlas además de atender los surtidores por el mismo salario. ¿Y si ahora ya no tienes que surtir a los coches y debes estar tras la caja cobrando y regalando barras de pan te negarás a realizar tus servicios con el mismo horario y las mismas condiciones simplemente porque las gasolineras han cambiado su modelo de negocio? Ignoro la problemática de las gasolineras y no quiero meterme en otra polémica, sólo quiero poner de manifiesto que en todos los trabajos, los roles van cambiando y especialmente en la educación, aunque nos pese y nos revuelva, cambiar, innovar -no trabajar más o menos que es otra cosa- no sólo forma sino que debe formar parte de nuestro servicio público, con los límites de lo humana y laboralmente posible.
Repito: cobrar más por hacer tu trabajo es cobrar dos veces. No es el camino según mi opinión para mejorar la educación.

Carreras que se acaban pronto


El ser humano es un ser que vive de objetivos, que vive de proyectos (y no necesariamente competitivos), es un ser que o vive cargado de futuro o vive en la depresión, la melancolía del pasado y el no future. Las carreras se nutren de muchos premios y logros, no sólo de dinero y agasajos. La carrera docente no es carrera, no existe, no tiene objeto, tiene fin pero no tienes fines. Hay que enriquecer esos fines, esos logros, esos saltos, esos triunfos porque no estamos hablando de una profesión cualquiera, es una profesión artesana, técnica, creativa, rebelde, meticulosa, sensible que muere cuando se repite a sí misma. ¿Eso se consigue solo con dinero? Creo que no. Todos los que sueñan con la lotería, sueñan con no trabajar y aquí estamos hablando de trabajar más y mejor: no des premios de lotería porque conseguirás lo contrario de lo que pretendes. Cobrar por el desempeño, bien; cobrar por lo completamente extraordinario, vale; cobrar más por hacer bien el trabajo que ya te pagan, no.

Estamos hartos de jueces y parte


El colmo es que quien no solo es parte del problema sino serio sospechoso de culpabilidad absoluta pretenda ahora imponer justicia. Si resulta que la supuesta evaluación del profesorado la va a hacer la misma universidad que ha provocado la catástrofe, que dios nos coja como quiera porque yo no pienso ni confesarme.
Una universidad que sigue seleccionando a su profesorado de aquella manera  -el universitario modo-, una universidad que ignora lo que es la educación porque en muchas especialidades ha querido negarla rotundamente -nosotros no preparamos a profesores; nosotros no somos una academia de maestros-, una universidad que ni se sonrojaba cuando un alumno de Barcelona les echa en cara que la única innovación que habían hecho había sido pasar de los folios amarillentos a los powerpoint copiados, una universidad que todavía no sabe por dónde va la primaria ni la secundaria y que cree que esas etapas serán probablemente serviles sistemas propedéuticos y así deberían seguir (la educación de personas adultas como que no existe), una universidad quejosa de lo que les llegaba pero que nunca supo nada de lo que salía (opositores ignorantes ante tribunales asombrados de su incompetencia).
¿Es esa universidad la que va a liderar la evaluación y regeneración de la educación en este país? Pues vamos dados. Habrá otras universidades que puedan hacerlo, y tanto, y tan valiosas, pero lo peor de ellas, pero lo peor de ellas, es que están allí, allí mismo.

La distancia del ascua a la sardina


Ojalá conociera la ciencia del espeto pero lo cierto es que por más que me gusten no sé si son producto de la sardina, del ascua, del espetero, del viento del día, o del acierto del chiringuito calculando correctamente su valor en la carta. Y mientras tanto, las ascuas bailan al son del que más puede. El poder: algo que tienen los poderosos; no sólo los ricos, ¡los poderosos!. Como poderoso es un portero cuando no te deja entrar; como poderoso es un mafioso que te manda aniquilar, a pesar de que sean decisiones de calibre diferente, como poderoso es un sindicato progresista que impide las innovaciones que los progresistas piden (o al revés, tanto da) . En la educación, los poderosos, como es una cuestión esencialmente política -ojo, la educación es esencialmente política; no tangencialmente, o además, o también o fundamentalmente; no, aquí la educación es pura y llanamente politica. Tampoco ideología (¿ideología? ¿ideas? eso es una paparrucha: política,¡joder!)-. Pues es imposible discutir de educación, se discute de política, pero no dejan que discutas de educación o sobre la educación, ni siquiera sobre el aprendizaje.
Los partidos se hacen sus narraciones (todos tenemos ideas de qué partidos han impuesto incluso esas narraciones nacionalistas o sectoriales en la educación que han dominado políticamente) y no aceptan ninguna educación que no vaya de su cuento. Así, por ejemplo,  se argumenta que eso sea neoliberal, o economicista, o retrógrado o revolucionario, destructivo, de izquierdas... un lenguaje llevado a su sardina. Nada de aprendizaje, de educación, de enculturación, de cultura, de conocimiento, de ciencia, de sabiduría, de crecimiento emocional, no.
Lo peor de todo es el dichoso sentido crítico, supuesto nirvana estudiantil al que debemos tender y que consiste en ser crítico...con el partido contrario, con la ideología del otro. Nada de aceptar críticas que es algo reservado a los demás (y hablo de ser crítico, no un troll, que estos se creen críticos encima).
Para mí que todos los partidos son franquistas porque heredaron su afán manipulador de la enseñanza salvo que piensen "libremente" lo que ellos quieren. Y es una herencia costosa porque venir de una educación manipulada ha hecho manipuladores a los educadores en cierta forma, les ha obligado a pensar que la única manera de promover valores es enseñarlos en la institución educativa y todos han caido en la trampa -incluida la iglesia católica que parece estar muy cómoda por otro lado en el papel de presencia ideológica aunque no evangélica-.

El hielo que quema


Cientos de educandos en el franquismo y el nacional-catolicismo han dado ateismos, regionalismos, europeismos, libertalismos y liberalismos, igualitarismos, revolucionarios y poses disruptivas, en un fogonazo procedente de la más helada educación dictatorial. Y hete aquí que los jóvenes criados o malcriados o nacidos o biennacidos en democracia ahora resultan ser machistas, racistas, egocéntricos y obesos según se empeñan en demostrar hasta porcentajes inesperados al menos según los gastos de que fueron objeto para conseguir todo lo contrario.
Todas unas generaciones quemadas en el árido hielo de la falta de libertad para aprender a tener una libertad que no aprendieron quienes la tuvieron y obtuvieron después. Por eso queremos obligarlos a ser libres. Hay que obligarlos sea como sea. Y yo sé cómo hacerlo, a lo mejor no sé educarlos o que aprendan, pero sé hacerlos como deben ser, como yo te diga.

El hartazgo educativo


Como ya nada está oculto, las familias y los pueblos no ocultan que no tienen tiempo para la educación y que eso debe ser un trabajo solamente. Que no saben hacer cuentas, será del coelgio. Que se acostó con el compañero, el colegio debe ser. Que hay que prevenir el SIDA, que lo enseñen en los colegios. Que la carne procesada es mala, que lo enseñen... (bueno, eso depende, sólo si el pueblo es agrícola o industrial pero no ganadero; bueno y si es ganadero que enseñen lo contrario). Que hache por be, que lo enseñen en los colegios, que churras por merinas, que lo enseñen en los colegios...
Paises sin asociacionismo ni culturas de aprendizaje rico, poco pueden confiar más que en las escuelas. No hay nada que no se haya propuesto enseñar en la escuela, una señora gorda harta de materias a la que se le exige que se olvide de las materias (aunque no de los materiales), qué sinsentido.
Un pais paradójico que quiere ser coherente: esa es la paradoja.

Negro sobre blanco


Por todo ello, para mí, el profesorado no debe cobrar más por hacer bien su trabajo: es que debe hacerlo bien y si no, no debería dedicarse a esta profesión si además no intenta mejorar. Para ello, es imprescindible una evaluación que no es una clasificación del profesorado sino una retroalimentación del desempeño de su perfil para proporcionar oportunidades de crecimiento y mejora fundamentalmente a base de una carrera profesional que estimule el desempeño específico.
Nunca lograremos esto mientras la educación esté tan exageradamente ideologizada. Educar es política pero no partidismo. El pasado nos enseña que las manipulaciones pueden volverse en contra de lo que uno desea y sobre todo que no se puede derivar a la educación la cantidad ingente de necesidades educativas de la gente como no podemos derivar a los médicos la observancia de unas costumbres sanas o una dieta adecuada. No tenemos una tradición de país educado y educador en el sentido enculturador académico que solemos dar a la cultura y conseguir eso no pasa solo por la educación como macroestructura, pasa por muchas más instituciones que no forman parte de lo que hoy llamamos educación y que por el contrario tienen una influencia atroz (y no quiero señalar) y nadie las señala (cuando hablan de educación).

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