domingo, 24 de agosto de 2008

Fotografía y lectura


La primera vez que me interesó la fotografía de lectores fue a propósito del Premio al Fomento de la Lectura que en 2002 recibieron Juan Mata y Andrea Villarrubia, por Elogio de la lectura, un sencillo montaje de diapositivas, música y lectura que este matrimonio aprovechaba para comenzar coloquios estupendos sobre el tema en los lugares más variados y distantes.
Fruto de aquel premio fue la exposición Amar leer en la que recogieron algunos de los textos sobre la lectura de autores famosos e ilustraciones de fotos y cuadros alusivos.

Tuve la ocasión de ver Elogio de la lectura en un curso que impartí al que pedí que se uniera esta presentación (luego lo intenté en otros lugares, pero ya no pudo ser por la distancia). Seguían haciendo la presentación en diapositivas -fieles a su origen, explicaban-, lo que no dejaba de ser engorroso en estos tiempos de ordenadores.

El año pasado la exposición vino a nuestro pueblo y colaboramos con la Biblioteca Municipal para montarla. Las visitas que hicimos fueron memorables: recorrimos los paneles y leímos en voz alta los textos preparados previamente en clase. Fruto de aquella exposición fue este vídeo que la Biblioteca Municipal añadió al recorrido por la sala.



La imagen de la lectura sigue cautivando espectadores. Recientes exposiciones en Barcelona (vía: Futuro del libro) atestiguan su éxito.



En una, André Kertész nos presenta "el íntimo placer de leer



En otra, Palpando la palabra, nos muestran la mirada de los dedos con que los ciegos ven los textos en braille.



Ambas son exposiciones de la Obra Social de Caja Madrid del Espai Cultural.



Y no sólo exposiciones ha dado la lectura a la fotografía, sino múltiples concursos y campañas. Como esta que Tökland repite cada verano y cuyo resumen del pasado presentamos.



Para seguir el asunto nada mejor que Librosfera, donde no pasa inadvertida ninguna de las ocasiones en que fotografía y lectura se unan.



Los concursos sobre fotografía y lectura se prodigan: en la sucursal extemeña de Tökland ; en Cantabria, en Mieres, en Coruña, en Salamanca (la mejor exposición virtual). Y en instituciones como la Fundación Alonso Quijano.

A pesar de que hay fotografías realmente espectaculares y artísticas, las que me siguen conmoviendo más son las de sencillas personas leyendo: la mirada fija en las hojas, el silencio que se oye en la imagen y la corriente invisible que pasa del libro a la mente. Y en los lectores ciegos, la misma impresión: que la lectura es una descarga plácida y lenta que va dejando un aparato sin pilas (por ahora) denominado libro.

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