jueves, 17 de diciembre de 2015

Nuevos modelos educativos: un congreso en Chiclana (II parte)

En un artículo anterior, comenté la primera parte del congreso Nuevos modelos educativos, nuevos centros, celebrado en Chiclana el pasado fin de noviembre cuya crónica espero culminar ahora.

Volvimos a la tarde con una intervención de Nuria Sánchez Poveda, del Colegio Mare de Déu que habló sobre inteligencia emocional; bueno, más bien, habló de la empresa para la que trabaja y a mí me dio la impresión de ser más un acto propagandístico que académico porque al no pertenecer a instituciones confesionales no suelo encontrar en la formación este tipo de sesgo que me resultó extraño porque lo que me preocupa es la educación, no la propaganda. Su parte dedicada a cuestiones pedagógicas me pareció más bien llena de trivialidades, ni siquiera se atrevió a hacer una defensa de la teoría de las inteligencias múltiples frente a la cantidad cada vez mayor de críticas que recibe en los ámbitos estrictamente científicos o a explicar realmente en qué consiste aplicada a la enseñanza a diario. Mostrar a niños tocando el violín con cinco años o aulas recién estrenadas al estilo de IKEA y cosas así, no creo que sean buena propaganda más que para instituciones como esta que financiadas, como dijo, por el estado y por los padres, doblemente, pueden mantener una imagen publicitaria de aspecto más bien superficial para posibles clientes como para la formación del profesorado que ofreció varias veces como servicio de venta, lógicamente. (Un problema de estas instituciones empresariales dedicadas a la educación es que ofrecen y suelen reducirse a métodos esclavos cerrados, nunca conocimiento abierto y libre como ocurre frecuentemente con el profesorado de la pública y con la mayoría de las instituciones públicas).
Los proyectos que presentó en aula me parecieron pobres en comparación con los que he visto de centros públicos. Si acaso destacar alguna idea que ya comentaron otros como la acogida diaria o la importancia de la no sobreprotección de los padres en el desarrollo de la inteligencia y la vida en la escuela. En fin, no conseguí sacar nada que no fueran tópicos, sintiéndolo mucho.
Llegó entonces el turno de los talleres. Había dos talleres simultáneos: metacretividad con Mar Melgarejo sobre enseñanza de la creatividad y LOVA, con Pedro Sarmiento, sobre el poder educativo de la ópera.
Esa noche, tras una cena copiosísima como todos los días, en la que incluso vimos a conferenciantes como nosotros hacer varias visitas a los lineales por los platos, hicimos nuestro pequeño congresillo en el apartamento del hotel donde nos hospedábamos y si no llega a ser porque había que levantarse temprano al día siguiente y evitar las voces en la terraza a esas horas, nos habrían dado las tantas discutiendo allí.
La jornada siguiente comenzó con David Durán, de la UAB, conocido por su libro de Leer en pareja y ahora por Aprenseñar, dentro de la línea del grupo Grai. Las aportaciones de Durán y su línea de trabajo, ciertamente ya conocidas, nos llevan a la efectividad de aprender enseñando y su constatación empírica. Incluso habló de alumnado que realiza materiales didácticos, que es digamos ya, un paso superior que por ejemplo, hacer la ficha de lectura con la que trabajan en leer en pareja ya en estados más avanzados. Ciertamente exponer es mejor que solo aprender por el efecto de la audiencia y más aun si no solo se expone sino que se interactúa. Por eso se potencia el saber en las tutorías entre iguales, sean de la misma o diferente edad (same age/cross age tutoring). Incluso llegó a hablar de la docencia compartida, pero no con otro profesor o profesora, sino con alumnado.
Esta es una de las líneas de aprendizaje que más interés tienen para mí, sin embargo, no para que toda la enseñanza se haga de esta manera o para que se base solo en fichas como ocurre en el libro de Leer en parejas. La inclusión del alumnado en una tradición de aprender enseñando, primero es muy complicada, y segundo, debería ser versátil y recurrente. Desde luego como no se consigue es no empezando, pero creo que puede ser por decirlo de alguna manera un puente adecuado entre el trabajo por proyectos y la clase magistral. A veces -es mi opinión y provisional- me parece que se está confiriendo a los proyectos, al ABP, un poder excesivo en cuanto a sus posibilidades educativas y que la clase magistral, entendida como la síntesis de los saberes para ser explicada de manera comprensiva para ahorrar esfuerzo educativo a otra persona, no debería marginarse de ninguna manera y menos de manera total, sino que habría que dotarla de calidad, limitarla en el caso del profesorado y enriquecer los protagonistas; en este caso, con el alumnado, pero también con familiares, con ciudadanos, con la comunidad.
Tras un pequeño descanso, llegó el turno de José María Ruiz Palomo, director del IES Cártima, la joya de la corona andaluza y su Proyecto Cártama. El congreso iba a terminar por todo lo alto con él y Santos Guerra a continuación. Como decían algunos, vino para ponernos los dientes largos con un centro que en dos años de breve existencia se ha convertido en modelo, ganador de premios y ejemplo de educación ética y transformadora. No es que trabajen por proyectos, es que tienen hasta un departamento de proyectos y los libros de texto están prohibidos. cada alumno o alumna lleva su tablet. Y hacen proyectos al albur de la vida como organizar unas jornadas de puertas abiertas en las que los padres y madres previa cita iban al centro a conocer cómo y qué aprendían sus hijas e hijos. Con un equipo que cree en el proyecto, unas clases de docencia compartida y un convencimiento del valor ético de la profesión, ¿cómo les iba a salir mal? Por los casos que contaba, era en realidad un centro en el que el dicho de Freire de convertir las dificultades en posibilidades se aplica a diario. ¿Qué consiguen? Que alumnado y profesorado trabajen más, pero encantados de la vida. Y claro, un proyecto basado en ideas comunes, pero sobre todo en la formación del profesorado entre cuyas iniciativas mencionó la idea de realizarla siguiendo el modelo de Lesson studies para el próximo curso, justamente lo que más falta en la profesión nuestra en este país: evaluación docente entre iguales y en la práctica.
Ya solo quedaba la conferencia final y Santos Guerra, catedrático de la Universidad de Málaga, casi nos levanta del asiento con un discurso sobre la evaluación genial lleno de gracia y sabiduría de muchos años.





La conferencia de Miguel Ángel Santos Guerra versó sobre la evaluación. Una manía que según e´l tanto más se ejecuta cuanto más inferior es el sujeto evaluado, de manera que ascendiendo en la escala, cada vez nos encontramos menos posibilidades de evaluación. Esta manipulación de la evaluación por parte del poder quedó patente en casos que contó que le habían ocurrido, por ejemplo, con los gobiernos de Bolivia o de Andalucía. El poder difícilmente acepta evaluaciones externas encargadas por ellos mismos que le sean contrarias y o bien manipula los datos o los elimina sencillamente. Contó justamente cómo se había tenido que enfrentar a estos gobiernos exigiendo que los datos fueran publicados según su informe literal y cómo después no cumplían este extremo del contrato.
Partiendo del poco acuerdo que hay sobre el significado de evaluación, nos llevó por las características que debe tener para ser solvente y fiable. Pero no se circunscribió ni mucho menos al tema de la evaluación sino que hizo un repaso profundo y divertido de la educación. Su idea fundamental con la que comenzó y terminó fue el optimismo intrínseco de la profesión de enseñar. No hay posibilidad de ser maestro pesimista o más bien, no debería haberla. Es imposible ser buen maestro y pesimista porque el cambio es posible y la ilusión es su motro predilecto.
Hay ideas bien conocidas como el impacto de la directiva en el cambio o la falta de autonomía de los centros para poder estimularlo. La escuela la hacen los maestros y la idea que debe prevalecer es el pensamiento de que mi escuela es mejor porque yo estoy en ella. Ese amor por la enseñanza tiene que ser fundamental de tal manera que sin él no hay nada posible porque "el ruido de lo qeu somos -dice literalmente- impide al alumnado escuchar lo que decimos".
Hay que evaluar, claro que sí, pero para mejorar, no para controlar. Para comprender esa evaluación y sus propuestas de mejora hay que comprender no sólo el texto (el centro y sus resultados) sino el contexto donde se produce. La evaluación es educativa porque educa a quien la hace y a quien la recibe.
Fue terminar y producirse una larguísima ovación, sin duda, la más prolongada del congreso.
Fue un final espectacular y perfecto no sólo por la enjundiosa y ocurrente intervención de Santos Guerra sino por su aire de optimismo inacabable que después de tres días de ejemplos, experiencias y certezas de cambios que sí se pueden realizar, nos dejaba el mejor sabor posible y la mayor determinación profesional de seguir trabajando por una mejor educación de todos y para todos.
Un congreso inolvidable, una reunión difícil de superar y un espíritu, el chiclanero, que nos acompañará ya para siempre después de estos días que debemos agradecer a la magnífica organización de los centros del profesorado de la provincia de Cádiz, que trabajaron sin descanso para que pudiéramos ser testigos de esta maravilla. Muchas gracias a ellos, a todos los ponentes y participantes.

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