miércoles, 9 de diciembre de 2015

Recomendaciones para semipresencial II: para el aula presencial

Aquí añado la segunda parte de las recomendaciones en enseñanzas de la modalidad semipresencial para el aula presencial que son las segundas que aporto. Forman parte de mi contribución a los materiales que entregué en un encuentro que organicé para profesorado de semipresencial en Educación Permanente de personas adultas en Córdoba y que entregué impreso en una publicación que he titulado Súbito semipresencial. (La primera parte sobre el alumnado puede verse aquí).

Dedicar algo a los aprendizajes instrumentales no solo a la materia

Los temarios son muy amplios y las sesiones presenciales muy cortas, pero si dedicamos todo el tiempo a la materia y nada a los contenidos instrumentales puede ser que no obtengamos resultados justamente por eso. Aprender a comprender, comentar herramientas de ayuda o técnicas de expresión son también parte de la enseñanza semipresencial como de cualquiera al igual que los contenidos de soporte técnico respecto al uso de las TIC y especialmente de la plataforma y los materiales digitales.

Momentos de atención personal

Lo mismo que en las relaciones virtuales o en las clases totalmente presenciales, el individuo debe sentirse tratado personalmente en algún momento aunque sea efímero. Buscar formas de poder repartir esa atención lo más eficaz y económicamente dado el límite de tiempo es un detalle que puede cumplirse si se usan técnicas como disponer trabajos en grupos grandes para atender personalmente a algunos alumnos o alumnas con alguna finalidad concreta y rápida o simplemente pedir que de cada grupo uno distinto cada vez haga de observador y diga personalmente al profesor o profesora cómo ha funcionado el ejercicio. Se trata de procurar ocasiones breves de contacto personal apartadas del gran grupo.

Debates sobre la propia materia y su organización

A pesar de la necesidad de resolver dudas sobre el contenido directo de cada ámbito o destreza, conviene también dedicar tiempo a conversar sobre la propia materia, su estructura y características así como la organización global del curso o nivel.
Cuestiones evidentes para el profesorado pueden no serlo tanto para el alumnado que en ocasiones pueden no comprender por qué aparecen los contenidos en ese orden o echar en falta algo. Por otro lado, puede ocurrir que el profesorado no advierta algún problema de comprensión o esté de acuerdo con que haya materiales poco adecuados y comentar la materia y su organización pueda resolver el problema o ayudar a comprenderlo.

Terminar con una conclusión sobre la sesión

Si las cosas no tienen solo que ser sino parecer lo que son, es importante concienciar al alumnado de lo que ha hecho durante la sesión. En ocasiones por la precipitación o por sus condiciones personales ha podido asistir sin percatarse de todo lo que se ha hecho y con qué objetivo. La sesión presencial debe ponerse en valor además de tenerlo.
No es mala idea además que cada sesión tenga un relator que haya tomado nota sobre todo lo que se ha hecho o que en unos segundos se haga un repaso colectivo de lo trabajado. Cualquier método que insista en esta idea puede ponderar el valor de la sesión presencial e incluso incidir en el abandono paulatino.

Detectar problemas especialmente de solución inmediata o presencial

Las sesiones presenciales constituyen el momento álgido del chequeo que supone el radar constante de la plataforma y las actividades a distancia. A veces, los problemas se pueden solucionar instantáneamente en la sesión presencial o sólo vamos a verlos planteados aquí por las condiciones que los contextos escritos imponen, de manera que hay ciertas dudas o problemas que pueden plantearse en la sesión presencial que difícilmente van a comentarse en las comunicaciones virtuales. Provocar un ambiente de confianza en ese sentido -en grupo o individualmente- puede servir para detectar problemas que de otra manera pasarán desapercibidos.

Ocuparse de aquello que es más interactivo o espontáneo

Por mucho que queramos conseguirlo, la escritura del entorno virtual forzará un trato más formal que el conversacional e incluso coloquial de la clase presencial. Por eso es normal que la clase presencial se reserve para aquellos ejercicios, actividades o tareas que resulten más interactivas o procuren un ambiente más espontáneo.

Utilizar técnicas de aula invertida (flipped classroom)

El aula invertida es una de las innovaciones educativas que más se está extendiendo en la formación presencial aunque reproduce en parte la formación semipresencial (blended learning).
En el aula invertida en lugar de explicar el profesorado los contenidos en clase y dejar las tareas para casa, se actúa inversamente de manera que en casa el alumnado accede a los contenidos explicados -normalmente en un vídeo grabado o proporcionado por el profesorado- y luego realiza las tareas prácticas en clase. La razón de ello es que la realización de tareas es el momento en que mayor ayuda necesita y sin embargo, se suelen hacer aislados y solos en casa. De esta manera, el alumnado comparte sus dudas con compañeros y compañeras y las resuelven juntos con el profesorado en una clase totalmente práctica.
El profesorado generalmente tiene que aprender a dominar formas tecnológicas de explicación como presentaciones sintéticas y efectivas, vídeos y videotutoriales sencillos y claros, pero también puede hacerse sin necesidad de grandes medios, simplemente con un archivo de voz grabado desde el móvil o una infografía resumen del tema en cuestión.
El sitio http://www.theflippedclassroom.es/ es uno de los que ofrece recursos para este tipo de enseñanza.

Fuerte liderazgo del profesorado junto a la participación

El profesorado debe incentivar la participación pero a pesar de actuar como un facilitador del aprendizaje no debe evitar su papel directivo y de líder que además, el estudiante espera y por eso acude a la clase.
El profesorado debe preparar la sesión presencial aun a sabiendas de que los requerimientos del alumnado puedan hacerla derivar hacia otros caminos en algún caso. No nos referimos a que haya personas que no preparen la sesión presencial por pereza, sino a profesores o profesoras que crean que la sesión presencial es sólo para resolver dudas y que por tanto son los estudiantes los que deben plantearlas y si no las plantean es que no existen. Responder solo a preguntas sin preparar la sesión puede también ocultar problemas reales ya que no siempre el alumnado que interviene representa fielmente el grueso de las dudas del grupo clase. Hay que tener cuidado, por tanto, con excederse en resolver dudas manifestadas por el alumnado porque pueden evitar u ocultar aprendizajes necesarios que o bien el alumnado no ha previsto o eran en realidad dudas minoritarias.

Hablar sobre la propia sesión presencial

El poco tiempo disponible de la sesión presencial hace que en ocasiones comience, siga y culmine abruptamente. Sin embargo, sea como sea, es recomendable dedicarle momentos a hablar sobre la propia sesión: explicar la estructura que va a tener la sesión, resumir la sesión anterior, plantear la sesión posterior... son hitos que deben salpicar la sesión presencial.
El alumnado puede participar igualmente en estos comentarios haciendo resúmenes o propuestas. Si queremos que tengan un desarrollo metacognitivo adecuado y que gestionen bien su tiempo, también tenemos que ser un modelo en ello y mostrar y demostrar que planeamos adecuadamente y controlamos o autorregulamos el aprendizaje del grupo. Para su organización, se recomienda dividir la sesión en partes y adjudicar un objetivo concreto a cada una y explicarlo al alumnado de manera que comprenda que nuestra forma de actuar por encima de ser más o menos efectiva, es sobre todo profesional.

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