martes, 1 de marzo de 2011

La Biblioteca como futuro del mercado de la memoria

Leo la última entrada del blog de Jean Michel Salaün y me fascina la idea de que la biblioteca pueda estar siquiera en uno de los vértices del futuro de la industria documental. En unos momentos en los que oímos hablar del cierre casi masivo de bibliotecas en Gran Bretaña, un país que ha demostrado más aprecio por la lectura y la cultura que otros, leer que la imagen del futuro del comercio informacional (no quiero decir "informativo") tiene en parte la imagen de una biblioteca, resulta cuando menos paradójico.
Sin embargo, si se conocen los fundamentos que subyacen a esta afirmación, no son en absoluto extraños. Jean Michel Salaün es un profesor canadiense de Biblioteconomía poco conocido en España que además de otros trabajos, desarrolla desde hace décadas un modelo explicativo de la industria documental (o de la memoria) basado en un pentágono cuyos lados son: edición, prensa, ondas (en el original flot: radio y elevisión), red (toile: web) y biblioteca. Entre estos lados existe una transición y un conflicto que cada cultura y cada tiempo resuelven a su manera. Un modelo para el que pudieran encontrarse fácilmente contraargumentos pero que resulta de lo más efectivo para disparar ideas y disfrutar de la elegancia.
Pues bien, en el momento presente, cree que el modelo de difusión documental de los medios de comunicación en línea se dirime entre la Red y la Biblioteca. De la primera, toma la economía de la atención (un antiguo concepto muy actual), de la segunda, el acceso a una colección gratuita pagada por la propia institución.
Los intentos por hacer que el mercado de la memoria actual se adapte a formas arcaicas (por ejemplo, la Ley Sinde) me recuerdan a la manipulación que supone igualar robar y copiar, que Enrique Dans bien ha diferenciado varias veces (por ejemplo, con este clarísimo vídeo). Efectivamente, quien copia no roba, sino que en todo caso, puede mentir, si oculta la fuente de esa copia. Y en esa línea, no te venden el libro, ni la película (las empresas que parecen pretender hoy que robar sea copiar), sino la atención, ya que el objeto no es de tu propiedad y si lo es, ha dejado de tener interés, puesto que el mercado está en la atención y no en el objeto mismo.
En esta vía de análisis cobra una nueva dimensión considerar la Web como la nueva Biblioteca de Alejandría, porque ofrece una colección universal para nuestra atención pero no para nuestra apropiación. Es como si la biblioteca del futuro fuera una biblioteca de préstamo eterno. Y aquí está la tontería curiosa que se me ocurre cual es si pudiera decirse con todo el sentido: "préstamelo para siempre" (y si esa es una de las dimensiones posibles del futuro de la industria documental y de las bibliotecas como parte de ella). Pues en ello estoy...

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